Opinión |
500 puestos de trabajo perdidos en una semana: ¿no es posible otra política industrial en Navarra?
El cierre de Mepamsa en Noáin y de Caucho Metal en Viana, así como la reducción de BSH Estella, marcan una semana crítica para el sector industrial navarro, con casi 500 puestos de trabajo perdidos.
Ante esta situación alarmante, el Consejero de Industria se limita a señalar que “no se puede hablar de crisis industrial, porque son temas puntuales”. Le recuerdo al Sr. Armendáriz que ante los recientes cierres de Sanyo Tudela, Ufesa Etxarri-Aranatz, Delphi, Nacetec, Schneider Burlada, y ante la pérdida de empleo en Volkswagen Navarra, la respuesta del Gobierno de Navarra siempre fue la misma, que se trataba de “asuntos puntuales”. Estos asuntos puntuales, sumados en los últimos años, se han convertido en un problema estructural ante la pasividad de la Administración foral por lo que está pasando en el sector industrial navarro, motor histórico de nuestra economía, y en la actualidad, en decadencia.
Ante la acusación malideada de UPN de hablar sin datos a quienes cuestionamos la política oficial, le voy a referir brevemente, por no aburrir al lector, los datos oficiales de la Encuesta de Población Activa de Navarra que señalan cómo en los dos últimos años se han perdido 4.800 puestos de trabajo en el sector industrial (hemos pasado de 77.200 trabajadores a 72.400). Y lo que es más grave, el sector industrial ha pasado de emplear a un 30´32% del conjunto de trabajadores navarros al 25´02%. Más de 5 puntos de bajada en 2 años.
Esta situación genera un verdadero problema económico y político. La economía navarra está pasando de estar sustentada por un sector industrial fuerte, que genera estabilidad y seguridad en el empleo, a estarlo desproporcionadamente por un sector de servicios, cada vez más precarizado y con menor capacitación profesional. Que Navarra tenga una tasa de temporalidad superior al 30%, duplicando la media europea y alejándose de las previsiones acordadas por el Plan de Empleo de Navarra, supone un problema político de primera magnitud al que no se hace frente desde el actual Gobierno de Navarra. Crecen exponencialmente en Navarra los trabajos eventuales vinculados con el servicio doméstico y la hostelería. Una economía sustentada así tiene evidentes riesgos de crisis ante cualquier inestabilidad económica. Y genera una dependencia absoluta de la economía navarra de las grandes empresas instaladas en nuestra Comunidad, ante la que no hay respuesta política por parte del Gobierno.
Está muy bien que nuestro Presidente vaya a promocionar los productos gastronómicos navarros a Nueva York, porque el nacionalismo (incluido el navarro) se cura viajando, pero le pediría que antes de emprender tan largo viaje, Miguel Sanz, como Presidente que todavía es de todos los navarros, también de los asalariados, visite a los trabajadores de Mepamsa, BSH Estella y Caucho Metal de Viana, y comparta con ellos sus preocupaciones y las soluciones que Navarra necesita. Necesitamos un Gobierno y un Presidente que se preocupen de los problemas de la gente, de acercar la política a la realidad de la inmensa mayoría de los navarros que tienen dificultades a las que hay que buscar respuestas, por difíciles que éstas sean. Navarra no va tan bien como nos cuentan, tiene dificultades que por mucho que se pretendan tapar con la propaganda oficial están ahí y tenemos que hacerles frente.
Y desde esta perspectiva, IUN considera que la parálisis y la falta de ideas que practica este Gobierno en materia de política industrial, otorgando todo el poder al mercado para su regulación, nos conduce a una situación peligrosa para los intereses generales de Navarra. Todavía hoy, dos años después, está por explicar de una forma convincente porqué Navarra se desprendió de su participación en EHN, como sector industrial puntero y de futuro, liderando desde el sector público la producción de energías renovables.
Navarra no puede mantenerse paralizada, viendo como la globalización económica dirige nuestras políticas. Es necesaria otra política industrial que aborde las necesidades de las empresas navarras para que puedan competir en el mercado global, generando empleo de calidad y desarrollo para la Comunidad. Y cuando planteo otra política, me refiero también a los cambios que deberemos emprender en materias como la educación, la formación, la investigación, la innovación, el desarrollo, el medio ambiente y la tecnología. Toda una nueva política integral con visión de futuro e innovadora que haga desarrollar en Navarra todo su potencial industrial desde el desarrollo sostenible, asimilándonos a las regiones con mayor índice de desarrollo humano de Europa. Esto significa elevar los niveles de estabilidad en el empleo, de seguridad en el trabajo, y de protección social y ambiental.
En primer lugar, deberemos promover una Mesa Industrial que reúna a todos los agentes sociales, de la Administración autonómica, pero también local y central, para impulsar, desde un diagnóstico acertado, esta nueva política industrial. Con seriedad, rigor y voluntad política, de forma participada, y asignando los recursos necesarios. Cambiar la mentalidad empresarial, educativa, emprendedora y laboral cuesta mucho, pero en algún momento lo tenemos que iniciar.
Por otro lado, es evidente la necesidad de impulsar un Plan Extraordinario de Financiación para el desarrollo industrial de Navarra. La primera medida que otro Gobierno debe adoptar es el rescate inmediato de los 180 millones de euros que de forma sorprendente tiene invertida la Administración foral en Iberdrola como operación especulativa, para poder invertirlos en una nueva política industrial. La Hacienda foral no está para intervenir en la guerra de las grandes empresas energéticas españolas, está para gestionar con responsabilidad y austeridad las políticas que resuelvan los problemas de los navarros. Es evidente la necesidad de hacer otra política industrial, invertir en sectores estratégicos, impulsar una cultura emprendedora muy abandonada en Navarra, desarrollar un sector público industrial rentable económica y socialmente, condicionar la ayuda al desarrollo de iniciativas empresariales con la estabilidad de su producción y de los puestos de trabajo, promover la política educativa y de formación para invertir en cerebros más que en obras megalómanas, aunque éstos no se puedan inaugurar. Y para ello es necesario asumir su prioridad política y el gasto bien dirigido. Este es un reto político que tenemos que afrontar en Navarra.
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