Opinión |
Navarra en el ojo del huracán
jueves, 27 de abril de 2006
Con Franco, vivíamos mejor. Ésta fue una manida frase usada durante la transición que ponía en evidencia el tormentoso debate político que se vivió por aquel entonces. Hoy parece que, para algunos, el anuncio de ETA comunicando un Alto el Fuego Permanente les hace añorar los tiempos del plomo. No hace falta ser un profeta para predecir que cuando desapareciera ETA, el debate político sobre la ordenación territorial del País Vasco en España se agudizaría. Sobre todo, porque la existencia del terrorismo veta el debate democrático y lo prioritario era la libertad. Hoy, en el inicio del fin, el debate político crudo y puro está servido. Un debate que se debe afrontar sin miedo y sin veto, no como una amenaza sino como una oportunidad. Con la esperanza e ilusión de un tiempo nuevo.
En este sentido, no sorprende que el debate sobre la territorialidad de Navarra salga, a la luz con fuerza. No es un debate nuevo, desde que el Reino de Navarra fue militarmente anexionado al Reino de Castilla, en el siglo dieciséis, siempre se han formulado cuestiones sobre la soberanía de Navarra: recorte de sus fueros, guerras carlistas, iniciativa municipal de estatuto vasconavarro en la Segunda República, solución transitoria en la actual constitución... Por lo tanto, no estamos descubriendo la pólvora, el debate forma parte de nuestra mestiza peculiaridad idenditaria.
En estos momentos, Navarra está en ojo del huracán. Los navarros y navarras nos vemos sorprendentemente aireados en el mapa mediático español. Sorpresa que aumenta cuando siempre hemos sido más bien poco escuchados dado nuestro peso demográfico. Pero también el debate político sobre la territorialidad de Navarra, se está recrudeciendo en nuestro territorio. Los extremos políticos, los polos, se fortalecen entre sí. Una vez más, el nacionalismo navarro y el nacionalismo vasco se retro-alimentan. Por un lado, a los nacionalistas navarros, se le hincha la patria. De este modo, el eventual Presidente del Gobierno de Navarra afirma que el Gobierno de España ha negociado con ETA un Órgano Común Permanente con la Comunidad Autónoma Vasca. No dice que dicho órgano ya fue aprobado por el Parlamento de Navarra en el año 1996, con el rechazo de Batasuna y el apoyo del CDN actual socio de su gobierno. Asimismo, expresa que Navarra no se vende, pero a continuación se muestra partidario de suprimir una disposición constitucional que otorga al pueblo navarro capacidad para decidir directamente. Finalmente, el señor Sanz expresa que se ha de interrumpir el proceso de paz dado los conatos de violencia, cuando este proceso todavía no se ha iniciado. En las antípodas, el nacionalismo vasco que representa Batasuna tampoco quiere quedarse atrás en su verborrea. Otegi afirma, que Pamplona es, para los nacionalistas vascos, la Jerusalem soñada, literal. Ha alzado el velo de su opción y ha declarado que su objetivo político es unir Navarra en el proyecto político de Euskadi y ha condicionado a este objetivo, entre otros, el escenario de paz. En fin, los patriotas de uno y otro signo engrasan sus discursos electorales ante la proximidad de los comicios del año que viene.
Mientras, el Parlamento de Navarra con el beneplácito de los nacionalistas vascos y navarros ha paralizado el proceso de reforma estatutaria. Sorprende que algo tan añorado como Navarra desde el punto de vista patriótico cuando se acometen propuestas para fortalecer nuestras capacidades se paraliza. A este paso, será de las pocas Comunidades donde en esta legislatura no se ha avanzado en poder autónomo. Es el miedo, a profundizar en el autogobierno. Para unos, porque profundizar en el autogobierno de Navarra es fortalecer la separación con la Comunidad Autónoma Vasco y para otros, porque profundizar en el autogobierno de Navarra significa hablar de la decisión de los navarros y navarras.
Sin embargo, a pesar de los pesares, la mayoría de los navarros y navarras estamos más preocupados por el futuro de la Volkswagen que por el futuro de nuestro pueblo. La razón de ello es muy sencilla. En el caso de la factoría navarra de la multinacional, la decisión no se encuentra aquí, se encuentra en Alemania y en sus estrategias que no se ven condicionadas por Navarra. Y eso, que le dieron la Medalla de Navarra. En el caso del futuro de nuestra Comunidad la decisión se encuentra en nosotros mismos. Ésta es la clave que nos da a mucho seguridad. No tenemos miedo en la democracia, seremos lo que nosotros decidamos. Al margen de los imaginarios colectivos de los nacionalistas vascos ni navarros. Muchos no queremos entrar al trapo sobre nuestra identidad colectiva, sobre quien es más navarro o navarra. No hay que perseguir quien es más navarro sino hay que perseguir que todos y todas tengamos las mismas oportunidades.
Los que consideramos que Navarra es un ámbito de decisión propio, portador de derechos colectivos ciudadanos, aspiramos a explotar las potencialidades de nuestro ámbito. Nadie debería tener miedo a la voluntad popular de los navarros, a la democracia efectiva. Navarra, si existe, no lo es por sus leyendas, sus mitos historicistas o por sus fueros; lo es por su verificación democrática, desde el concepto de plebiscito cotidiano. Pero sobre ello, hay que afirmar que trabajar por Navarra no es otra cosa que trabajar por aquellos y aquellas que viven en ella. Nada, ni Navarra misma, está por encima de la voluntad de los navarros.
Asimismo, hay que esforzarse en construir Navarra como vehículo cohesionador, integrador y catalizador de nuestra sociedad. Debemos esforzarnos en Hacer País. Un País donde se respeten las minorías desde el acuerdo mayoritario. Debemos procurar que en nuestra propia Navarra la convivencia en la misma comunidad de personas que tienen concepciones distintas sobre la nación a la que pertenecen y que mantienen distintos sentimientos de identidad. Para ello, el pensamiento federalista. Como misión de organizar la convivencia entre diversas comunidades sobre la base del respeto de los derechos de los ciudadanos. No considero como objetivo defender una determinada identidad de grupo, sino permitir el libre desarrollo de todas las identidades individuales o colectivas. No tiene interés reclamar la soberanía para un determinado ámbito territorial o humano, sino el reclamar la soberanía para toda la ciudadanía, soberanía ejercida de forma compartida mediante elección democrática.
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