Entrevista a Miguel Izu, Parlamentario Foral de IUN-NEB

lunes, 30 de octubre de 2006
  • «Los políticos tenemos un nivel de credibilidad muy bajo y merecido»

 

  • Nací en Pamplona, donde vivo, el 22 de junio de 1960. A mis 46 años, soy soltero. Parlamentario en exclusiva desde el 2003, tengo aparcada mi plaza de vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Del Partido Carlista de 1976 a 1987 , milito en IU desde 1993. Presidí la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona.
  • Doctor en Derecho por la Universidad de Navarra y licenciado en Ciencias Políticas por la UNED, Miguel Izu asegura que comenzó a interesarse por la política cuando era un niño. El carlismo fue su principio e Izquierda Unida su destino. Izu fue concejal de IU en el Ayuntamiento de Pamplona y presidente de la Mancomunidad de la Comarca de 1995 a 1999.

[DIARIO DE NAVARRA] - 

 

-Usted es parlamentario en exclusiva, con sueldo de su partido. ¿Le garantiza tener mejor preparación que los parlamentarios sin dedicación plena?

-La dedicación exclusiva se nota. Nuestro grupo llega a las cosas. Otros, menos. Hay veces en las que algún grupo falta en una comisión, sobre todo en las que no son importantes. Los integrantes del grupo de IU optamos por tener una dedicación exclusiva, y también influye a la hora de presentar iniciativas. Espero que también incida en la calidad del trabajo parlamentario. Este Parlamento tiene mucha cantidad de trabajo, pero su calidad es bastante mejorable.

 

-¿Le parece bien que, durante una comisión, a un parlamentario le llaman al móvil, sale fuera y, para cuando entra, la comisión roza su fin? Esto sucede.

-Son malas costumbres. El móvil es una cultura que se ha instalado e interrumpe continuamente. Hay que tener buena educación y apagarlo o quitarle el sonido. Me resulta muy molesto estar hablando con alguien y que, de pronto, se te vaya porque tiene que atender el teléfono móvil, que es más importante.

 

-¿Enemigo del teléfono móvil?

-Me lo compré hace año y medio. Me resistí un poco. No lo necesitaba, pero a partir de cierto momento empecé a verle más utilidad. Las costumbres de cómo quedar, encontrarse y llamarse han cambiado. Esperé a que salieran los de tercera generación y me compré uno. De todas formas, llamo pocas veces y, así, animo a que me llamen menos.

 

-¿De cuánto es su factura mensual?

-He tenido recibos de 13 a 100 euros.

 

El desprestigio de su profesión

 

-¿Cómo cala la política en un niño?

-En mi caso, porque mi familia siempre ha seguido la actualidad. Cuando comencé a tener uso de razón, la política estaba muy presente porque eran los últimos años del franquismo y, luego, vino la transición. Vivíamos en una dictadura y tenía conciencia de que había que hacer algo.

 

-Y se decantó por el carlismo.

-Mi padre era simpatizante del Partido Carlista, y entré en lo que tenía más cerca. En 1986, se fundó Izquierda Unida y, dentro, estaban el Partido Carlista y el Partido Comunista. Trabajé en la primera campaña electoral y, a raíz de unos resultados bastante malos, el Partido Carlista decidió salirse. Yo estaba en contra de esa decisión porque me parecía que el Partido Carlista, solo, tenía muy poco futuro político, como así ha sido. Y lo abandoné.

 

-Examine su profesión.

-La política está mal. Pero siempre he visto la política mal y, por eso, estoy en ella. Si viviésemos en un mundo maravilloso y hubiera unos políticos perfectos, me dedicaría a otras cosas. No me gusta cómo es la realidad y quiero cambiarla.

 

-¿Qué no le gusta exactamente?

-La política es una actividad muy poco valorada y está muy desprestigiada. En un sistema democrático, es fundamental que la ciudadanía participe y se implique, pero la mayoría tiene una mala opinión de la política y se aleja de ella. Entonces, tenemos una democracia de muy baja calidad. Los políticos podemos hacerlo muy mal y ser muy malos, pero eso no quiere decir que haya que rechazar la política. Es un mal necesario con el que tenemos que convivir. La política se ha frivolizado mucho y, más que debate político, tenemos marketing político. Nos dedicamos a una campaña electoral permanente, que consiste en decir qué bueno soy y qué malos son los demás.

 

-Una campaña en la que también entra Izquierda Unida...

-No se libra nadie. Pero solemos enzarzarnos menos en las acusaciones y descalificaciones, aunque seguro que alguna vez se nos va la mano.

 

-Francamente, ¿considera que los ciudadanos les creen?

-Tenemos un nivel de credibilidad muy bajo y, en general, merecido. La gente ya sabe que el producto se exagera, que los políticos un día han dicho una cosa y otro no han hecho ni lo que dijeron ese día ni lo contrario.

 

-Usted es experto en leyes. ¿Son mejores que el diálogo?

-Depende de para qué. Para que corramos menos en las autopistas parece más eficaz una ley. Pero en otros temas debe funcionar más el convencimiento y el consenso. Si quieren solucionar por ley temas en los que debe imperar el diálogo, vas mal.

 

-¿Qué llevaría en su maleta para negociar con un etarra?

-No hace falta maleta, sino una mesa, un folio en blanco y un bolígrafo. La clave es saber exactamente qué quiere la otra parte.

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