Opinión |
El cambio de izquierdas
La legislatura que finaliza ha sido la legislatura del humo. Tanto a nivel estatal como foral, los políticos han centrado su discurso en cuestiones de gran calado ideológico (proceso de paz, estatutos) que si bien a todos los ciudadanos interesa por constituir parte del marco de convivencia democrática son cuestiones lejanas al devenir vital de la mayoría. Asuntos que -dejando el terrorismo de un lado ya que requeriría un análisis más profundo- como el de la unidad de España no debiera tener sentido en una Europa con una inercia histórica orientada a la desaparición de fronteras no tanto físicas como mentales.
En Navarra la legislatura ha supuesto un período de oscurantismo: una concepción ultraliberal y ultraconservadora del régimen democrático; nula perspectiva política salvo para defender, haciendo un uso generoso (todavía sin conocer hasta donde ha llegado la generosidad) si la ocasión lo requiere de las arcas públicas, de las más rancias esencias forales; nula capacidad para interpretar los signos de alarma que anuncian un futuro muy poco halagüeño para la estructura industrial tan dependiente de un sólo sector como lo es el automovilístico; nula capacidad para revitalizar una sanidad pública en franco deterioro por la falta de recursos; nula capacidad para gestionar una política educativa dirigida a educar a los escolares en los valores de la igualdad o de la integración; y una excesiva capacidad para derrochar el dinero público en una concepción de la cultura localista que intenta paliar su aldeanismo a base de grandes fastos, exposiciones y celebraciones.
Los ciudadanos necesitan un gobierno que vele por sus intereses. Un gobierno que sea capaz de entender una realidad compleja, heterogénea, rica y llena de realidades que afectan directamente a la vida de las personas como lo son la precariedad laboral, el precio de las hipotecas, el machismo que sigue matando, la falta de recursos educativos, con las importantes consecuencias que este punto tiene para la conciliación de la vida laboral y personal, y sanitarios, el escaso atractivo de las iniciativas culturales…
Los partidos de izquierda tienen la oportunidad y la obligación de aprovechar la coyuntura histórica que se presenta ante una derecha cansada, hastiada y falta de soluciones, que basa su discurso en su tan rentable miedo a “¡que vienen los vascos!”.
Ante un PSN que sorprende y acojona de igual manera tanto por su indefinición (tan estratégicamente estudiada), como por la tibieza de un discurso basado en una ambigüedad que ya no engaña a nadie, es la hora de una nueva izquierda plural y navarra, que no navarrista, que sea capaz de articular el verdadero cambio estructural de izquierdas que exige la Navarra del siglo XXI. Es por ello por lo que es necesario apostar por un verdadero cambio de izquierdas, que sea capaz de transformar una sociedad anquilosada en viejas recetas que ya no funcionan. Es necesario apostar por una izquierda plural, heterogénea y feminista que en estos momentos representa Izquiera Unida de Navarra- Nafarroako Ezker Batua.
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