Documento Político aprobado el 27 de febrero de 2010 en la 8ª Asamblea de IUN-NEB (III)

3. EL ENTORNO POLÍTICO. 

3.1. La crisis económica, el agotamiento de un modelo social y político.

3.2. Las respuestas de la derecha, las respuestas desde la izquierda.

3.3. España, la necesidad de la alternativa.

3.4. Navarra, las dificultades del cambio.

3.5. El reto de 2011.

 

 

3. EL ENTORNO POLÍTICO.

 

3.1. La crisis económica, el agotamiento de un modelo social y político.

 

Durante las tres últimas décadas la ideología neoliberal, actuando como un rodillo frente a cualquier oposición, ha logrado imponer de forma global sus modelos y recetas tanto en el orden económico como en el político. En la economía el neoliberalismo global ha consagrado como regla de oro la absoluta supremacía del libre mercado y el interés individual sobre lo público y el interés general. Este principio general se ha traducido a lo largo y ancho del mundo en un aluvión de desmantelamientos de políticas públicas, de privatizaciones de empresas y servicios públicos, de rebajas y supresiones de impuestos a las rentas del capital y empresariales, de eliminaciones y reducciones de derechos laborales, de desregulaciones del mercado de trabajo, y en definitiva de marginación de cualquier espacio o instrumento de protagonismo y representación de lo colectivo o lo público.

 

Y en lo político el pensamiento neoliberal ha tratado de vaciar la democracia real, viva y participativa, ofreciendo como placebo que la sustituya una supuesta democracia de mercado basada en la satisfacción de necesidades e intereses individuales. Una democracia de mercado en la que la política se limita a publicitar y ofertar imágenes y candidatos que se compran o se desechan como cualquier otro producto, y en donde la política democrática, entendida como un conjunto de derechos, instrumentos y procedimientos que sirven al ciudadano para ser protagonista de las decisiones públicas, para participar e intervenir activa y decisivamente en lo público, pierde terreno y protagonismo porque el ciudadano político pasa a ser un consumidor de la política. Un consumidor de la política al que se le convence de que participar en ella no le interesa, que la debe dejar en manos de profesionales eficaces, porque lo que le conviene es dedicar todo su tiempo y esfuerzo al mercado y a su enriquecimiento personal.

 

Estas son las doctrinas que han campado a sus anchas por todo el mundo los últimos treinta años, y que hemos conocido y padecido bajo el concepto de globalización neoliberal. Pero para que estas ideas, radicales y sectarias, se hayan impuesto de forma tan general ha sido necesario el cumplimiento de una condición previa imprescindible: la supremacía ideológica y cultural alcanzada por el neoliberalismo, y por sus contravalores, sobre los principios y valores de la izquierda.

 

Treinta años de globalización neoliberal no encontraron una resistencia coherente y firme de la izquierda en el terreno ideológico y cultural, sobre todo por parte de los partidos socialdemócratas, y la consecuencia fue la hegemonía de la derecha. Durante los últimos 30 años la derecha desplegó una contundente lucha de clases de ¨los de arriba¨ contra ¨los de abajo¨  (esa ha sido la esencia del neoliberalismo) frente a la que muy poca resistencia ideológica ha presentado la socialdemocracia que se ha dedicado a gestionar el día a día allí donde gobernaba mientras se desmantelaban las políticas públicas de intervención económica, se bajaban impuestos y se consolidaba una sociedad asentada en los valores del individualismo y el consumismo.

 

En todo caso las propias contradicciones y limitaciones del sistema capitalista y de globalización neoliberal nos han conducido al colapso del modelo y a la brutal crisis que hoy padecen, no los responsables y gestores del sistema, sino millones de ciudadanos que se han convertido en sus víctimas. Las enormes burbujas financieras e inmobiliarias que al explotar se han llevado por delante los ahorros y el futuro de millones de ciudadanos, la extensión del fraude y la corrupción que amenaza con hundir la ya escasa credibilidad democrática de las instituciones, la vertiente financiera de la crisis, en otras palabras, ha servido para poner de relieve el papel parasitario de la gran banca y entidades a ella asociadas. Pero no sólo ha sido una crisis financiera, ya que la de la economía real no se le ha quedado atrás y ha sido quizás la primera crisis económica de naturaleza verdaderamente mundial, aunque no uniforme, que ha sufrido la humanidad. Ni la crisis ni el aumento del paro ni la exclusión social son maldiciones divinas, sino la consecuencia inevitable de un sistema y un modelo que ha endiosado el mercado y el individualismo, y que ha condenado la participación democrática y el valor de lo público.

