Opinión |
De bien nacido es ser agradecido
El conflicto de la factoría de Volkswagen en Navarra está sacando a la luz algo más que la negociación de un convenio. Estamos asistiendo a un chantaje hacia los trabajadores por parte de la multinacional según el cual, o se hace lo que ellos dicen o la factoría se cerrará a medio plazo.
Esto no es nuevo para nadie que trabaje en una fábrica que esté integrada en alguna multinacional, pues se ha convertido en el latiguillo permanente por parte de la dirección empresarial para responder a cualquier reivindicación de los trabajadores.
Escuchando al Secretario General de UGT Navarra, Sr. Cabrero, lo que deberían hacer los trabajadores en esta situación es aceptar lo que ofrece la empresa y posteriormente pedir al gobierno de Navarra, al del Estado y al sindicato Alemán IG Metal que intercedan ante la dirección de la multinacional para que perdone los “excesos de la plantilla” y de suficiente carga de trabajo a la factoría para que siga abierta.
En Extremadura esta actitud la resumen los jornaleros en una frase: “gracias al señorito por darme tierra para las macetas”.
En mi opinión el planteamiento es justamente el contrario. Los trabajadores de Volkswagen tienen todo el derecho a exigir a sus Gobiernos, tanto de Navarra como Estatal, que llamen a la dirección de la multinacional a capítulo y la pongan firmes.
Es absolutamente inaceptable que una empresa productiva y rentable, opte por reducir su capacidad productiva, amenazando incluso con llegar al cierre, solo como venganza porque los trabajadores exigen que la flexibilidad se negocie en unos términos razonables.
Desde que Volkswagen en propietaria de la factoría de Pamplona, cada coche que ha salido de la planta, producido por los trabajadores, ha aportado un beneficio a la multinacional. Cada vez que la multinacional ha pedido apoyo económico para sus inversiones en Pamplona lo ha recibido del Gobierno Foral, de los impuestos que pagamos todos los navarros. ¡Incluso ha recibido la medalla de Navarra!
Creo que estos son motivos más que suficientes para que la multinacional tuviera que estar profundamente agradecida a sus trabajadores por los coches producidos y a todos los navarros por las ayudas recibidas a través del gobierno de Navarra.
Ya va siendo hora de que se empiece a imponer la racionalidad frente a la irracionalidad de la globalización en términos neoliberales.
Que las empresas cierren porque dejan de ser rentables y arrastren pérdidas entra dentro de lo razonable. Pero que lo hagan porque ganando mucho dinero aquí, pueden ganar más en otro sitio, debería estar prohibido.
La tan temida palabreja “deslocalización” tiene sentido en la medida que se permita que una empresa produzca en zonas de bajos salarios para vender sus productos en zonas donde el mercado pueda pagar altos precios.
Pero si la empresa que se deslocaliza se encuentra con que el precio que va a pagar por irse a otros lugares con salarios más bajos es la perdida de los mercados del lugar que abandona el negocio deja de ser rentable.
Si para Volkswagen es legítimo amenazar con irse, no entiendo por qué para el Gobierno de Navarra y Estatal no va a ser igual de legítimo ofrecer todo el capital industrial y humano del sector de la automoción en Navarra a otra multinacional, a demás de un apoyo institucional para que esta absorba todo el mercado de Volkswagen en España.
Lo que se puede esperar del Gobierno de Navarra es poco, puesto que han demostrado que están totalmente del lado de la multinacional, transformándose curiosamente en este conflicto de “navarristas” en “germanófilos”.
Pero el Gobierno de Zapatero debería tomar cartas en el asunto. Si tuvo el valor de retirar las tropas de Irak enfrentándose a los intereses de Estados Unidos, también debería tener ahora el valor de enfrentarse a la dirección de Volkswagen.
No creo que esté planteando nada exagerado. Ni siquiera revolucionario. Solo que se defienda al trabajo frente al capital, en lugar de despreciarlo.
Si un capitalista cargado de decenas de miles de millones de euros quedara aislado en una isla desierta, todo el valor de sus euros se reduciría a papel para encender fuego, mientras que el trabajo sería el único factor que le podría permitir sobrevivir.
El capital no podría existir sin el trabajo. ¡Defendamos el trabajo! Defendamos los derechos de los que trabajan. Toda mi solidaridad a los trabajadores de Volkswagen.
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