Opinión

Nuestros Retos

martes, 04 de enero de 2011

Todo parece imposible hasta que se hace.

Nelson Mandela

 

La izquierda alternativa y transformadora Navarra tiene por delante dos retos que van a marcar el devenir y las posibilidades de cambio en Navarra en Mayo de 2011.

El primer reto al que tiene que hacer frente es el de la necesidad de articular un espacio político capaz de ir más allá de las meras coaliciones electorales, capaz de aglutinar a un amplio espacio sociopolítico que anhela desde hace años un acuerdo entre los diferentes Agentes Políticos y Sociales de la izquierda alternativa y transformadora de Navarra.

En estos momentos en los que la coalición electoral entre Izquierda Unida de Navarra y Batzarre nace como novedad de cara a la próxima cita electoral, con permiso de la desunión de la derecha, la Izquierda no se puede conformar con una mera alianza electoral de estos dos partidos.

La convergencia ideológica, programática e incluso organizativa de estas dos formaciones de cara a las elecciones de 2011 tiene el deber de generar ilusión y confianza en toda la Izquierda de Navarra.

Pero esa Izquierda no se circunscribe exclusivamente al ámbito de los partidos políticos sino que va más allá, y se plasma en los movimientos sociales que desde diferentes ámbitos y perspectivas vienen trabajando desde hace años en Navarra a favor de un modelo social más justo en lo económico, más cohesionado en lo social y más sostenible medioambientalmente.

Sindicatos de Clase, Organizaciones Ecologistas, Asociaciones de Vecinos, Asociaciones de Padres y Madres, Colectivos Culturales, Colectivos Juveniles y un largo etcétera, constituyen la red que teje la izquierda política y social de Navarra y tiene que verse reflejada y representada en este nuevo espacio electoral que  ha de consolidarse de cara a las elecciones del año 2011.

El segundo reto al que nos enfrentamos todos los Agentes Políticos y Sociales que anhelamos una alternativa a los ya demasiados años de gobiernos de la derecha, es el de movilizar a una gran masa de la ciudadanía progresista que desde hace años se siente desencantada de la política y en consecuencia, se queda en casa el día de las elecciones o termina recurriendo al temible voto útil.

En los últimos meses un sinfín de ciudadanos y ciudadanas han demostrado y manifestado públicamente su total desacuerdo con las políticas económicas, sociales y laborales que durante el último año viene impulsando y desarrollando el Gobierno del PSOE. Como máximo exponente del desacuerdo tenemos que recordar la pasada Huelga General de 29 de Septiembre, sin olvidar el reguero de manifestaciones, asambleas y actos de todo tipo, que las actuaciones políticas del PSOE han suscitado.

Miles de trabajadores y trabajadoras han participado de forma activa en una multitud de actos, trabajadores y trabajadoras que nos obligan a trabajar, desde la unidad y la racionalidad, con el objetivo de presentar ante la sociedad un proyecto de Izquierdas, creíble, amable, y alejado de las luchas cainitas, con las que tan acostumbrados hemos sabido convivir. Una Izquierda alejada de posiciones conservadoras y dogmatismos cosificados, que sea capaz de recoger la mejor tradición cultural y política del Movimiento Obrero del Siglo XX, pero que a la vez sea capaz de presentarse como un instrumento de cambio social creíble ante la sociedad del siglo XXI.

Por último, no quiero dejar pasar estas líneas, sin confesar uno de mis mayores deseos para el año 2011: el destierro del uso de la violencia como instrumento político en nuestra sociedad. Toda mi vida he convivido con esta realidad que ha creado un dolor y un sufrimiento que ya nunca podremos paliar y ha impedido un desarrollo pacífico y normalizado de la política.

Espero y deseo que por fin, durante el año 2011, callen para siempre las pistolas y todos los proyectos políticos puedan estar presentes en las elecciones municipales y forales, sin amenazas, sin coacciones, sin ilegalizaciones. Entre todos tenemos el deber y la responsabilidad de poner las bases para la reparación tanto moral como pública de todas las víctimas, y de establecer unos sólidos cimientos que posibiliten que, en nuestra sociedad, nadie vea sesgados sus derechos más básicos por defender una idea o un proyecto político nunca más.

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