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Entrevista a José Miguel Nuin, publicada en Diario de Noticias

domingo, 22 de abril de 2018

 

  • “Todos los avances sociales logrados en esta legislatura hubieran sido imposibles con un Gobierno de UPN”

 

 

PAMPLONA.- Curtido en mil batallas políticas, José Miguel Nuin (Pamplona, 1968) afronta su último año como parlamentario foral. Tras dos etapas en el legislativo autonómico con IU primero (1995-2007) y con Izquierda-Ezkerra después (2011-2019), Nuin considera “cumplido un ciclo” de casi dos décadas en la primera línea de la política, “con momentos buenos y malos”, pero que le dejan una “sensación positiva” tanto en lo personal como en lo político. “Han sido años de pelea desde la izquierda para dar una oportunidad a la igualdad y a la justicia social”, concluye el dirigente de Izquierda Unida, que considera que todo ese trabajo ha servido para abrir “un nuevo camino” en Navarra con el cambio de Gobierno. “Me voy con la sensación de que ha merecido la pena”, concluye Nuin, que cree que el proyecto iniciado en 2015 tendrá el apoyo de los ciudadanos en las próximas elecciones.

 

¿Considera que el cambio de Gobierno ha cumplido las expectativas de los ciudadanos?

 

-No, porque las expectativas siempre son enormes, pero los avances son importantes. Las prioridades de este Gobierno nada tienen que ver con las de UPN, ni tampoco las formas de actuar ni de trabajar.

 

¿En qué se distinguen?

 

-Acabamos de renovar una Ley de Contratos, que supone un cambio radical en favor de los criterios sociales, de igualdad, medioambientales y de defensa de los derechos de los trabajadores. En esta legislatura se ha aumentado un 50% el presupuesto del departamento de Derechos Sociales, con leyes tan importantes como la de Renta Garantizada o el complemento de las pensiones mínimas, que están ayudando a miles de personas que lo necesitan de forma imperiosa. Se ha aprobado una nueva fiscalidad, más justa y equitativa... Todo esto hubiera sido imposible con UPN.

 

¿El balance es positivo entonces?

 

-La decisión que Izquierda-Ezkerra tomó en 2015 fue acertada, los hechos lo demuestran. Es verdad que desde el punto de vista de la izquierda transformadora quedan muchas cosas por hacer. Pero el cambio está tomando decisiones muy importantes. Por eso la decisión de I-E, la de la izquierda necesaria para el cambio, fue valiente y fue correcta.

 

¿Qué queda pendiente?

 

-La banca pública, por ejemplo. No va a ser posible porque el Gobierno quiere una banca corporativa y no una banca integral que compita con el resto de agentes financieros. Tenemos visiones diferentes. Lo mismo ocurre con el TAV o en Educación. Nosotros queremos avanzar mucho más en el control y en la eliminación de los conciertos con la enseñanza privada, y el Gobierno ha dicho que no va a meter mano ahí.

 

¿Cómo se llevan esas diferencias dentro del cuatripartito?

 

-Con normalidad. Hay diferencias porque es un acuerdo entre diferentes.

 

¿Pesa más lo identitario que lo nacional, como dice la oposición?

 

-No, eso es mentira. El cambio tiene componentes sociales muy importantes, pero también de reconocimiento a la pluralidad de Navarra.

 

¿Cree que se percibe así en la calle?


-Yo creo que sí. Al final, las políticas sociales llegan a mucha gente. Estamos en plena campaña de la renta, y la principal novedad es que hay 13.000 nuevos pensionistas que van a ver complementadas sus pensiones mínimas con una media de 670 euros. Eso es posible solo porque el cambio se ha producido en Navarra. Así de sencillo. También se han mejorado las pensiones de viudedad, hay nuevos dependientes reconocidos, se han reducido las listas de espera, han aumentado las inversiones educativas... Son realidades que se perciben en el día a día de la calle.

 

No es lo que dice la oposición.

 

-Claro, porque tiene su agenda, pero es falsa. Si alguien está obsesionado con lo identitario son la derecha y el PSN. Pero la percepción social en la calle es otra muy diferente.

 

¿El euskera es una obsesión para el cambio?

 

-No lo es ni para Izquierda-Ezkerra ni para el acuerdo programático.

 

¿Y para el Gobierno foral?

 

-El Gobierno se ciñe al acuerdo programático, así que tampoco. La política lingüística que se está desarrollando en Navarra no es obsesiva, ni es sectaria, ni es desequilibrada ni es impositiva. Eso es mentira. Es una política lingüística de compromiso y de apoyo al euskera, pero desde el respeto a la realidad sociolingüística de Navarra, y desde los principios de libertad y voluntariedad.

 

¿Comparten entonces la política lingüística del Gobierno?

 

-Sí, porque es equilibrada, racional y responde a la realidad de Navarra. Tenemos realidades sociolingüísticas muy diferentes y las políticas deben estar adaptadas a ello. Es verdad que otros quieren una política homogénea para todo Navarra, pero eso sería un desastre y un error, porque no respondería a la realidad social. No es una cuestión de capricho político, es la realidad plural de Navarra. Así lo recoge el acuerdo programático y es lo que está haciendo el Gobierno.

