Opinión

Mentirosos y degenerados

viernes, 10 de junio de 2016

Así calificaba a los que defienden la subida de impuestos el incalificable personaje Eduardo Inda, opinador e intoxicador a sueldo de las grandes empresas (Llamarlo periodista sería insultar a la profesión). No voy a entrar en las burdas manipulaciones en que ha incurrido, porque los juzgados y algunos periodistas de verdad ya se han ocupado de ello. Este personaje afirma que el dinero donde mejor está es en el bolsillo de los ciudadanos, porque así se incrementa el consumo, de manera que la bajada de impuestos mejora la economía. Este es el mantra que repiten una y otra vez los voceros del neoliberalismo. Habría que preguntarse para quienes es mejor esta receta. Lo es, desde luego, para los que reciben las rentas o sueldos más altos. Para las grandes fortunas, para aquellos sectores sociales con altos salarios. Sectores que no dependen del Estado y su gasto social para cubrir sus necesidades y ver garantizados sus derechos. No lo es, sin embargo, para una gran parte de la sociedad, que ha venido siendo empobrecida por la crisis. No lo es para la clase trabajadora y sectores populares, que conforman la mayoría de este país. Una mayoría que ha venido padeciendo reformas laborales que han abaratado el despido y no han creado empleo. Que ha sufrido los recortes en sanidad, educación, dependencia, pensiones, prestación por desempleo... Para los que han sido víctimas de la especulación financiera e inmobiliaria, que se ven desahuciados de sus viviendas y ahogados por hipotecas. No lo es para los miles de jóvenes con alta preparación que se ven forzados a emigrar ante la falta de futuro, etc.

 

Porque cuando se habla de bajar los impuestos, se está hablando de recortes, y por tanto de reducir las políticas públicas que atajan estos problemas.

 

Es rotundamente falso que la subida de impuestos paralice la economía. Para empezar, habría que señalar el objetivo de la actividad económica, el cual, en una sociedad democrática, debe ser el de garantizar el bienestar de los ciudadanos. Un bienestar que no pasa por un alto nivel de consumo de determinados sectores, una perspectiva esta que además es incompatible con el desarrollo sostenible. El bienestar pasa por tener garantizados los derechos básicos que hacen que una vida sea digna: el trabajo, la salud, educación, vivienda, etc. En definitiva, una protección social plena que garantiza la libertad de construir una vida.

 

Las políticas públicas que defienden estos derechos no son un freno para la economía, de hecho son un estímulo, lo que se conoce como "demanda agregada". La inversión pública genera puestos de trabajo, lo cual estimula el consumo.

 

Esta realidad viene refrendada por los hechos: los países con menos desempleo son los que más impuestos recaudan y más gasto público realizan: los países de centro y norte de Europa. Los países con más paro son aquellos donde menos impuestos de recaudan, como España, Grecia, Irlanda, países del este, entre otros.

 

Ciertamente, recaudar impuestos ocasiona confrontación con las élites económicas, que no por casualidad son las dueñas de los grandes medios de comunicación y tienen a sueldo a personajes de esta bajeza moral (con sus insultos se describen a sí mismos). Sostener estas políticas públicas también se encuentra con los límites que impone el capitalismo y su economía al servicio del lucro privado, principalmente el de los grandes capitalistas. El capitalismo tiende de manera inexorable a la concentración de poder y riqueza en cada vez menos manos, mientras que se extienden la miseria y el paro, a los que hay que añadir la destrucción del medio ambiente, la esquilmación de recursos, y las guerras por el control de dichos recursos, mientras se agudiza la violencia de género, dado que el trabajo reproductivo o asistencial que recae sobre las mujeres no lo asume la ganancia capitalista, y se agudizan las agresiones físicas e ideológicas contra las mujeres, para que renuncien a la conquistas logradas y vuelvan a ocupar un lugar subalterno.

 

Por tanto, la defensa de las políticas públicas, de una economía centrada en la dignidad de las personas y el desarrollo sostenible, de la paz y cooperación entre los pueblos, de la igualdad de género, requiere del planteamiento de una crítica global, y de una estrategia de avance hacia otra sociedad sustentada en la democracia económica y política, basada en la socialización de los grandes medios de producción, en una economía dirigida por la planificación democrática, la cooperación y la participación, que muchos llamados socialismo, como paso al comunismo.

 

IU apuesta de manera inequívoca por la superación del capitalismo y el avance hacia el socialismo. En estas elecciones, IU ha formado coalición con otros partidos situados a la izquierda del PSOE. Esta coalición, Unidos Podemos, es lo que este país necesita en estos momentos, para romper con la gran coalición PP-PSOE-Ciudadanos, que con distintos matices van a seguir la ruta emprendida hasta ahora. Una ruptura que se concreta en una fiscalidad progresiva, persecución del fraude fiscal y la corrupción, defensa de los servicios públicos y las políticas sociales, incluyendo una renta básica, defensa de los trabajadores mediante el incremento del salario mínimo y derogación de las últimas reformas laborales del PP y PSOE, que han resultado lesivas para los trabajadores y no han creado empleo, una reestructuración de la deuda pública y privada, medidas contra los desahucios, y toda una batería de medidas en torno a la democratización del estado y la transformación del modelo productivo, incluyendo una banca pública y medidas en pro de la sostenibilidad.

 

No es enteramente el programa de IU, pero si contiene importantes avances, y desde luego ha suscitado una gran ilusión entre los que más sufren la crisis, y preocupación entre las élites responsables de la crisis y sus voceros.

 

Sonriamos cuando nos insulten, porque quiere decir que el miedo está cambiando de bando, y la sonrisa también.

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