 

Por lo tanto en buena lógica la crisis que ahora afrontamos es la crisis del sistema mismo y la solución debería pasar por una transformación de raíz de la sociedad. No se trata de sustituir un modelo de capitalismo (“neoliberal”), malo, por otro (“desconocido aunque sostenible”), bueno. De no hacerlo, bien pudiera suceder que la salida de la crisis se salde en lo económico con una nueva vuelta de tuerca en la continuidad y profundización del modelo neoliberal, y en lo político con una aún mayor deserción de la ciudadanía de la política. Lo cierto es que por mucho que el sistema salga de esta crisis, volverá a tener otras en algunos años, con sus secuelas de paro y empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera. sostenibilidad y mercado son términos irreconciliables.

 

Todo dependerá de la correlación de fuerzas  existente, y de la capacidad de la izquierda para presentar alternativas y movilizar en torno a ellas a la sociedad. Y todo dependerá también de si la izquierda planta batalla a la derecha en el terreno de los valores y los principios. De esta forma, y poniendo la prioridad en el conjunto de crisis que sangran el planeta (sociales, económicas, medioambientales, norte-sur, alimentarias, militaristas...) la izquierda debe recuperar su alma, sus principios y valores, para poder volver a dar la batalla por otra Europa posible, y por otro mundo posible. Una Europa y un mundo socialista.

 

El capitalismo, se nos decía, era el único sistema económico posible, el desplome de los regímenes existentes en la hoy extinta URSS y sus países aliados suponía el fin de la historia y un largo período de crecimiento en los países desarrollados anunciaba el fin de la crisis cíclicas que lo habían sacudido en el pasado. Este aparente éxito, que la actual crisis ha hecho saltar en pedazos, era la base material sobre la que se basaba la supremacía ideológica y cultural de los valores del capitalismo, mientras la izquierda se sumía en una profunda desorientación, que en el caso de los dirigentes de la socialdemocracia se traducía en una asunción de esos valores y políticas.

 

3.2. Las respuestas de la derecha, las respuestas desde la izquierda.

 

Hace dos años el gobierno socialista prometía el pleno empleo, y hoy más de cuatro millones de parados son el más contundente termómetro social del fracaso de las políticas económicas aplicadas en las últimas dos décadas por el PSOE y el PP. Hoy en el propio desarrollo y gestión de la crisis el PSOE también está marcando la raya que separa a los responsables de sus victimas, pero no precisamente en favor de estas últimas.

 

En el último año bancos y cajas, responsables en primera línea de la burbuja inmobiliaria, han puesto la mano para recibir del gobierno decenas de miles de millones de euros mientras centenares de miles de trabajadores y trabajadoras ponían la cara para recibir los golpes de la crisis en forma de paro y exclusión social. Jóvenes, inmigrantes, trabajadores temporales, autónomos y pequeños empresarios han sido los paganos fundamentales de esta catástrofe social mientras que buena parte de sus máximos responsables obtenían del gobierno los apoyos y ayudas que reclamaban.

 

Ante este escenario es preciso reconocer que la izquierda social y política no ha sido capaz, no hemos sido capaces, de impedir mediante la lucha y la movilización que sean los más débiles los que sufran y padezcan los costes del desastre social que supone la presente crisis económica. El ajuste del modelo económico se ha producido, proceso que continúa, en términos de pérdidas masivas de empleo. Y a partir de ahora lo que se va a decidir es en qué condiciones y con qué contenidos se diseña y se realiza la salida de la crisis. Y es en este terreno donde se aprecian con más claridad las diferentes alternativas que presentan la izquierda y la derecha.

