Opinión

Refundar no es cambiar de nombre a Izquierda Unida

martes, 11 de mayo de 2010

La conferencia del 7 de mayo de 2010 en Pamplona de Armando Fernández Steinko abre a la opinión pública un proceso al que hemos denominado, que no definido, Refundación de Izquierda Unida de Navarra. Abierto el proceso, toca opinar y trabajar.

 

Digo que hemos denominado y no definido el termino refundación, porque según quien se exprese en Izquierda Unida, tiene una interpretación u otra. No está escrito con claridad en nuestra organización, y varía según el momento o el interés de quien lo expone. Personalmente me alegra que sea él quien dé comienzo a este proceso en Navarra, su definición de refundación publicada en artículos de prensa coincide con lo que pienso. Steinko nos dice: "Porque el acuerdo (de IU) no es refundar Izquierda Unida, sino utilizar sus recursos organizativos, políticos y económicos, su rica experiencia acumulada para lanzar un proceso de convergencia de todas las personas, grupos, organizaciones y sensibilidades que hoy se reclaman de la izquierda; el acuerdo es darle una nueva expresión política y organizativa a la -nueva- izquierda social". En base a esta definición me pronuncio.

 

Abrir este proceso, con todos sus riesgos, no se hace cuando una organización política está en su momento de gloria, se plantea cuando una organización comprueba que su capacidad de influencia social está cada vez más limitada. Se plantea inteligentemente cuando se intuye que hay posibilidad de concluir el proceso con éxito. En estos momentos en Navarra, cuya realidad creo conocer, se cumplen las dos premisas: la difícil coyuntura y la posibilidad de éxito. Es un proceso en el que todos debemos participar sin exclusiones, sin corrillos, sin hegemonías ni controles, donde Izquierda Unida de Navarra tenga como único cometido coordinar el proceso, nunca marcar los límites. Porque si no es así, el fracaso está garantizado. Y no valdrá dentro de unos meses, con el argumento de la imposibilidad de llegar a buen puerto, aparcar el proceso, ya no valdrá que las mismas siglas y también las mismas caras que han puesto el tren en marcha lo paren. Porque no será un problema de imposibilidad, será incapacidad de una organización de desarrollar un proceso necesario para una parte importante de la sociedad de Navarra.

 

En Navarra, una parte de la ciudadanía de sentir socialista y de izquierdas, incluidos militantes y ex militantes, no comparten ni las formas ni el modo de quienes les representan en Navarra, de un PSN que entiendo está obligado a desarrollar una oposición como alternativa de gobierno, pero que se desdibuja por su colaboracionismo en políticas en las antípodas de lo que una parte de la sociedad le reclama, de una sociedad que no comparte la incapacidad o imposibilidad de tomar sus propias decisiones sin estar sometidos a lo que desde Madrid les imponen. El malestar de estos ciudadanos, y este dato es importante, es con el PSN y sus dirigentes.

 

Hay quienes creen en la necesidad de tener una organización identificada abiertamente con nuestra Comunidad Foral, como una comunidad diferenciada, pero una organización comprometida, que ponga en valor nuestra cultura, nuestras tradiciones. Ciudadanos que no son nacionalistas, pero que pueden votar nacionalismo por falta de alternativa.

 

Están otros, los desencantados, desilusionados, descreídos, molestos, que se quedan en casa o participan en agrupaciones locales, que dejaron de ver a Izquierda Unida de Navarra por su mínima capacidad de influencia en Navarra, el referente que necesitan. Con seguridad, sólo hay que mirar el último navarrómetro, hay otros colectivos que se siente huérfanos de la política, incrédulos ante quienes se reclaman sus representantes.

 

Por lo tanto, éste es el espacio a cubrir, personas individuales más que organizaciones, agrupaciones o asociaciones que por su heterogeneidad no se identificarán como grupo con ningún partido o coalición, pero que a título individual muchas de las personas de estos colectivos se sentirán atraídas por esta nueva vía. Y, cómo no, los que aquí estamos, aquí no sobra nadie. Ésta es la base potencial de una nueva organización política que debe nacer. Y lo debe hacer con un objetivo alcanzable, con una fecha concreta: participar en las elecciones municipales y autonómicas de 2011. No se puede dejar para otro tiempo, es inexcusable no participar en mayo de 2011. No presentarse públicamente, en el formato que se apruebe, antes de final de este año, hará inviable este proceso. Se debe hacer convencidos de la propia capacidad y de la necesidad de la ciudadanía de tener la ilusión de poder votar a una organización que aspira a influir y poder decidir en todas y cada una de las administraciones en las que presente candidaturas.

 

Una organización en la que, sin perder los valores y principios de una izquierda tradicional, quepamos todos, que modernice sus discursos, participe de verdad de las nuevas tecnologías, adapte su lenguaje a la realidad social del siglo XXI, que se deje de maximalismos y se plantee lo que nos une y no lo que nos separa. A muchos de los que están fuera y también dentro de Izquierda Unida nos une ver que el sistema económico que nos rige no da repuesta adecuada a las necesidades del conjunto de la población, sistema que unos querrán cambiar y otros mejorar. Nos une la necesidad de influir y decidir en Navarra, luego, a unos les sobrará con Navarra y otros querrán influir y decidir sobre el mundo mundial. Nos unen valores como que el laicismo sea una realidad, o que nadie, por nacer en una cuna ocupe puestos en jefaturas políticas. Nos unen muchas cosas a las que luego podemos buscar aristas, pero que si buscamos sólo las aristas, continuaremos estando muy convencidos de lo que somos, pero mantendremos nuestra incapacidad de decidir las políticas dónde y cómo queremos vivir.

 

Por lo tanto, al tren al que yo me subiré en este proceso será el que plantee una organización nueva, que abandone las alturas, que deje de dar clases y la murga a la sociedad de lo que es la izquierda, la libertad, la democracia y muchas otras cosas que todos tenemos muy claras. Una sociedad democráticamente madura como la navarra ya sabe quién es cada cuál y qué representa. Una organización que deje de mirarse el ombligo y dedique su tiempo a conocer los problemas del día a día de los ciudadanos, a darles soluciones. Una organización que nazca desde la base social. Que nazca desde los municipios, lugar de duras y alegres realidades.

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