Opinión |
No me toquen el Órgano
Es admirable la habilidad que ha tenido cierta derecha navarrista para colonizar ideológicamente otros sectores políticos y luego utilizar en su contra las propuestas que les había colocado.
Me refiero a la historia del Órgano Común Permanente, el OCP, parte ya de nuestra mitología foral. Hay que recordar que la creación de un órgano común es una idea original de Jaime Ignacio Del Burgo en 1977 cuando tras afirmar que "Navarra es Navarra" y rechazar la integración en Euskadi preguntaba: "¿Por qué no un Consejo Vasco-navarro de cooperación y desarrollo?". La idea la cogieron otros al vuelo cuando en 1981 abandonaban el PSE-PSOE para fundar el PSN-PSOE; al tiempo que apostaban por una Comunidad Foral diferenciada proponían una cooperación "que incluyera la creación de un organismo intercomunitario que podría denominarse Consejo Vasco-Navarro". Del Burgo volvió a la carga en marzo de 1987 respondiendo a una propuesta de Ardanza en su discurso de investidura como lehendakari y presentó una iniciativa en el Parlamento de Navarra a favor de la cooperación entre ambas comunidades dentro del marco de la Constitución y del Amejoramiento que incluía el estudio del establecimiento de un OCP. Iniciativa aprobada con la oposición de los dos extremos de la Cámara, UPN y HB, por razones contrapuestas: unos veían el peligro vasco y otros el peligro español.
Al OCP también se apuntaron CDN y EA; formaron un ejecutivo tripartito con el PSN-PSOE en 1995 y todos juntos impulsaron un acuerdo de cooperación entre la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra que incluía la creación de un "órgano permanente de encuentro". Del Burgo, en vez de felicitarles por llevar adelante su propuesta o reclamar derechos de autor, se lanzó al ataque: en realidad era un contrafuero, una violación de la Constitución y un primer paso para la integración de Navarra en Euskadi. En suma, una argucia del nacionalismo vasco.
La confusión y el pánico cundió entre los ingenuos promotores del OCP; tras el derribo del tripartito en 1996 el PSN entrega el gobierno a UPN y abjura de la propuesta. Otros tardan un poco más; en 2004 Juan Cruz Alli todavía afirmaba que "todo el espectro político español representado en las Cortes -incluido el PP- veía el Órgano de Cooperación CAV-Navarra como una realidad asumible y buena para el progreso del Estado autonómico" rechazada sólo por intereses partidistas de UPN, pero en 2006 el CDN también se opone por considerarlo como un inadmisible precio político a pagar a Batasuna.
Cuando el OCP ya estaba prácticamente olvidado, durante diez años ninguna iniciativa se había impulsado por ninguna fuerza política ni se había meneado el asunto en los programas electorales, vuelve a ser la derecha navarrista, ahora UPN, quien lo resucita. La insistencia de UPN con el OCP es irritante pero comprensible; lo utiliza de nuevo como ariete, en este caso para obligar a los demás partidos, y sobre todo al PSN, a pasar por una nueva jura de Santa Gadea. La confesión de fe de lealtad a Navarra pasa por condenar el OCP, al cual ahora se presenta como una exigencia de ETA (da igual que la banda terrorista lo haya rechazado expresamente) a Rodríguez Zapatero, la gran amenaza que supera en malignidad al infame Gamazo de nefasto recuerdo.
Y ahí estamos, en un debate tramposo y desquiciado. Incluso los ciudadanos son invitados por los profesionales de la demoscopia a definirse: con el OCP o a muerte contra él. Lo que era simplemente accesorio e instrumental de algo que está recogido en la Constitución, la cooperación entre comunidades autónomas, y en el Amejoramiento del Fuero, la cooperación expresa y singularmente prevista con la Comunidad Autónoma del País Vasco, ahora es el núcleo de la cesión ante los terroristas, se ha trasmutado en instrumento diabólico de la destrucción del marco constitucional. Ver para creer. Lo último es acusar al OCP de una supuesta vocación para absorber competencias legislativas y anular la capacidad de autogobierno y hasta la identidad de Navarra. Quienes fabulan de tal manera podrían reflexionar sobre el órgano común realmente existente entre la Comunidad Foral de Navarra y la Comunidad Autónoma del País Vasco que viene dictando normas armonizadoras desde hace años y limitando de forma notable su ámbito de decisión. Se llama Unión Europea.
Más nos vale debatir de cosas serias. El próximo mes de mayo decidimos en las urnas, no el marco institucional de Navarra, sino un Parlamento y un Gobierno para cuatro años. Deberíamos hablar más de los programas y proyectos concretos que presenta cada partido ante la ciudadanía y menos de oscuras conspiraciones y amenazas apocalípticas para aterrorizar a criaturas asustadizas y votantes desprevenidos. De momento, el OCP sólo obsesiona a UPN.
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