 

En este momento ya están claramente planteados los dos escenarios posibles de salida de la crisis económica; el escenario propuesto  abiertamente por la derecha económica y política por un lado, y la salida alternativa que sostenemos desde la izquierda política y social por otro. Y en medio, sin despejar las dudas y las incertidumbres sobre el rumbo a seguir, continua un gobierno del PSOE que un día afirma que no permitirá ningún recorte de derechos mientras que al día siguiente sostiene la necesidad de una reforma laboral.

 

La receta de la derecha ha sido hecha pública tanto por sus portavoces políticos como empresariales, y tiene como contenido fundamental reformar el mercado de trabajo para reducir derechos a los trabajadores, posibilitar con carácter general los despidos sin pasar por la tutela de los tribunales o la autoridad laboral, reducir las cotizaciones empresariales a la seguridad social, reducir los impuestos a las empresas y asimismo reducir los salarios. De esta manera CEOE, PP y CIU, la derecha política y económica, persiguen no solo que los trabajadores paguen los platos rotos de la crisis, como ya lo están haciendo en forma de destrucción masiva de empleo, sino que además salgan de la misma con menos derechos y más debilitados. Si estas propuestas pasan al BOE tendremos, no solo ya la actual destrucción de empleo que padecemos, sino también menos protección social, menos servicios y políticas públicas, despidos todavía más baratos, menos salarios, menos pensiones, y en definitiva mucha más desigualdad e injusticia social.

 

Nosotros, por el contrario, desde la izquierda política y social estamos defendiendo una salida de la crisis por una parte favorable a los trabajadores y a la mayoría social, y por otra que ponga las bases para un modelo económico y social alternativo. Por no retroceder sino avanzar en derechos sociales y laborales eliminando la contratación temporal fraudulenta, mantener las cotizaciones sociales a la Seguridad Social, no descargar sobre los salarios nuevos ajustes sociales, aumentar los impuestos a los que más tienen para incrementar las políticas públicas y la protección social, nacionalizar la banca y los sectores estratégicos de la economía para ponerlos al servicio de la satisfacción de las necesidades sociales mediante la planificación democrática de la economía, en la apuesta por el capital humano, y en la participación real de los trabajadores en las decisiones económicas y empresariales y en la gestión de los asuntos públicos.

 

Estas nuevas políticas que proponemos conllevarían un cambio en la línea económica que tanto PSOE como PP han aplicado en las últimas décadas, y supondría orientar la gestión y la salida de la crisis a favor de las personas y los trabajadores. Y esta es la apuesta que defiende, y por la que trabaja y se moviliza IU para lograr una salida justa y democrática a la crisis. No es nuestro programa de máximos, no es el socialismo democrático del siglo XXI al que aspiramos, pero sí debe ser el contenido compartido por la izquierda política y social para movilizarse frente a las exigencias antisociales de la derecha.

 

Los sindicatos por su parte tratan en este momento de alcanzar estos objetivos en el proceso de diálogo social. El gobierno del PSOE ya ha dejado claro donde se posiciona: con una salida antisocial de la crisis. Su trayectoria y sus decisiones de política económica en los últimos años no le sitúan precisamente al lado de la izquierda y los trabajadores: apoyó el ahora colapsado modelo económico sustentado en la especulación del ladrillo y el endeudamiento masivo, ha aplicado rebajas de impuestos a los ricos (bajar impuestos es de izquierdas llegó a afirmar Zapatero), o ha transferido decenas de miles de millones de euros del sector público al sistema financiero sin exigir responsabilidades y sin impulsar un sistema financiero público. Y finalmente continúa lanzando significativos guiños a la derecha económica y política entre los cuales destaca sus pronunciamientos a favor de una reforma laboral, sin precisar su contenido, a pesar de que no ha sido el mercado de trabajo el responsable de la crisis y el paro.

 

En este contexto IU estará en movilización permanente contra la crisis y sus responsables. Debe estar, por lo tanto, concienciada, dispuesta y movilizada para participar en primera línea, en la defensa de los trabajadores y de una sociedad más justa y solidaria. IU estará preparada para intervenir ante cualquier forma que presente, en un  futuro próximo, el conflicto social que supone una crisis económica.

