Opinión

Nacionalismo e izquierda, un debate permanente.

viernes, 26 de marzo de 2010

La cuestión nacional ha sido objeto de debate permanente en el seno de la izquierda.

 

Dsde las obras “clásicas” de Lenin y Rosa Luxemburgo, hasta el más actual Pierre Vilar.

 

En esta Navarra foral, la cuestión nacional se convierte en arma arrojadiza de unos contra otros. Los unos, que quieren una Nafarroa euskaldún, e integrada en una Euskal Herría independiente. Los otros, que dicen que Navarra es foral y española.

 

Dos proyectos políticos antagónicos que polarizan a la ciudadanía, y que en cada envite electoral miden fuerzas.

 

Un debate que se traslada también a la izquierda, dividiendo a parte de ella en “navarristas” y “abertzales”, dificultando así la creación de un bloque de izquierdas frente a la derecha.

 

Quiero exponer mi opinión acerca de este debate.

 

La defensa de una determinada identidad nacional es un derecho democrático que debe ser reconocido por la izquierda, y de hecho lo es en la izquierda que proviene de la tradición comunista. Cualquier nacionalidad tiene derecho a existir, a expresarse.

 

Por otra parte, y partiendo de ese reconocimiento, es también necesario reconocer que en Navarra coexisten dos identidades nacionales, las ya señaladas, y que ambas son legítimas.

 

No es mi propósito legitimar a una u otra, recurriendo a datos históricos, siempre seleccionables de acuerdo con el criterio previo de cada uno.

 

Para dar una respuesta a la cuestión nacional desde la izquierda, es necesario situarla en el contexto actual, y desde la perspectiva de la izquierda.

 

Y decir desde la izquierda es decir desde los trabajadores, y desde la defensa de los intereses y valores que históricamente han defendido los partidos y sindicatos de clase. Los intereses de un nivel de vida digno, de un salario suficiente, del reparto del trabajo, de la participación en la política, la igualdad de género, la paz. A los que se añaden otros que han ido surgiendo como reacción a los problemas del desarrollo económico, como es la cuestión medioambiental. Los valores de la solidaridad, de la igualdad, de la democracia e inclusive de la libertad, desde otro prisma que la derecha y los capitalistas.

 

Y desde esos intereses y esos valores, es desde donde se plantean las respuestas al mundo de hoy. Un mundo en una gravísima crisis, no sólo financiera, sino también económica, política, social, ecológica y moral. Porque es en ese escenario en el que es preciso situarse. Son esos, y no otros, los problemas más acuciantes. Son el derecho al trabajo, el reparto de la riqueza, los problemas reales de los trabajadores. La respuesta de la izquierda es la defensa de lo público frente a lo privado, del interés de la mayoría frente al beneficio de unos pocos; la planificación de una economía al servicio de la mayoría, decidida de forma democrática, y por tanto desde lo público, y la participación de los trabajadores en los centros de trabajo.

 

Por tanto, la respuesta a la cuestión nacional debe darse en función de la defensa de los intereses y los valores expuestos, y en el contexto actual.

 

La cuestión nacional, desde la izquierda, no puede ser utilizada como cuña para dividir a los trabajadores. Los trabajadores, la izquierda, no podemos ser el tonto útil de luchas por el poder entre facciones de las clases dominantes, léase burguesías y su representación política. El nacionalismo ha sido utilizado históricamente por las burguesías para enfrentar a unos trabajadores contra otros. Antaño, con guerras. Actualmente, dividiendo el mercado de trabajo, parcelando a los trabajadores para romper el sentido de unidad de clase y solidaridad, y haciéndonos competir unos contra otros, en términos de bajada de cotizaciones e impuestos a los capitalistas en función del territorio donde se asientan. Porque eso está detrás de la ruptura de la caja única de la Seguridad Social, y el “marco propio de relaciones laborales”, que reivindican fuerzas políticas y sindicales nacionalistas.

 

Pero tampoco la izquierda puede ser cómplice de actitudes “jacobinas”, en el sentido de la centralización y uniformización cultural que han llevado a cabo las burguesías “estatales” en detrimento de las burguesías “periféricas”. En España hay “nacionalidades”, es decir, hechos nacionales que no han conseguido realizarse como “Estados-Nación”, cuyas burguesías están en constante tira y afloja con el poder central para obtener mayores cuotas de poder y recursos. Y hay una burguesía estatal, cuyo máximo representante político es el Partido Popular, que juega interesadamente a exaltar un patriotismo nacional-católico español. Ambos nacionalismos, central y periféricos, se retroalimentan, arrastrando con su remolino a muchos trabajadores.

 

Desde la izquierda, la cuestión nacional debe ser abordada en términos de defensa de los intereses de clase, y en términos de democracia y libertad.

 

La defensa de los intereses de clase pasa por defender amplios espacios comunes de relaciones laborales, de lucha de clases y de transformación social. En definitiva, de solidaridad. Porque la unidad fortalece, y la división debilita. Porque el capital es cada vez más transnacional, y hay que hacerle frente superando el marco estatal, y no dividiendo este en marcos más pequeños. Porque la salida a la crisis supera el marco estatal, y alcanza el europeo.

 

La defensa de la democracia y la libertad trae consigo el respeto e incluso el respaldo de los hechos nacionales, en términos de producción cultural, de expresión de las señas de identidad, de gestión autónoma de los recursos propios. Y también del derecho a decidir de forma dialogada y consensuada el marco político, es decir, la autodeterminación. Entendiendo que este es un aspecto más de la democracia, la cual debe hacerse extensiva a todos los órdenes: político, económico, social, medioambiental, etc.

 

La defensa de la solidaridad y la defensa de lo propio encuentran la síntesis en el federalismo. Un modo de entender el Estado que se sustenta en la idea del pacto (faedus-i). Un pacto federal libremente asumido por el cual se gestiona de forma centralizada lo que es común, como son los aspectos que tienen que ver con la igualdad y la solidaridad, es decir, la producción y el reparto de la riqueza, así como un marco judicial y educativo común, y un aparato estatal que atienda infraestructuras comunes, y dé respuesta a emergencias y política exterior.

 

Y una gestión autónoma de lo que es propio, como son los servicios más cercanos a la ciudadanía: salud, educación, cultura, atención a la dependencia, medioambiente, etc.

 

La respuesta de la izquierda al nacionalismo es compleja, ya que culturalmente se sitúa en otras coordenadas. Sin embargo, hay que responder sin dar argumentos al imaginario nacionalista que busca fortalecerse en el victimismo.

 

Se me ocurre una: “Hechos nacionales, si, pero no así”. Sí al apoyo a la libre expresión identitaria, sí al autogobierno, dentro del federalismo. No a la insolidaridad, no a la imposición ni a la exclusión.

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