Opinión |
Mujer tenías que ser
Cuando eres candidata a un cargo público ocurre muy a menudo que tengas que hablar en algún foro sobre Mujer y participación política . La razón es que, al parecer, todavía continúa siendo revolucionario o, por lo menos, novedoso, que las mujeres nos enredemos en política. Y esto es así, a pesar de que se haya aprobado abrumadoramente la Ley de Igualdad, a pesar de que tres de las cinco principales candidaturas que se presentarán el 27 de mayo al Ayuntamiento de Pamplona estén encabezadas por mujeres o que muchas mujeres aspiren a ocupar las alcaldías de muchos ayuntamientos navarros.
Porque estos son avances anecdóticos. Tan anecdóticos como cuando la primera mujer entró en la mina o fue elegida académica de número en la Real Academia de la Lengua. Porque que esto ocurra no impide que todavía sean muy pocas las mujeres en las candidaturas, en las organizaciones políticas, en la configuración de las estructuras sociales, culturales, políticas y económicas de nuestra sociedad. Porque es una frase manida, pero la igualdad formal y legal todavía no equivalen a la igualdad real.
La realidad es que para que una persona quiera dedicar su tiempo a la política, lo primero que tiene que tener es eso: tiempo. Y las mujeres solemos tener poco tiempo, muchos compromisos, un trabajo, unos hijos y muchas más cosas alrededor que nos consumen el reloj. Además, esa persona debe sentirse atraída por la política; y no vamos a engañarnos, la política está tan masculinizada y desde hace tanto tiempo, que no suele resultarnos demasiado atractiva, al menos a primera vista. Y, por último, hay algunos que dicen que debes amar el poder. Y no hay duda de que son muy pocos los casos (aunque estén en la mente de todas y todos), los de las mujeres que aman el poder por el poder. A la mayoría, lo que nos atrae es poder cambiar las cosas, mejorarlas, feminizar la política y las instituciones.
Saltados los tres escollos, cada vez somos más las que creemos que merece la pena democratizar los espacios privados y humanizar los públicos. Corresponsabilizar a los hombres de las tareas que tradicionalmente no han hecho e implicar a las Administraciones en la tarea. Merece la pena profundizar en la idea de generar, impulsar y liderar un profundo cambio de mentalidad, una auténtica transformación de valores que logre erradicar el sustrato cultural machista de nuestra sociedad, con medidas que revaloricen el protagonismo de las mujeres.
El problema suele ser cómo encajar todas esas esperanzas en nuestra realidad cotidiana. Cómo encajar el hecho de que precisamente tú seas una de esas mujeres con inquietudes políticas. Y supongo que no hay fórmulas más allá de una excelente salud, autoorganización individual y el necesario apoyo de tus compañeros y, sobre todo, de tus compañeras, de esas mujeres que se encuentran en tu misma situación. Eso, y todos los pasos en este camino que otras mujeres han ido dando durante la historia. Sin ellas hoy este debate no hubiera sido posible.
Además, no vamos a engañarnos. También aquí la cantidad no lo es todo sino que es necesaria una cierta calidad. Y eso es algo ideológico. Desde luego que cuantas más mujeres seamos, mejor. Pero de la misma manera que, desde Izquierda Unida decimos que hay que garantizar el cambio, pero no cualquier cambio, sino un cambio de izquierdas en Navarra, también hay que garantizar la participación activa de las mujeres, pero no de cualquier manera. No son de mucha ayuda en este cambio aquellas mujeres que se adaptan a las estructuras de poder establecidas, a los estereotipos y formas de hacer las cosas tradicionales. No son de mucha ayuda las mujeres que se aferran al poder y así masculinizan su forma de entender la política, en vez de feminizarla. Son necesarias mujeres que apuesten por un cambio de conciencia, de concepto de la democracia, de concepto del poder. La democracia tal y como hoy la entendemos, muchas veces no responde a las necesidades y demandas que tenemos las mujeres. Porque no tenemos que responder a la política sino que tenemos que transformar la política para que nos dé las respuestas que nosotras necesitamos. Y la mejor manera de que lo haga es participar, que formemos parte de la política.
Y otra vez parece que será nuestra la obligación de mejorar la política que se hace. Por nosotras; pero también por todos. Y para conseguirlo debemos exigir participar en condiciones de igualdad; facilitar la participación de las mujeres de forma efectiva. Siendo conscientes de las desigualdades de partida; porque nosotras no tenemos que elegir, los hombres tienen que compartir los espacios públicos y los privados también.
Merece la pena intentarlo. Debemos potenciar las alianzas entre mujeres; principalmente dentro de nuestras formaciones políticas, pero también en las instituciones. Porque queremos redefinir nuestro espacio, fijar nuestras prioridades, demostrar que se puede hacer política de una forma diferente.
Y, finalmente, pero lo más importante: debemos aliarnos con los hombres. Nosotras no queremos un mundo nuevo sólo para nosotras. Queremos un mundo mejor del que podamos disfrutar todos: los hombres y las mujeres. No tenemos un resentimiento atávico ni nada por el estilo. Queremos compañeros, queremos hijos, queremos padres y amigos felices, igualitarios, compatibles y comprometidos con el cambio. Pero todo este recorrido sólo se podrá impulsar desde un cambio político de izquierdas, desde un cambio de mentalidad y de estructura progresista que nos beneficie a todas y a todos, y nos permita ser más felices y tener más esperanza en el futuro.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|