 

3.3. España, la necesidad de la alternativa.

 

La política española se caracteriza en estos últimos años por el asentamiento de un bipartidismo PSOE-PP que recuerda mucho al turnismo de la Restauración. Gracias al sistema electoral, al control de los medios de comunicación públicos y privados y al uso partidista de los espacios institucionales, los dos grandes partidos han ido desplazando a todos los demás ampliando su ámbito electoral y político. Sólo los partidos nacionalistas y regionalistas, gracias a la concentración del voto en una Comunidad Autónoma o una provincia, logran mantener una representación adecuada a sus votantes y una capacidad de presencia pública y propuesta política. El régimen electoral castiga especialmente a Izquierda Unida y deja a cientos de miles de ciudadanos sin representación tanto en las Cortes Generales como en los parlamentos autonómicos y ayuntamientos.

 

La  alternancia en el gobierno de PP y PSOE en los últimos años nos ha permitido observar las diferencias entre ellos, pero también sus coincidencias. Los ejecutivos de Rodríguez Zapatero han impulsado algunas políticas progresistas (que han contado con el apoyo de IU) en cuanto a reconocer derechos sociales y políticos; en tal sentido podemos mencionar la reforma del matrimonio, equiparando a las parejas homosexuales, la ley de la dependencia, la ley de igualdad de hombres y mujeres, la ley de salud sexual y reproductiva, etc. Medidas que ante la caricatura que de Zapatero hace la derecha más extrema, política y mediática, presentándole como un peligroso líder izquierdista y radical, le permiten mantener cierta etiqueta de progresismo. Pero medidas que, en general, no cuestan mucho dinero o no ponen en peligro el orden económico existente. También se apuntó algún tanto en el terreno del pacifismo retirando las tropas de Iraq; pero que ha compensando en la guerra de Afganistán con la presencia de tropas españolas apoyando la intervención de la OTAN. Pero donde el PSOE no se diferencia tanto del PP es en la política económica y fiscal. En ese sentido, hay demasiada continuidad entre las políticas de los gobiernos de Aznar y las políticas de los gobiernos de Zapatero. No es extraño que ambos se hayan comprometido con el Tratado de Lisboa, o que el PSOE pueda apoyar a Van Rompuy o Durão Barroso, junto con toda la derecha europea, para dirigir la Unión Europea. La llegada al poder del PSOE no supuso ninguna ruptura con las recetas neoliberales imperantes; y la corrección de esas recetas que ha impuesto la crisis económica ha sido también pareja con la que los demás gobierno europeos y occidentales han aplicado, una política económica que privatiza los beneficios y socializa las pérdidas contribuyendo no a redistribuir la renta con criterios sociales sino a restaurar y garantizar la tasa de beneficios del capital bancario. Medidas como suprimir impuestos a los ricos (el Impuesto sobre el Patrimonio), seguir resolviendo la necesidad de recaudación con la imposición indirecta (subida del IVA), auxiliar con dinero público a los bancos en crisis en mucha mayor medida que lo que se auxilia a las pequeñas empresas o a los parados, o subvencionar la pervivencia de la cultura del ladrillo mientras se invoca un cambio hacia una economía basada en la I+D, pero recortando los presupuestos para ello y amenazando con el Plan Bolonia el carácter público de la enseñanza universitaria y su pensamiento crítico e independiente del mercado y del capital, caracterizan a un partido que hace años pasó en cuanto a modelo económico de la socialdemocracia más moderada al liberalismo progre. Que el PSOE hace prácticamente la misma política económica y fiscal que haría el PP queda patente cuando Mariano Rajoy clama contra ella para desgastar al gobierno y recoger los correspondientes réditos electorales pero es incapaz de enunciar sus alternativas.

