Opinión

El regreso al pasado del Ministro Wert

miércoles, 12 de diciembre de 2012

La nueva ocurrencia del Ministro de Educación Wert de dotar de autonomía a los centros escolares para que éstos puedan seleccionar al alumnado adecuándolo a “su tipología”, no es más que una excusa para segregar al alumnado por sus circunstancias personales, en beneficio de los intereses particulares de unos pocos y no por el interés general como se argumenta en su reforma educativa. La auténtica autonomía pedagógica de los centros escolares ha de perseguir la socialización, la formación integral  y el éxito escolar de todos y de todas; y por lo tanto  la adaptación del curriculum y la organización escolar al servicio de estos objetivos personalizando los  procesos de aprendizaje en función de, entre otros,   la diversidad  de intereses, capacidades, aptitudes, estilos de aprendizaje y condiciones de partida del alumnado.

 

El señor Wert  anunciaba que iba centralizar y controlar los contenidos estableciendo en el Art. 6.3 del anteproyecto de la LOMCE: “las administraciones educativas desarrollarán los contenidos comunes y podrán establecer directrices pedagógicas, reconociendo en todo caso cierto grado de autonomía a los centros educativos”. Ahora recula y dice que dará más autonomía a los propios centros a la hora de diseñar su oferta educativa y especializarse. Pero eso sí, dice que es flexible y que es “este tipo de flexibilidad” la que tienen que aprender los centros escolares para que puedan especializarse. ¡Vamos apañados!

 

La especialización de centros, en una oferta educativa "a la carta", choca frontalmente con la denuncia reiterada que el Ministro venía haciendo de las 17 ofertas educativas diferentes que se proponían desde cada Comunidad Autónoma. Ahora será una oferta diferente por cada centro educativo. Como además su anteproyecto de reforma educativa ya anticipa que cada centro educativo se podrá especializar por “tipo de alumnado” (Art. 122.4), está claro que la intención del Ministro es facilitar que algunos centros se especializarán en el alumnado supuestamente brillante, para formarlo a su medida, para construir una sociedad también a su medida. No olvidamos que una sociedad clasista necesita de una escuela clasista. Los centros podrían rechazar “por razón de su especialización” a determinado “tipo” de alumnado: por ejemplo, inmigrantes, minorías culturales, niñas, alumnado procedente de familias agnósticas, o que profesan religiones determinadas; y particularmente a quienes tienen dificultades de aprendizaje, aunque éstas sean circunstanciales, y proceden de familias de bajo nivel económico. Así viene siendo práctica habitual en buena parte de los centros privados. No es casualidad que el 80% del alumnado migrante y de minorías esté escolarizado en los centros públicos, lo cual es también una manera de segregar y de poner trabas a la convivencia y a la  integración social. Wert consagra así “legalmente” la exclusión y selección del alumnado.

 

Lo más indignante es la utilización torticera y manipuladora que hace el ministro del concepto de autonomía para justificar esta selección. La autonomía pedagógica bien entendida, como reconoce la comunidad científica internacional, pasa por adecuar la dinámica de los centros a las necesidades del alumnado, no al revés como plantea el equipo del Ministro. No se trata de adecuar al alumnado y seleccionarlo para encajarlo en la especialización del centro, convirtiendo centros educativos en guetos. Más bien todo lo contrario, se trata de que los centros escolares reflejen la pluralidad de la composición de la  sociedad en la que el alumnado deberá insertarse como adulto habiendo adquirido las competencias necesarias para  intervenir socialmente. Se trata de socializar al alumnado, de qué los niños y las niñas desarrollen al máximo sus capacidades, de aprender con los demás  y de los demás. No podemos educar a niños y jóvenes, al menos en las etapas obligatorias, en laboratorios especializados, separándolos en función de lo que prejuzgamos que serán sus “talentos” o su futuro escolar o laboral.

 

En la concepción de las derecha política, que masifica las aulas, recorta profesorado, horas de tutoría o la orientación, no parece entrar la atención a la diversidad como un principio pedagógico. Lo que hay detrás de esta especialización es la misma ideología neoconservadora y segregadora que en todo el anteproyecto de ley: seleccionar y segregar al alumnado a través de reválidas, itinerarios, especialización de centros, ranking, etc., son todas ellas medidas que van en el mismo sentido: excluir a la población perteneciente a los  sectores socioeconómico precarios del  acceso a las oportunidades de aprendizaje. Una parte de la población que había sido incluida el último medio siglo en la enseñanza obligatoria para avanzar hacia sociedades más justas, más solidarias, más cultas y con mayores posibilidades de desarrollo.

 

Una sociedad avanzada debe apostar por una Enseñanza Pública que garantice el acceso a una educación básica de calidad a toda la población en condiciones de igualdad, que compense las desigualdades de partida, que evite la segregación, que garantice una formación integral común al terminar la etapa obligatoria. La autonomía educativa y el éxito escolar pasa por garantizar condiciones y recursos suficientes  a los centros escolares para que puedan dar respuesta a las necesidades educativas de la población que  acogen que, por  otro lado, debería ser prioritariamente la que reside en su entorno físico.

 

Una sociedad avanzada debe apostar por la enseñanza pública que garantice una formación postobligatoria, y universitaria que capacite a los estudiantes social, profesional, científica y humanísticamente, lo cual requiere intervenir desde edades tempranas y precisa una organización de las enseñanzas y dotación  de recursos destinadas a este fin.

 

Lo que dice el Texto de la Ley para la Mejora de la Calidad Educativa sobre la empleabilidad, el output, el emprendimiento,  los itinerarios inflexibles, las revalidas y los múltiples obstáculos, la segregación y clasificación del alumnado a edades tempranas, la libertad de elección, la privatización, el mercantilismo, ... es otra cosa. La propuesta, concreta un cambio de modelo de escuela y modifica las finalidades de la educación. La propuesta tiene otras finalidades, tal como,  preparar mano de obra barata, flexible y polivalente.

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