Opinión

República: rebeldía contra resignación

martes, 14 de abril de 2015

En abril se conmemora la instauración de la 2ª República en España. Fue un periodo en el que se lograron importantes avances en materia de democracia, laicismo, enseñanza pública, derechos laborales, de la mujer, etc. Estos avances fueron truncados por la reacción violenta de las clases dominantes que se aliaron contra la República, con el apoyo directo de los regímenes fascistas de Alemania e Italia. Sólo la URSS y las Brigadas Internacionales apoyaron a la República.

 

Sin embargo, no se trata sólo de una celebración de nostálgicos. La cuestión republicana sigue siendo una exigencia para lograr una salida favorable a la mayoría social trabajadora, en la situación de crisis que padece este país.

 

La explicación de esta necesidad está en las causas que han desencadenado la crisis. En primer lugar, la composición de las clases dominantes: una oligarquía centralista rentista formada por banqueros y terratenientes, y burguesías industriales en Cataluña y Euskadi. Esta composición es el origen de las disputas por el poder entre la oligarquía centralista y las burguesías periféricas. Tales conflictos permanecen hasta la actualidad, aunque tanto unos como otros no tienen ambages en ponerse de acuerdo para defender sus intereses de clase contra los de la mayoría social trabajadora.

 

Esta composición de clases es responsable de un modelo económico de baja productividad, y proliferación de PYMES, escasamente competitivas respecto a los países de nuestro entorno. La oligarquía rentista española ha sido un freno para la creación de un modelo económico de alta productividad, por su carácter parasitario y rentista. Esto ha traído en consecuencia un país con elevado paro estructural, dependiente de las inversiones extranjeras y que ha tirado del ladrillo y el turismo como motores económicos. Este modelo se ha revelado insostenible, y además ha sido la base de la corrupción.

 

Esta oligarquía rentista, consciente de su debilidad política, se ha aliado con la Iglesia Católica para ensanchar su base social, y con la monarquía, para lograr estabilidad institucional y legitimidad política. Ambas, Iglesia y monarquía, han sido elementos claves para mantener la estructura de poder de la oligarquía.

 

Con el desarrollo industrial de las últimas décadas ha aparecido lo que se llama “clase media”  así como clase obrera industrial, que no se han sentido representados  por la ideología conservadora y autoritaria de los franquistas y sus herederos actuales del Partido Popular. Ha sido necesario encauzar políticamente esos grupos sociales, y este papel lo ha realizado el PSOE, según un diseño elaborado en los centros de poder mundiales. El PSOE ha realizado una homologación de España con los estándares europeos de estado del bienestar, aunque sus logros han estado muy por debajo de los promedios europeos. Sin embargo, el PSOE no ha perjudicado los intereses de la oligarquía, y ha sido pieza clave en la consolidación del régimen emanado de la Transición, que muchos llamamos el bipartidismo monárquico.

 

Ambos partidos, PP y PSOE, con el apoyo de los partidos de las burguesías periféricas PNV y CiU, han sido los responsables de llevar a este país a la actual situación de crisis en todos los ámbitos. Fue el PSOE el que llevó a cabo el desmantelamiento de sectores productivos estratégicos, y todos ellos han sido corresponsables de las privatizaciones del sector público, de las reformas laborales, de la fiscalidad regresiva, de los recortes en pensiones y en gasto social, etc. Unos servicios  recompensados con sillones en los consejos de administración en las grandes empresas para altos dirigentes de dichos partidos.

 

Ambos partidos, PP-PSOE, modificaron el artículo 135 de la Constitución para poner el pago de la deuda por delante del gasto social. Una deuda generada por los rescates a la banca, después que esta se lucrase con los préstamos para financiar la burbuja inmobiliaria y las inversiones ruinosas en obras públicas innecesarias.

 

Ambos partidos, PP-PSOE, con el apoyo de los mencionados y algún otro como UPyD, se han negado a que se celebre una consulta ciudadana solicitada por la Izquierda Plural (IU y otros partidos de izquierda) sobre el Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversiones (en inglés el TTIP) que se está negociando entre la UE y EE.UU de forma opaca, y que de llegar a aprobarse supondrá el golpe definitivo a la democracia, al poner a las empresas al mismo nivel potestativo que los Estados.

 

Es de democracia de lo que se trata la cuestión republicana. Democracia no como discurso vacío, para justificar se manera hipócrita políticas que no sirven a la mayoría social, sino que se ponen al servicio de los intereses oligárquicos. Se trata de una democracia republicana. Democracia real, que implica en primer lugar debate e información a la ciudadanía. Democracia participativa, de manera que los ciudadanos controlen a sus representantes, y se impliquen en la toma de decisiones. Democracia radical, que no permita que haya instituciones como la monarquía ocupando la jefatura del Estado por derecho de sangre. Democracia como empoderamiento de la mayoría social trabajadora para hacer prevalecer sus intereses frente a los intereses de una inmensa minoría que se esconde bajo los llamados “mercados”, que especulan y mercantilizan todo lo que necesitamos para llevar una vida digna. Democracia económica, para decidir qué y cómo producimos y consumimos, para poner en el centro la dignidad de las personas y la preservación de la vida y los recursos naturales. Por último, democracia para resolver las cuestiones nacionales pendientes, desde la apuesta por el federalismo y la solidaridad de clase.

 

El régimen surgido de la Transición está en crisis, la oligarquía pretende una restauración regresiva en la línea de vaciar de contenido la democracia y retroceder en derechos y libertades, como lo demuestra la recientemente aprobada ley “de seguridad ciudadana”. Una maniobra que también supone la aparición de nuevos actores políticos para apuntalar al bipartidismo y arrinconar una alternativa republicana y de izquierdas.

 

Frente a esta restauración es necesario luchar por una ruptura democrática que ponga en marcha un proceso constituyente republicano, para lograr la instauración de una democracia republicana, en los términos señalados.

 

Conseguir esta ruptura requiere la unidad de todas las fuerzas políticas sociales y sindicales que compartan este objetivo, ganar hegemonía ligando los conflictos parciales con la necesidad de la alternativa republicana y visualizar en las calles la reivindicación republicana.

 

Que las calles se llenen de la bandera tricolor de la rebeldía. A por la 3ª República

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