Opinión

Para despejar dudas

escrito por Miguel Izu viernes, 17 de febrero de 2006
(sobre la convocatoria de plaza de Secretario del Ayuntamiento de Pamplona)
 

Durante el régimen franquista le enseñaron a mi padre una copia de su ficha policial y él contaba muy orgulloso que le describía como "sujeto desafecto y muy peligroso". Parece que un hijo suyo ha conseguido ser igualmente amenazador para el régimen actual. Lo digo por la información que daba este periódico el otro día. Dicen que dijo la alcaldesa Yolanda Barcina que han tenido que cambiar el condicionado de la plaza para secretario del Ayuntamiento de Pamplona para que no pueda sacarla yo.

 

Me han hecho llegar la convocatoria y debo felicitar a sus redactores porque realmente se han esmerado con el baremo para llevar a cabo una operación de ingeniería administrativa, eso sí, todo dentro de la ley. Los servicios a la Administración que se acostumbra a puntuar por años aquí se premian generosamente con la inusual cantidad de 0,35 puntos por mes. Quiere decir eso que con ocho años de servicios ya se llega al máximo; valdrán lo mismo mis veinte años de antigüedad que los diez o doce de otros posibles aspirantes. En el apartado de formación se han preocupado de especificar que los títulos académicos no puntúan, así que el hecho de tener una segunda licenciatura universitaria no me da ninguna ventaja respecto de quienes tengan sólo la de Derecho. Por si acaso, al doctorado (tengo uno) dan sólo un par de puntos, lo mismo que se puede obtener por publicaciones o ponencias y por impartir cursos y la mitad de lo que se puede conseguir con otros méritos que valorará discrecionalmente el Tribunal. En fin, que si me presentara llegaría prácticamente empatado a puntos con cualesquiera otros candidatos a la única parte del concurso que sería definitoria: la prueba práctica que debe valorar un Tribunal calificador en el cual la mayoría de los vocales están vinculados de un modo u otro a un determinado partido político que, no hace falta que lo diga, no es el mío. Cualquiera sabe (al menos lo sé yo, que he formado parte de muchos tribunales calificadores) que todas las garantías de un proceso selectivo son ineficaces si la mayoría del Tribunal se confabula para obtener un determinado resultado.

 

Puede que las palabras que se atribuyen a la alcaldesa Barcina no fueran bien interpretadas, o puede que sean una mera invención. Ya se sabe que la canalla nunca descansa. La alcaldesa ha sido objeto de otros bulos; se dice que hizo obras en su ático sin licencia municipal, que los tribunales le han anulado la adjudicación del aparcamiento de la Plaza del Castillo, o que le gusta salir en las fotos más que a un tonto un lápiz. Pero una vez que el mensaje ha echado a rodar, vete a saber hasta dónde alcanzan sus efectos. Puede que al oírlo funcionarios bien dispuestos a complacer a sus superiores interpreten que en la redacción de convocatorias de selección uno de los objetivos principales sea evitar que sujetos desafectos y peligrosos como yo tengan opción de conseguir plaza. Nunca se sabe. Ahí está el caso de los cuatros caballeros que oyeron a Enrique II de Inglaterra quejarse de las molestias que le causaba el arzobispo de Canterbury, Tomás Beckett, y en un exceso de celo corrieron a asesinarlo.

 

Para evitar la alarma que, en su caso, puede que haya causado la mera posibilidad de que yo decidiera optar a una plaza como la de secretario del Ayuntamiento de Pamplona y para despejar dudas quiero aclarar que no he tenido ni tengo la menor intención de concurrir a ese concurso. Es más, soy titular de un puesto de trabajo como funcionario que espero volver a ocupar cuando deje mis actuales responsabilidades políticas y que satisface sobradamente mis aspiraciones profesionales. Es improbable que me presente a ningún concurso u oposición para optar a otra plaza, así que no es necesario que derrochen energías en diseñar baremos a mi medida para cerrarme un camino que no pensaba transitar.

 

En todo caso, la difusión del indiscreto comentario oído o atribuido a la alcaldesa Barcina ha puesto esta convocatoria bajo sospecha. Lo cual es una lástima. Puede haber funcionarios tentados de presentarse que se vean disuadidos de hacerlo pensando que pueda estar ya concedida o ante el temor de que, si obtienen la plaza, se pueda interpretar que lo han hecho con méritos dudosos. Puede haber un funcionario que la obtenga con todo mérito pero que cargue a perpetuidad con el sambenito de que la consiguió con tecnología digital. También los afiliados del partido de la alcaldesa, o los hermanos, hijos y demás familiares de los afiliados de ese partido tienen derecho a optar a esa plaza y debieran tener derecho a que si la obtienen en buena lid no recaiga sobre ellos una duda eterna y un sinfín de habladurías. Y los ciudadanos en general ostentan el derecho a no tener que andar siempre con estas suspicacias.

 

Ya sé que, dado que lo han pedido todos los grupos municipales de la oposición, el equipo de gobierno lo tiene difícil para dar marcha atrás y modificar la convocatoria o su Tribunal calificador. En nuestra cultura política quien gobierna no puede reconocer nunca un error, dar la razón al contrario ni rectificar una actuación. Pero me atrevo a sugerir a los miembros del Tribunal que hagan un favor al Consistorio, a los futuros candidatos y a la ciudadanía en general. Que comuniquen voluntariamente al Ayuntamiento su imposibilidad de formar parte del Tribunal. Que aleguen exceso de ocupaciones, un viaje, una enfermedad, o lo que se les ocurra. Que pidan a un hermano, cuñado, sobrino o amigo íntimo que eche la instancia para participar en el concurso y les permita así alegar causa legal de abstención. Darán oportunidad a que se nombre un nuevo Tribunal calificador, a lo mejor consensuado por todos los grupos municipales, de modo que aún obteniendo la plaza un miembro de la ejecutiva de UPN o el mismísimo presidente de CDN quede el nombramiento libre de toda sospecha. No es que dude de la honorabilidad de los actuales miembros del Tribunal. Lo digo sólo para despejar dudas.

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