Opinión

Voyage, voyage... y la nave va

jueves, 07 de enero de 2016

“Voyage, voyage”... (viaja, viaja). Así reza una canción que cantaba Desireless, allá por 1986. Es una evocación de viajes sobre las alas del deseo, que nos lleva por los caminos de la imaginación a lugares lejanos, exóticos, que harán que el viajero se evada y vuele “sobre las capitales con ideas fatales”, “sobre las alambradas, sobre corazones bombardeados”. Demasiadas veces, la realidad se antoja frustrante, cuando no agobiante y hasta angustiosa. Demasiados problemas cuya solución parece no estar al alcance de nadie. El deseo se eleva por encima de esa realidad, y viaja, viaja. Atrapasueños profesionales al servicio de intereses espurios pastorean y conducen los sueños, cual flautistas de Hamelín, hacia metas que sólo alcanzan unos pocos, y condenan al resto a permanecer en esa frustrante, agobiante, angustiosa realidad. Metas que no hacen sino reproducir una y otra vez esa realidad. Una realidad en la que la naturaleza y la humanidad viajan camino del desastre. Así, como también reza el título de una película de Fellini: “y la nave va”.

 

Voyage, voyage... La felicidad está al alcance de su bolsillo, y si no lo está se le concede un préstamo, en cómodos plazos. Eslóganes persuasivos martillean a la gente a cada momento, en todo lugar. Placeres efímeros que, sin embargo, tienen un alto coste, no sólo para el consumidor, sino sobre todo para la naturaleza y los recursos del planeta, y para gran parte de la humanidad. La humanidad que trabaja en condiciones de semiesclavitud, la que se ve privada de su hogar y sus recursos por todopoderosas empresas, que no dudan en armar guerras y derribar gobiernos para seguir haciendo negocio. Se contaminan el aire, los suelos y las aguas, se recalienta el planeta, se agotan recursos... y la nave va.

 

Voyage, voyage... Les deseamos un próspero año nuevo, que traiga trabajo. Trabajo, algo tan básico para disponer de un salario con que lograr lo necesario para vivir, con dignidad, y disponer de la propia vida, en libertad. Políticos y “líderes de opinión”, a sueldo de intereses espurios de una inmensa minoría, aprovechan la crisis para dar al traste con salarios y derechos conquistados durante décadas de lucha por el movimiento obrero. Bajo el reclamo de la competitividad como motor de la creación de empleo, millones de trabajadores apoyan con su voto a fuerzas políticas que abogan por rebanar salarios y conquistas laborales y sociales. Sin embargo, la carrera en pos de la competitividad es un agujero negro, porque siempre habrá trabajadores dispuestos a producir por menos salario. La pérdida de salarios y derechos sólo ha servido para aumentar los beneficios de la oligarquía, y no para crear empleo digno. Y así se “avanza”, de reforma en reforma, de rebaja en rebaja, hacia un futuro de pleno empleo que cada vez se aleja más. Y la nave va.

 

Voyage, voyage... Las plazas hierven de indignación, manos se alzan y voces claman a coro: “le llaman democracia y no lo es” “no nos representan” “No hay pan pa tanto chorizo” “Si se puede” Las calles se llenan con mareas con los colores de la rebeldía: blanca, verde, morada... El color rojo está presente en todas ellas, y el rojo sube en las encuestas. Algunos se preocupan, otros ven una oportunidad, y aparecen nuevos actores políticos, bajo los auspicios de los grandes medios de comunicación y la demonización caricaturesca de la derecha más cavernaria. Se autoproclaman herederos del “Si se puede”, dicen que son una “plaza”, en lugar de una “casa”, empiezan ejemplarizando, predicando contra “la casta” con reivindicaciones ya hechas por los rojos, y emprenden un viaje hacia “la centralidad”, recabando simpatías del más amplio espectro ideológico. En ese viaje hacia la centralidad se van dejando por el camino cuestiones que enfrentan directamente con la oligarquía y el Imperio, como nacionalizaciones y la salida de la OTAN. Al final queda una plaza con un kiosko donde toca una orquesta, con su director, y su denuncia deviene una intención moralizante del capitalismo, y un retorno a las políticas socialdemócratas del “estado del bienestar”, insostenibles en un capitalismo globalizado y financiarizado. Se forma un nuevo “régimen”, esta vez con cuatro actores, ya que los dos antiguos estaban algo pasados de moda. El rojo queda fuera, apartado de los debates “a cuatro”, y la nave va.

 

Voyage, voyage... Valores eternos, arcadias felices, unas en un territorio, otras en lo ultraterreno. Falsos profetas tratan de conducir rebaños de gentes predispuestas a creer en algo, en medio de la desesperanza. Tras el teatro de guiñol de los profetas, oligarcas e imperialistas mueven los hilos, jugando su partida de ajedrez. El tablero de oligarcas e imperialistas es la lucha por el poder y el control de las riquezas. Mientras dicen buscar la paz, apoyan guerras. Mientras dicen defender los derechos humanos, los vulneran a diario de manera flagrante. Los mayores terroristas son presentados como adalides de los derechos humanos, y los que defienden de manera efectiva tales derechos son tratados de terroristas. Políticos y líderes de opinión rinden agasajo a criminales sin escrúpulos, y la nave va.

 

Voyage, voyage... Algunos pensamos que otro mundo es posible. Que hay riqueza suficiente para proporcionar una vida digna a todos y todas. Que es posible dar trabajo a todos los que lo busquen. Que se puede lograr un desarrollo sostenible, con austeridad. Que es posible eliminar la violencia de género y lograr la igualdad de derechos de hombres y mujeres. Que es posible la paz y la cooperación entre los pueblos, la libertad de conciencia, la tolerancia hacia los diferentes. Para ello es necesario un cambio radical, de raíz. Es necesario arrebatar a esa inmensa minoría de oligarcas e imperialistas su poder, y para ello es necesaria la socialización de los grandes sectores estratégicos, y desmantelar los bloques militares. La socialización de tales sectores  sentará las bases de la democracia económica y política, permitirá planificar de manera democrática el qué, el cómo y para qué producimos, y posibilitará la sostenibilidad, la igualdad de género y la paz. Somos millones en todo el mundo los que compartimos este sueño. Y la lucha sigue.

 

Voyage, voyage... En esa lucha puede y debe haber encuentros con compañeros de viaje con quienes se compartan objetivos parciales, como limitar los aspectos más agresivos del neoliberalismo, y reformas democráticas. Sin embargo, tales encuentros sólo pueden darse en torno a objetivos concretos, y bajo ningún concepto cabe apelar a la manida “casa común”, por mucho que ahora le llamen “plaza común”, porque los objetivos y las políticas son distintas. El viaje continua, y la lucha sigue.

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