Opinión |
Frente a la agresividad del PP, decisión y valentía
Es innegable que la derecha está muy motivada. Manifestación tras manifestación decenas de miles de ciudadanos se lanzan a las calles para gritar contra el Gobierno. Y sería una equivocación no intentar comprender porqué ocurre esto.
En mi opinión los dirigentes del PP se mueven por tres motivaciones: la frustración por perder el gobierno sin esperárselo, el miedo a que si sale adelante un proceso de paz, que lleve a la desaparición de ETA, no volverán al gobierno en mucho tiempo, y el virus de un “nacionalismo imperial aznariano” que ha infectado a un parte decisiva de la base social del PP.
La primera de ellas es comprensible, pues no existe nada más frustrante que una derrota cuando esperas una victoria. Más aun cuando Aznar y la dirección del PP despreciaban a Zapatero, lo cual hace la derrota más humillante. El orgullo juega malas pasadas.
El problema de este tipo de traumas es que deja a quien los sufre en un estado de tal desorientación que le es muy difícil enfrentarse a un análisis riguroso de la realidad. La tendencia natural es buscar las razones del fracaso fuera de uno mismo. A partir, el sentimiento de victima de una conspiración para derrotar electoralmente la PP, con los atentados del 11-M como telón de fondo, tiene un gran potencial movilizador.
La segunda motivación es más grave por sus consecuencias políticas. La llegada del nuevo gobierno a la Moncloa favoreció la posibilidad de iniciar un proceso de paz que terminara definitivamente con ETA. Un proceso de estas características es una operación muy delicada pues se van a tratar cuestiones que removerán sentimientos profundos de sufrimiento tras más de cuatro décadas de terrorismo.
¿A caso alguien piensa que a los familiares y amigos de los asesinados a lo largo del conflicto de Irlanda del Norte les ha hecho gracia ver que hoy las cárceles irlandesas están vacías de terroristas?
No he escuchado aun a nadie en el PP condenar el proceso de paz irlandés, más aun cuando hoy el IRA se ha disuelto (por cierto, las cárceles se vaciaron sin previa disolución del IRA y los paramilitares protestantes).
Sin embargo el PP aquí está utilizando el sufrimiento de las victimas del terrorismo para intentar reventar cualquier posible proceso de paz.
Lograr la disolución de ETA sin que quede activa ninguna fracción que pueda tener legitimidad suficiente como para poder continuar con la actividad armada no es fácil. Las resistencias a lo largo del proceso van a ser muchas. Los intentos de reventarlo desde dentro mediante acciones provocadoras será un peligro constante. Un tira y afloja entre el gobierno y ETA es inevitable.
Por lo tanto en un proceso así, las excusas para quien quiera crucificar políticamente al gobierno son inagotables, y este es el crimen político que está cometiendo el PP.
Utilizo el término crimen político porque el PP está jugando con la vida de personas con fines electorales. Ir a por la rendición total e incondicional de ETA es una opción política pero el PP debe explicar cuanto tiempo cree que constará y cuantas vidas más se tendrán que perder.
ETA esta débil. Gran parte de su entorno cuestiona la lucha armada. La eficacia policial en la lucha antiterrorista es evidente tanto en España como en Francia. Pero ETA no está derrotada. Su capacidad de reclutamiento es más que suficiente como para continuar con su actividad violenta.
No nos engañemos, el endurecimiento de la política antiterrorista del Gobierno PP, después de intentar una solución negociada, desconcertó a ETA y la izquierda abertzale, pero no acabo con ninguna de las dos.
Vender la piel del oso antes de cazarlo queda muy bien en las tertulias políticas, y como argumento electoral, pero es muy peligroso a la hora de ir a cazarlo.
Y la tercera motivación es lo que denomino el “nacionalismo imperial aznariano”, que no es otra cosa que el nacionalismo español franquista edulcorado.
La convivencia de banderas españolas franquistas y constitucionales en las mismas manifestaciones sin conflicto entre ellas es la expresión gráfica de lo que digo.
El nacionalismo español que defiende el PP encuentra siempre su justificación en la confrontación con un enemigo interior. Unas veces es el nacionalismo vasco, otras el nacionalismo catalán, otras el gobierno que se vende a ETA, pero en todos los casos se trata de defender a España contra alguien.
Pero no se trata solo de buscar enemigos interiores, la posición en la guerra de Irak es la otra expresión de este nuevo nacionalismo imperial español de consecuencias dramáticas tanto para los españoles como para el pueblo iraqui.
Sembrar este nacionalismo en la mente de decenas de miles de ciudadanos es un peligro que va mucho más allá de las elecciones. El sectarismo nacionalista es una enfermedad que se contagia con mucha facilidad, pero el tratamiento para curarla es largo y doloroso.
Desgraciadamente por estas razones es poco probable que el PP cambie de estrategia antes de las elecciones generales. Por el contrario la intensificará para lograr el adelanto de las mismas, sobre todo si tiene buenos resultados en las municipales.
Frente a ello, el Gobierno debería corregir los errores cometidos hasta la fecha y que han dado “alas” a la estrategia del PP, sobre todo en lo que respecta a la lucha antiterrorista.
En la presente situación política al gobierno solo le queda ir de frente y abiertamente. Si piensa que es posible una salida negociada con ETA debe hacerlo público y asumir los riesgos implícitos. Si ETA opta por rechazar esta oportunidad es obvio que el Gobierno lo pagará en las urnas y el PP tendrá su oportunidad de intentar terminar con ETA a la “brava”. Pero sí existe la posibilidad de que salga bien hay que intentarlo con decisión y valentía.
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