Opinión |
Paradójico Robin Hood
A veces me pregunto si todos nos hemos vuelto locos. Porque algunos de nuestros dirigentes piensan que están tratando con niños pequeños que no tenemos criterio ni opinión. El otro día toda la prensa informaba que al señor Zapatero le había llamado por teléfono su amiguete Barak Obama para decirle: "José Luis, macho, que te tienes que apretar el cinturón… No me seas socialista…". Y todos tan contentos; porque el hombre de moda, el icono de la modernidad en política, el morador de la Casa Blanca, nos había llamado a nosotros. ¡A nosotros, simples habitantes del Estado español! ¡Qué detalle…! Y luego dicen que en EEUU ni siquiera saben dónde está España. ¡Ja!
Acto seguido, Zapatero informó, aconsejado por su buen amigo, de los recortes decididos por el Gobierno. Y se justificó diciendo que tampoco son recortes, que son medidas de ajuste. Medidas, además, necesarias e ineludibles. Y, sobre todo, que son unas medidas que soportan de manera solidaria los costes de la salida de la crisis.
Soy de las que pienso que esto no es cierto. Por muchas llamadas que recibamos del señor Obama, que el día que se alzó con la presidencia de EEUU parece que adquirió la capacidad de decisión planetaria. Porque puede que sea necesario tomar medidas. Pero no estas medidas. Porque el Gobierno pretende que la crisis la paguen los de siempre. Y pueden adornarlo con el recorte de sus salarios en un 15%. Pero hasta eso es una nadería. Zapatero se puede recortar su salario, pero la Casa Real, en 2010, se congeló su partida de libre disposición en 8,9 millones de euros. Es decir, que mientras los altos cargos del Gobierno ahorrarán con sus recortes en torno a 100.000 euros, si aplicáramos la misma medida al Rey y su familia, se ahorrarían 1,3 millones de euros.
Y no se trata sólo de la Casa Real. Son muchos otros los que más tienen y menos van a notar esta crisis. Se van a congelar las pensiones, pero hace pocos meses conocimos por la prensa que un alto directivo de la Banca española iba a percibir cerca de 90 millones de euros por su jubilación.
Y en nuestra sociedad tiende a sonar a chiste que a los funcionarios se nos vaya a bajar el sueldo una media del 5%. Pero muchos funcionarios mileuristas tendrán que seguir pagando su hipoteca haciendo malabarismos. A muchos funcionarios nos gustaría solidarizarnos con la crisis. Creemos que no estamos mal pagados y que tenemos el beneficio añadido de la estabilidad laboral. Pero creemos que solidarios sí, pero no así. Que este recorte, en realidad, ataca de lleno a los servicios públicos y los recursos sociales. Que se generaliza la idea de que las privatizaciones salen más rentables. Y a algunos, que multiplican por mucho el salario de cualquier funcionario, sí que les sale más rentable. Aunque a los ciudadanos nos cueste mucho más porque la actividad desarrollada por empresas privadas suele tener un mayor coste y un menor control del gasto público.
Pero, sobre todo, muchos funcionarios que tendríamos una actitud constructiva del tipo esto lo arreglamos entre todos, pensamos que estas medidas dejan constancia de que el Partido Socialista no pretende que esto lo arreglemos entre todos, sino sólo entre algunos. Entre el funcionariado, los trabajadores que sufren los EREs, los desempleados, los jubilados que verán congelada su pensión, las familias con dependientes a cargo, las futuras madres... Mientras tanto, los que más tienen no pagan Impuesto de Patrimonio. Sólo con recuperar este impuesto las arcas públicas recibirían 2.200 millones de euros. Porque no se trata sólo de recortar, se trata también de recaudar. Y claro que, entonces, los más ricos tendrían que pagar. Pero eso ni se tiene en consideración. Nos ha salido caro el regalo aquél de los 400 euros de ZP.
Porque en este país está claro que no paga el que más tiene. El paro sube, los sueldos bajan, las ayudas sociales tienden a desaparecer y, aunque nadie tiene más o menos hijos porque le vayan a pagar 2.500 euros, fue este mismo gobierno socialista quien se empeñó en implantar esta ayuda como una de sus muchas promesas electorales. De esas promesas electorales que hoy se quedan pisoteadas en el suelo de los despachos de los más poderosos. Ésos a los que no les afecta la crisis, ni les afectará mientras alguien nos siga intentando vender que el socialismo es seguir dando más a aquéllos que más tienen, como un Robin Hood paradójico.
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