 

Que en España haya posibilidad de una alternativa a este nuevo turnismo de vocación conservadora, que sea posible una verdadera alternativa de izquierdas y no una mera alternancia, pasa necesariamente por un fortalecimiento de Izquierda Unida, tanto a nivel electoral como social, por la movilización de una izquierda que es mucho más amplia que nuestro electorado en estos últimos años, por implicar a todos los sectores progresistas que no se conforman con el mal menor de que gobierne el PSOE, aunque sea pactando con la derecha nacionalista de CiU, PNV o CC, para que no gobierne el PP pactando con la derecha nacionalista de CiU, PNV o CC.

 

3.4. Navarra, las dificultades del cambio.

 

El Gobierno de Navarra se mantiene en manos de UPN, en solitario o en coalición, desde 1991. Sólo durante un año, en 1995, funcionó un gobierno diferente que se sostenía con el apoyo parlamentario de IUN-NEB sobre la base de un pacto programático de progreso. Por lo tanto cuando en 2011 termine la actual legislatura cumpliremos dos décadas de gobiernos casi ininterrumpidos de la derecha en Navarra. Veinte años en los que el cambio político de izquierdas en Navarra no se ha producido, y lo que es más grave, en los que la izquierda tampoco ha avanzado significativamente en disputar las mayorías sociales y políticas a la derecha navarrista y al nacionalismo vasco.

 

No se trata solo de que los espacios políticos clásicos de Navarra (la derecha navarrista, la izquierda y el nacionalismo vasco) hayan mantenido sin grandes oscilaciones el peso electoral que vienen acreditando desde la transición, sino que también, y esto  es mucho más preocupante, la izquierda tampoco ha sido capaz de arrebatar a la derecha regionalista y al nacionalismo vasco la que viene siendo su principal baza política, que no es otra que haber hecho de la confrontación y mutua exclusión identitaria el centro y el eje de la lucha social y política en Navarra.

 

No es el objeto de esta ponencia el analizar como durante los últimos años de la dictadura y los primeros de la transición se gestó este escenario en Navarra. Sin embargo resulta evidente que ETA fue un factor decisivo al conseguir que una buena parte de la lucha y movilización social contra la dictadura se transformara en adhesión y lealtad hacia el nacionalismo excluyente que representaba. Y este proceso, fuerte e intenso durante los años de la transición, ha determinado de forma decisiva la configuración de los espacios y de la agenda política en Navarra hasta el día de hoy.

 

Así, la derecha regionalista y el nacionalismo vasco han actuado como polos antagónicos y mutuamente excluyentes, pero a la vez como aliados imprescindibles para recrear una lucha de identidades que a ambos ha interesado para fortalecerse social e ideológicamente. Una lucha de identidades que finalmente también ha contribuido a paralizar, desorientar y hasta asfixiar social y culturalmente a la izquierda. El enfrentamiento identitario retroalimenta tanto a la derecha navarrista como al nacionalismo vasco, moviliza sus bases sociales, y es una herramienta esencial para disciplinar al electorado en función de ese eje de confrontación, y por ello a quien beneficia principalmente es a quienes se oponen a la transformación de las actuales estructuras económicas y sociales. En este sentido no se debe olvidar que en lo práctico, es decir en el saldo electoral y en la balanza del poder, el hecho de que en gran medida el centro y el eje de la lucha política hayan pivotado sobre la confrontación y la exclusión identitaria se ha traducido en triunfos de la derecha navarrista, es decir, en garantizar una primacía electoral a esa derecha.

 

Por lo tanto cuando hablamos de las dificultades del cambio, y en concreto del cambio de izquierdas, nos enfrentamos en Navarra con unos condicionantes que durante décadas han obstruido decisivamente el avance de ese cambio. El primero de ellos es el propio mapa electoral histórico de Navarra, esto es, la distribución y el peso de los diferentes espacios políticos. Espacios políticos que en Navarra son la izquierda, la derecha navarrista y el nacionalismo vasco. Enfrentamos un mayoritario, aunque no absoluto, peso social y electoral de una derecha navarrista firmemente asentada en extensas redes económicas, sociales y culturales; y también afrontamos una consolidada presencia de un nacionalismo vasco fuertemente identitario que, en no pocas ocasiones, ha utilizado la lengua, la historia o la cultura como instrumentos al servicio de su construcción nacional, y que ha conseguido también articular importantes redes de socialización.

