Opinión

Navarra Republicana

escrito por Félix Martínez Campos miércoles, 22 de marzo de 2006
  “Republicanos y socialistas concurrieron al Ayuntamiento alegres y entusiasmados, reflejándose en sus rostros una satisfacción indefinible que exteriorizaban con vivas constantes a la Libertad y a la República, pero sin mueras para nadie, ni tan siquiera para el Rey; sin un intento de agresión a los enemigos de la víspera que tanto les habían ultrajado y hecho padecer durante los años de dictadura; en una palabra, sin nada que demostrase rencor ni deseos de venganza”

 

Serafín Húder. (La proclamación de la República en Pamplona)

 

 

Pacíficamente, sin más fuerza que la de la razón, floreció la Segunda República en Navarra, aquel 14 de abril de 1931, nacida gracias a muchísimas personas anónimas y honestas, que lucharon por su advenimiento.

 

Hoy, 75 años después, la Segunda Republica, vibra aún en el corazón y en la mente de cuantos la reconocemos como nuestro antecedente democrático directo y como expresión de un dulce sueño colectivo.

 

Por ello, las mujeres y hombres que formamos parte de Izquierda Unida de Navarra-Nafarroako Ezker Batua, hemos querido recordar aquella primavera a través de una exposición de fotografías, textos y carteles. Una muestra itinerante que, siguiendo el ejemplo de las bibliotecas populares de aquella época, recorrerá el máximo de localidades navarras posibles.

 

Esta modesta composición quiere restaurar en la medida de lo posible la memoria viva y afectiva de la Segunda República en Navarra, memoria destruida y falsificada por cuantos han construido su relato apócrifo vinculándola con los desórdenes, alborotos y tumultos que “inevitablemente” condujeron al posterior Golpe de Estado.

 

“Navarra Republicana” es el título atemporal que hemos querido dar a la exposición, ya que enlaza un hecho pasado con el sentimiento presente. No obstante, el título también desvela la posición favorable respecto a ella, en modo alguno enmascarada con el antifaz de la objetividad distante.

 

Pero “Navarra Republicana” también es una necesidad democrática. La exposición abre una nueva pedagogía respecto a la Segunda República en Navarra. Una visión positiva, alejada de la represión que le puso fin y centrada en todos los logros conseguidos en la enseñanza, las libertades civiles, la emancipación de la mujer, la separación Iglesia-Estado, el reparto de la tierra o en sus conquistas artísticas y culturales. Asimismo, la exposición “Navarra Republicana” recuerda los ideales humanistas que la animaban: la honestidad, la solidaridad y, en general, el compromiso con la suerte de los trabajadores y el bien común.

 

De legalidad, de progreso y de modernidad trata esta exposición, y trata de ello mediante las imágenes que generó espontáneamente y que quedaron impresas en los archivos particulares y municipales que han servido, rescatadas del polvo del olvido, para componer este álbum de homenaje a aquél sueño que Navarra quiso construir y disfrutar.

 

Asimismo, la exposición cree necesario acotar hechos y momentos. “Navarra Republicana” no confunde 14 de abril con fusilamientos, ni solapa el año 1931 con 1936. Etimológicamente, “recordar” significa “volver a pasar por el corazón”, por eso, defender el recuerdo de las víctimas republicanas es algo necesario, pero cuidado, puede ser muy dañino si nos centramos en ello en vez de entenderlo como punto de apoyo a lo esencial.

 

También consideramos que para construir República y hacerla cercana a las presentes generaciones sólo es posible desde un trabajo paciente, amable y sin complejos. Así, la exposición “Navarra Republicana” no muestra desprecio ni rencor hacia personas de cualquier familia real, o ficticia.

 

Entendemos que la Republica fue, y es, algo más que la representación de la Jefatura del Estado. Mas allá de prescindir de la Monarquía, las reformas que auspició la Segunda República fueron tan visibles que, tal vez así, viéndolas de nuevo, podamos comprobar las intenciones, el esfuerzo y el alcance de aquél régimen que quiso instaurar la civilidad como norma suprema de convivencia.

 

La exposición “Navarra Republicana” invita a un viaje que, independientemente de la opinión que al regreso merezcan los paisajes recorridos, deja un recuerdo imborrable, por mucho que el sepia del tiempo se haya posado en algunas de las fotografías. Los visitantes se habrán asomado a un país, el suyo, que intentó ser más feliz, más libre y más moderno acabando con la ignorancia, el caciquismo y la explotación de los trabajadores, un país en paz durante lo poco que le dejaron.

 

A aquella Navarra de la República, a aquellos navarros y navarras que cifraron sus esperanzas en ella, debemos un capítulo de nuestra historia apasionante y luminosa, tanto que aún hoy, tres cuartos de siglo después de aquel 14 de abril, su memoria renace eterna para recordarnos que no puede ser cierto nada que no pueda ser soñado.

 

Tal vez, para terminar las cosas empezadas o emprender nuevas nunca soñadas, la inspiración venga de unas vibrantes palabras de Florencio Alfaro, concejal republicano de Pamplona durante la Segunda Republica:  “No habrá paz, amor ni convivencia posible entre los hombres de todas las latitudes del mundo, mientras el yo y el mío no sean supeditados y reglados al concepto de nosotros y lo nuestro”.

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