Opinión

Siria, la siguiente víctima del imperialismo de EE.UU.

viernes, 28 de junio de 2013

Tras las invasiones de Iraq, Afganistán y Libia, Siria está siendo el último escenario de las guerras imperialistas promovidas por los EE.UU., la UE y la OTAN como brazo ejecutor, además de Israel y las petromonarquías teocráticas del Golfo, en un área de alto valor geoestratégico como es Oriente Medio. No es casualidad que hayan sido estos mismos países, los EE.UU. y la UE, los que se hayan opuesto en la ONU a una resolución promovida por Cuba a favor del derecho de los pueblos a la paz.

 

Los EE.UU. están apoyando militarmente a los grupos armados que tratan de derrocar el régimen sirio presidido por Al Assad. Estos grupos están formados por salafistas fanáticos, mercenarios europeos, junto con mercenarios contratados en Marruecos, Túnez, Turquía, Chechenia, Libia... Financiados y adiestrados por los servicios de inteligencia de EE.UU., Israel, Turquía y las “democráticas” petromonarquías teocráticas del Golfo.  La UE ha votado a favor del fin del embargo de armas a tales grupos. La carta de presentación de estos grupos mercenarios y fanáticos son coches bomba contra la población civil, asesinatos, secuestros de autoridades religiosas, atentados contra observadores de la ONU o la Liga Árabe, y ataques con gases tóxicos como los producidos en la población de Sarakeb.

 

El ataque a Siria se produce tras la serie de transformaciones que han conmocionado el Magreb y Oriente Medio, que se iniciaron en lo que se ha dado en llamar la “primavera árabe”, un proceso que comenzó en Túnez en diciembre de 2010, en protesta por los efectos de las políticas neoliberales promovidas por el FMI, y que han causado paro y empobrecimiento, especialmente entre la juventud, que ha sido la principal protagonista de estas revueltas. En algunos países, bajo la esfera de influencia de EE.UU. y de países europeos como Francia, tras unos meses de incertidumbre, con caída de algunos gobiernos, la situación se ha estabilizado con cambios que han introducido algunas mejoras, que han permitido que estos países siguieran dentro de esta área de influencia.

 

Esta oleada de transformaciones ha sido aprovechada para atacar a países como Libia y Siria, que eran considerados como hostiles por las potencias citadas. Estos países fueron aliados de la URSS, y llevaron a cabo medidas socializantes y laicistas que les dieron respaldo social. Tras el hundimiento de la URSS, se llevaron a cabo privatizaciones y otras medidas neoliberales, que les han restado apoyo social.

 

El gobierno sirio, al iniciarse las protestas, cometió errores y reaccionó con dureza, algo que fue criticado por fuerzas políticas como el Partido Comunista Sirio, integrado en el Frente Nacional Patriótico, que apoyan de forma crítica al gobierno sirio y el partido Baaz que lo sustenta. El Partido Comunista Sirio ha manifestado su oposición a las medidas neoliberales y ha reclamado medidas de apertura democrática. El gobierno sirio ha reaccionado tomando medidas como la elaboración de una nueva constitución, ampliamente respaldada en referéndum,  que establece el pluripartidismo, la celebración de elecciones municipales, amnistía política y eliminación de la ley de emergencia, limitando así el poder de los servicios de seguridad. Se han convocado elecciones parlamentarias, dando cabida a numerosos partidos de la oposición. Además, se han tomado otras medidas, como la dimisión del gobernador responsable de actos de represión, subida de sueldos, medidas sociales. La adopción de estas medidas ha hecho crecer el apoyo del régimen actual entre la población, de hecho encuestas manejadas por la CIA cifran la popularidad del actual presidente Basher Al Assad en un 72% de votos de cara a las elecciones presidenciales previstas para 2014.

