Opinión |
No hay justicia
Aristóteles.
En la sociedad de hoy, los viejos valores del conformismo cuentan con bastante éxito. El pensamiento tradicional nos propone exclusivamente proyectos de crecimiento individual, donde cada uno debe preocuparse de su empleo, de su casa, de sus bienes, de su capacidad de producir y consumir, y despreocuparse de los otros, de la sociedad, de la política.
Este individualismo tradicional le ha ayudado a la derecha a estar instalada muy cómodamente en el poder, incluso en los regímenes totalitarios.
Cabe preguntarse, para mirar al futuro, aprendiendo del pasado ¿Dónde estaríamos desde el punto de vista de las libertades y la justicia social, si no hubiese existido una izquierda dispuesta a organizarse y a esforzarse por lo social, por reconquistar cotas de libertad y democracia?
Los hombres y mujeres de Izquierda Unida hacemos una labor social y cívica importante demostrando que no queremos preocuparnos exclusivamente de nuestras vidas privadas, que la vida de los demás ciudadanos también nos importa. Salimos de la individualidad y dedicamos esfuerzos para participar en las organizaciones sociales y sindicales, en las instituciones, porque estamos convencidos que el progreso colectivo no cae del cielo, sino que necesita de la participación democrática de todos.
Las relaciones humanas necesitan de tolerancia, respeto, confianza y aceptación de los demás y de sus diferencias. Las organizaciones sociales democráticas contribuimos también al desarrollo personal de nuestros afiliados. Convivir, compartir, cooperar y trabajar en grupo, son nuestros antivirus frente al individualismo, el aislamiento social y la despersonalización.
La democracia no es un status en el que una sociedad pueda cómodamente instalarse. La democracia es un proceso continuo en el que si no se avanza se retrocede; ¿cuantas veces tendremos que reconquistar derechos que ya los dábamos por alcanzados?
El derecho a vivir en libertad, sin terrorismo y sin leyes restrictivas a la libertad de asociación. Los derechos laborales. El derecho a una educación laica. El derecho de la mujer a ser protagonista de su vida, libre de la ideología y de la violencia machista. El derecho a la consulta directa a los ciudadanos para decidir el futuro de Navarra. Etc,etc.
El Gobierno de derechas de UPN-CDN va a dejar una importante herencia antidemocrática. En Iruña, también padecemos un buen ejemplo de lo que entiende la derecha por democracia.
Yolanda Barcina, no sabe que cuando se gobierna en democracia es imprescindible reconocer la existencia de la oposición, con sus derechos y sus funciones. Sin oposición, sin discrepancia, no hay democracia. La alcaldesa, tan posmoderna en lo estético, en política es una apasionada de algo tan antiguo como es el absolutismo, ella mantiene todo el poder municipal de forma unipersonal. Para esto, necesita probar a todo trance la inexistencia de la oposición y por este interés personal suyo, nos tiene a toda la ciudadanía de Pamplona privada de cualquier aportación de los representantes de la oposición.
Parece claro, que la democracia además del reconocimiento legal de las libertades requiere de ciudadanos capaces de discrepar con el imperio de la apatía política, donde la vida privada lo es todo.
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