Opinión

Arabia Saudi, Ejecuciones y cálidas relaciones

lunes, 18 de enero de 2016

La ejecución por parte de las autoridades de Arabia Saudí de 47 personas, entre ellas el clérigo chií Nimr al Nimr, a primeros de año ha desencadenado toda suerte de reacciones políticas, como no podía ser de otra manera, y ha puesto en evidencia, una vez más, la coherencia de unos y la hipocresía de muchos. Los eurodiputados de IU Marina Albiol y Javier Couso así como la Vicepresidenta del Partido de la Izquierda Europea, Maite Mola,  han criticado duramente tanto la sistemática violación de los derechos humanos, en este y en otros muchos sangrientos y escandalosos sucesos, como la tibieza de las reacciones políticas de los dirigentes de la Unión Europea y de España.

 

Todos ellos han exigido a la UE la ruptura de todas sus relaciones con Arabia Saudí. Relaciones que mantiene en el marco del Acuerdo de Cooperación con los países del Golfo. Igualmente el Estado español debe también esas relaciones, especialmente el intercambio comercial que mantiene la Casa Real con la monarquía saudí.

 

La cercanía de la monarquía española con los sátrapas saudíes implica, en lo que se refiere a la exportación de armas, un volumen de ventas cercano a los mil millones de euros en la última década. Esta exportación de armas vulnera todos los códigos éticos que pregonan tanto el Estado Español como la Unión Europea, y contradice de manera flagrante el código de conducta que debería guiar y determinar las exportaciones en materia de armas o material de doble uso.

 

Las ejecuciones perpetradas son, además de un crimen, una provocación que desestabiliza gravemente la región. Una desestabilización a la que Arabia Saudí ha contribuido como actor principal, y que va en consonancia con la batalla por la supremacía en la región.

 

Arabia Saudí está implicada en la financiación de grupos terroristas que tratan de derribar al gobierno sirio. Además, está también implicada y dirige el ataque militar a Yemen, en la represión militar a la oposición del régimen de Bahrein, así como en la difusión de la versión más extremista de la religión islámica, emparentada con el takfirismo que profesa la organización terrorista autodenominada como “Estado Islámico”.

 

Hay motivos más que suficientes para la supresión de los acuerdos con Arabia Saudí, si se atienden a los teóricos planteamientos que pregona la Unión Europea y que, en teoría, deberían marcar su política exterior. Entre ellos, cabe citar la irresponsabilidad manifiesta en la región, la vulneración sistemática de los derechos humanos, las sospechas de tolerancia y financiación de grupos extremistas, el sistema político dictatorial y teocrático, la política de exclusión de la mujer o el racismo laboral, así como la homofobia aberrante que aplica esta dictadura medieval.

 

La reacción de la Unión Europea no ha pasado de una condena formal, lo que  pone de manifiesto, una vez más, que los derechos humanos sólo son determinantes para la Unión Europea cuando se trata de países que discrepan con una política internacional sumisa a los EE.UU.

 

Tampoco la ONU ha salido bien parada con estas ejecuciones. La “consternación” que expresaba su secretario general Ban Ki-Moon apenas parece un tirón de orejas ético, para no irritar a los príncipes saudíes. En la ONU, la consternación llegó a tal extremo que, pese a todas las violaciones de derechos humanos que se cometen en dicho país, en septiembre nombraron a un saudí (Fasal Bin Hassan) presidente de una comisión de expertos independientes en el Consejo de Derechos Humanos. Alguien puede considerar que las decapitaciones, mutilaciones, azote, violaciones de niñas son derechos humanos fundamentales en Arabia Saudí.

 

Estas ejecuciones se enmarcan, entre otras razones, en la rivalidad entre Arabia Saudí e Irán, las dos potencias islámicas de Oriente Medio, que han venido librando una suerte de guerra fría desde hace más de tres décadas.

 

La fecha en que se ha realizado la ejecución, en vísperas de la importante conferencia sobre el futuro de Siria y las negociaciones de paz en Yemen, y cuando decae el poder de los sunnies extremistas del Daesh en Iraq hace pensar en una provocación por parte de Arabía Saudí, encaminada a hacer fracasar las negociaciones de paz en Siria, país en el que Irán apoya al régimen de Bashar el Assad, que ha venido siendo acosado además por EE.UU. Turquía y otros países occidentales. Arabía Saudí quiere una solución militar, y no contempla con buenos ojos la solución negociada.

 

Arabia Saudí también estuvo implicada en la guerra de Iraq, cuyas consecuencias fueron la desintegración del país, la muerte de centenares de miles de personas, y el surgimiento del llamado “estado islámico”, Daesh, controlado como se ha señalado por islamistas extremistas afines a los saudíes.

 

Las guerras “de religión” que libran en esta región distintas ramas del islam, son una tapadera de otra guerra por el control de recursos estratégicos entre las élites que controlan los estados contendientes, y sus aliados respectivos.

 

Ajenos a las denuncias y emplazamientos realizados a romper relaciones, los reyes de España  van a visitar Arabia Saudí el próximo 16 de febrero “para mantener las excelentes y cálidas relaciones”. Sobra todo comentario sobre la talla moral y los intereses a quienes sirve la familia real española, y deja en evidencia, una vez más, que la monarquía es totalmente antidemocrática, que forma parte del entramado de poder de los oligarcas imperialistas, y que debe ser sustituida por una República en la que el Jefe del Estado sea elegido democráticamente y sirva a los intereses de la mayoría social.

< Anterior   Siguiente >