 

La adopción de estas medidas ha hecho fracasar el intento de enfrentar el gobierno sirio con la población. Sin embargo, la imagen de la represión inicial ha sido utilizada por los medios occidentales para presentar una falsa imagen y preparar la intervención militar, que ha ido “in crescendo”. Agentes mercenarios fueron penetrando en Siria desde 2011, antes incluso de la “primavera siria”. El diseño era calco de lo ocurrido en Libia. Han sido descubiertos manifestantes a sueldo, y armados, cuya supuesta represión daría argumentos a grupos salafistas fanáticos y violentos. Esta operación de acción-represión-acción ha sido neutralizada con las medidas antedichas.

 

El fracaso de esta fase ha supuesto la internacionalización del conflicto, con las potencias occidentales involucrándose más y más. La contribución de la OTAN, Israel y las petromonarquías se ha demostrado fundamental. El ataque de la aviación israelí en los alrededores de Damasco, coordinado con fuerzas de la oposición para tratar de tomar algunos barrios de la capital, es un ejemplo evidente. Sin embargo, el ejército sirio ha sido capaz de derrotar estos ataques, ha sellado las fronteras al paso de armas y ha recuperado la iniciativa con el apoyo de la población. Se estima que, de seguir la actual situación, la derrota de los “contras” se producirá en pocos meses.

 

Las fuerzas de la reacción internacional han desatado una ofensiva brutal contra el pueblo sirio, en todos los frentes. El embajador de EE.UU. manifestándose a favor de los insurgentes. Han sido destruidos vehículos israelitas, y detenidos en territorio sirio altos mandos militares de Francia y Turquía. Los insurgentes han protagonizado escenas de barbarie propias del medioevo: decapitaciones, canibalismo.

 

Asistimos a una guerra planificada desde los EE.UU. cuyo propósito es el control de las reservas de petróleo, gas y agua de la zona, y no la libertad de los pueblos. La disposición de los países emergentes, en especial Venezuela, Brasil, China y Rusia, y el Frente de Resistencia formado por Siria, Irán y Hezbolá han sido capaz de modificar la correlación de fuerzas.

 

La primera propuesta de resolución del conflicto, auspiciada por la ONU, fue tomada por la reacción como un signo de debilidad del gobierno sirio. Los EE.UU. decidieron implicarse aún más, a través de Israel y Turquía. La posición firme de Rusia de no permitir una intervención occidental directa en Siria ha atemperado las intenciones de Obama y su secretaria de estado Clynton. Para Rusia, China y los países emergentes, escarmentados por el caso libio, la intervención directa de la OTAN sería considerada una declaración de guerra que abriría las puertas de un conflicto mundial.

 

Los esfuerzos de Rusia y los países emergentes se han centrado en la búsqueda de un acuerdo a través de una conferencia con los EE.UU. en junio. No obstante, la posibilidad de llegar a acuerdos es remota. Los planteamientos maximalistas de una oposición formada por militares y terroristas de más de 29 países choca con una solución dialogada. Por otra parte, los cambios en la oposición son continuos, por desavenencias internas. En realidad, todos sus líderes son marionetas que presentar a la opinión pública, quien dirige a los líderes son las potencias occidentales y grupos terroristas como el Frente Al-Nusra, que hace poco proclamó su obediencia a Al Qaeda.

 

El cinismo de occidente alcanza aquí sus cotas más altas, armando a grupos considerados terroristas. Qué decir del Partido Popular, que hizo de la lucha contra el terrorismo de ETA uno de sus objetivos políticos para debilitar al PSOE, y ahora apoya a grupos como el frente Al-Nusra, con quienes se fotografió el ministro de exteriores.

 

Una parte de la izquierda española y europea se ha dejado arrastrar por el señuelo de las “primaveras árabes”, y ha mantenido una posición equidistante. Sin embargo, es necesario aunar esfuerzos y movilizarse para exigir el cese de la guerra y la injerencia de las potencias occidentales, y permitir que el pueblo sirio recorra su propio camino hacia una sociedad más democrática y justa.

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