 

¿Puede haber gente que se sienta discriminada?

 

-Ese es el discurso que la derecha y el PSN quieren que cale en la sociedad. Veremos en 2019 si ha calado o no, pero creo que no. Porque es mentira que haya que saber euskera para ser funcionario, ni saber euskera es algo obligatorio. El ciudadano en su vida diaria percibe que eso no es verdad, por eso va a fracasar.

 

¿Habrá cambios en la Ley del euskera que se debate en comisión?

 

-No nos oponemos a hablar de esto, ni a que se pueda declarar oficial el euskera en todo Navarra. Pero esa no es la cuestión. La oficialidad es un tótem, un concepto, pero lo importante es qué política se aplica en cada realidad. Definir qué implica la oficialidad en cada zona, y eso todavía no lo ha concretado nadie.

 

¿Qué piensa cuando escucha al PSN decir que el cambio ha fracasado?

 

-Los pactos UPN-PSN perdieron la mayoría en 2015, y eso ha sido un trauma para los dos. Desde entonces están enredados y encerrados en una actitud negacionista: Esto es una pesadilla, va a pasar, el cambio no es real, el cambio es nacionalista... El problema para el PSN es que esa actitud negacionista le sitúa muy cerca a la derecha, repitiendo siempre su discurso. Porque al final, quien lidera y marca la hoja de ruta de la oposición al cambio es la derecha. Y lo cierto es que el PSN está ahora repitiendo como un loro todo lo que dice UPN. Es increíble.

 

¿Esperaba otra actitud del PSN?

 

-Sí, al menos en algunas cuestiones. Porque, desde una lógica de izquierdas y progresista, ¿cómo es posible que el PSN no haya aprobado la reforma fiscal? Si hasta Pedro Sánchez lleva en su programa fiscal propuestas más agresivas que las nuestras para aumentar la recaudación. ¿Cómo es posible que no haya apoyado la Renta Garantizada, que es clave para la lucha contra la pobreza?

 

¿Y a qué lo atribuye?

 

-A esa actitud negacionista. El PSN es incapaz de reconocer que el cambio existe, que es una realidad social y que tiene un contenido social. Y cuando niegas eso, tienes que hacer cosas tan absurdas como votar en contra de leyes pioneras en el Estado y con un contenido social clarísimo. Al final, acabas siempre con la derecha, que es lo que le pasa al PSN.

 

¿Le molesta que les digan que están plegados al nacionalismo?

 

-No, porque no es verdad. Ahí están los hechos. Hay toda una obra de legislatura que pone en evidencia que esa afirmación es mentira. Y no hay, por el contrario, ninguna decisión del Parlamento ni del Gobierno que avale esa afirmación de que este es Gobierno nacionalista centrado en lo identitario. Ni en materia de euskera ni en construcción nacional. Son todo clichés que el PSN reproduce como un loro porque no quiere reconocer que el cambio se ha producido y que tiene sus contenidos en la pluralidad y en lo social.

 

¿Puede ser el PSN un posible aliado en el futuro?

 

-No veo ese escenario. A nivel municipal sí. Hay ayuntamientos como Tudela o Castejón donde sí se han abierto espacios de trabajo. Pero en lo que se refiere al Parlamento, veo al PSN encerrado en ese discurso falso de seguimiento de la derecha. Y mientras no salga de ahí no veo esa posibilidad.

 

¿Y qué pasa si la continuidad del cambio depende del PSN?

 

-Al PSN no le gusta cuando se lo decimos, pero la realidad es que el voto al PSN es un voto de riesgo. Con ese voto hay una probabilidad muy alta de que vuelvan a los pactos con UPN. Decir lo contrario sería mentir a la gente.

 

¿Cree que si depende del PSN habrá Gobierno de UPN?

 

-Hoy por hoy, sí. No nos engañemos, siempre que el PSN ha tenido que decidir, ha optado por la derecha, y si el cambio fue posible en 2015 es porque no dependía del PSN. Yo en cualquier caso confío en que volverá a haber una mayoría social de cambio y que no dependerá del PSN.

 

¿En qué se basa?

 

-En que el apoyo al cambio sigue siendo mayoritario en la sociedad navarra. Eso, claro, se tiene que volver a expresar en las urnas. Y para eso los ciudadanos deben ser muy consciente de que 2019 va a ser de nuevo una cita histórica para Navarra. Va a ser un momento muy importante, y cada uno tendrá que actuar con su responsabilidad y con la conciencia ante lo que tenemos por delante.

 

¿I-E irá en coalición con Podemos?

 

-Eso es algo que decidirán los órganos y la militancia de IU y Batzarre cuando llegue el momento, que será a partir de septiembre.

 

¿Usted es partidario?

 

-En su momento veremos. Pero sí creo que tampoco hay que estar todos los días buscando pócimas milagrosas. Lo que ha funcionado una vez puede funcionar otra, no hay que volverse loco. En cualquier caso, de una forma u otra, en las elecciones de 2019 Izquierda-Ezkerra estará con su voz, su autonomía y sus propuestas, y volverá a ser decisiva para la continuidad del cambio, con la reestructuración que sea.

 

¿Qué papel debe jugar I-E?

 

-I-E ha construido un espacio de izquierda útil. Una izquierda interidentitaria de la que nos sentimos orgullosos, y que debe seguir ampliando su espacio político para que la mayoría de cambio no dependa del PSN, porque entonces los pactos con UPN pueden volver. A partir de ahí, intentaremos tener un buen resultado para mejorar el acuerdo programático. Y para eso necesitamos más apoyos de los que tenemos.

 

¿Qué es para usted mejorar el acuerdo programático?

 

-Significa que donde dice “se estudiará” una banca pública diga “se recuperará” una banca pública. Que la apuesta por la enseñanza pública se articule de forma más concreta y eficaz. Que la laicidad no incluya misas en el Palacio de Navarra.

 

¿Habrá Presupuestos en 2019?

 

-Yo espero que sí. En septiembre nos sentaremos y ya veremos.

 

¿De qué depende?

 

-De lo mismo que otros años, de que lleguemos a un acuerdo. De cara al próximo año nosotros vamos a poner el peso en la educación pública, entre otras cosas. Hay otras cuestiones también, pero la educación es una prioridad y se tiene que notar.

 

¿El contexto preelectoral hace más difícil un acuerdo?

 

-Por nuestra parte no, distinguimos muy bien los planos. Nosotros queremos más inversión para la educación pública, y eso es fundamental. Luego, en el plano político, I-E defenderá su posición y expondrá aquello con lo que no está satisfecho. Pero es algo compatible, y la sociedad es lo suficientemente madura para distinguir ambos planos.

 

¿Cómo ve a la derecha?

 

-Al PP lo veo en un estado de pánico. Ciudadanos les está destrozando en el Estado y puede destrozarles también en Navarra, dejándoles incluso fuera del Parlamento. Y cuando uno está en estado de pánico puede hacer muchas tonterías. Lo vemos todos los días. A UPN en cambio lo veo sin capacidad de análisis y sin una reflexión interna. Incapaz de adaptarse a los cambios de la sociedad navarra. Llevan cuatro años aferrados a las mismas cuatro ideas que repiten una y otra vez, ellos y sus altavoces. Pero bueno, mejor no darles pistas.

 

Las próximas serán las primeras elecciones sin ETA. ¿La petición de perdón es suficiente?

 

-Es una buena noticia, pero se nos queda corta. Porque es incompleta y porque llega muy tarde. Echamos de menos que diga que la violencia en estos años de democracia ha sido injusta e ilegítima. Cualquier relato sobre la violencia debe incorporar esta reflexión. Es cierto también que quedan pendientes otras cuestiones, algunas como la dispersión y la reparación de todas las víctimas, competen al Estado. Pero como garantía de no repetición, debe quedar claro que la violencia es ilegítima.

 

¿Qué le parece el caso Altsasu?

 

-Lo que sucedió en Alsasua es rechazable y condenable. Lo hemos dicho desde el primer día. Cualquier agresión debe ser rechazada y sancionada. Por eso hemos trasladado todo nuestro apoyo a quienes han sufrido la agresión. Pero eso es una cosa, y otra lo que está sucediendo en el Estado español con la tipificación del delito de terrorismo. Es una barbaridad que cuestiona el funcionamiento democrático.

 

¿Le preocupa?

 

-Sí, porque un código penal democrático debe atender a principios fundamentales como la proporcionalidad, y la modificación del código penal pactada por PP y PSOE es una aberración jurídico-democrática. Mete el terrorismo en un espacio de indefinición tal que se pueden pedir 62 años de prisión por un delito de agresiones. Esto no es justicia, es otra cosa, y es nuestra obligación denunciarlo.

 

¿Fue acertada la presencia del Gobierno foral en la manifestación del pasado sábado?

 

-Cuando hay una ausencia de justicia y de proporcionalidad, el deber de la sociedad, de la política, de las instituciones, es decirlo y pedir que se corrija, porque nos estamos jugando el funcionamiento de instituciones fundamentales para la democracia. Tratar de confundir eso con la impunidad es una manipulación lamentable. No es verdad. Ni se ha pedido impunidad ni se han dejado a los heridos de lado. Es un tema de justicia y de proporcionalidad.

 

¿Qué espera de este último año?

 

-Mucho, porque quedan todavía muchas cosas del acuerdo programático por realizar. Tenemos seis-ocho leyes pendientes y estos diez meses que quedan van a ser importantes e intensos. Otra cosa es que la oposición esté ya en campaña. Lleva así desde el principio de la legislatura, así que habrá que tener un poco de paciencia para seguir escuchando sus mítines en el Parlamento.

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