 

En segundo lugar nos encontramos con que el propio choque entre estos dos espacios ha desplazado y orillado la agenda social y de izquierdas del foco de la lucha política y electoral; choque entre la derecha navarrista y el nacionalismo vasco ante el que la izquierda no ha ofrecido una respuesta y una alternativa lo suficientemente autónoma, sólida, resistente y coherente. Por el contrario hemos comprobado como la referencia electoral mayoritaria del centro izquierda, el PSN, ha sido incapaz de asumir una posición de iniciativa y liderazgo progresista, y hemos visto como en momentos decisivos ha asumido una posición de clara subordinación ante la derecha navarrista. Así sucedió en 1996 cuando en vez de optar por rehacer un gobierno con base parlamentaria y programa progresista optó por ceder el gobierno  a UPN, y así sucedió también en 2007 cuando renunció a la presidencia de un gobierno tripartito de progreso y optó, nuevamente, por ceder el gobierno a UPN. Consideramos que resulta muy difícil, por no decir imposible, fortalecer y hacer avanzar un cambio de izquierdas desde la posición de renuncia y auto anulación que ha caracterizado la trayectoria política del PSN. Cuando los ciudadanos y el electorado de izquierdas comprueba todos los días el apoyo continuado del PSN al gobierno de UPN, y a sus políticas, se produce un efecto de desorientación y desmovilización que resta opciones al cambio progresista.

 

Y un tercer elemento que ha condicionado la viabilidad del cambio político ha sido que una mayoría del nacionalismo vasco en Navarra ha mantenido una posición radical y excluyente en la reivindicación identitaria. Este factor ha sido una constante desde la transición hasta la irrupción de Nafarroa Bai. De hecho, hasta la ilegalización de Batasuna el nacionalismo que no ha condenado el terrorismo de ETA ha sido mayoritario en Navarra en relación al nacionalismo democrático. Esto ha impedido durante muchos años cualquier escenario amplio de acuerdo de este espacio con la izquierda en torno a un programa progresista. Con la escisión de Aralar y la irrupción de Nafarroa Bai parecía que un bloque mayoritario del nacionalismo vasco en Navarra podía evolucionar hacia posiciones más abiertas, plurales y progresistas, además de democráticas, y permitir así escenarios programáticos de acuerdos amplios con la izquierda. De hecho en 2007 Nafarroa Bai se presentó a las elecciones forales con un discurso y una propuesta que se reclamaba defensora de la pluralidad en lo identitario y el progresismo en lo ideológico.

 

Sin embargo dos años y medio después de aquellas elecciones vuelve a resultar alarmante el retorno de Nafarroa Bai, al menos de sus principales componentes, hacia posiciones firmemente ancladas en reivindicaciones identitarias. Así, en Nafarroa Bai son hoy hegemónicos quienes aspiran a construir un frente nacionalista de la mano de Batasuna, cuando ETA decida poner fin a la violencia, con el que contribuir a dividir la sociedad vasca en identidades nacionales enfrentadas e incompatibles, y poder situar en la reivindicación soberanista la prioridad máxima de la lucha social y política. En esta estrategia, la cultura, la historia o la lengua, patrimonio de todos los navarros, son utilizados de forma partidista como instrumentos al servicio de la construcción nacional, la fractura entre identidades confrontadas es la consecuencia. Pública y abiertamente Aralar y EA vienen realizando continuos y reiterados pronunciamientos en favor de la articulación de este frente nacionalista.

 

Dentro del nacionalismo vasco hay fuerzas políticas de derechas y de izquierdas; pero estas segundas a la hora de optar entre priorizar las cuestiones identitarias o las cuestiones sociales tienen la tendencia de todo nacionalismo de priorizar las primeras; ante concluir alianzas que sumen a las fuerzas de izquierdas, o alianzas que sumen a las fuerzas nacionalistas, siempre se van a esta segunda opción. Ante la posibilidad real de constitución del frente nacionalista debemos recordar que dicho frente nada tendría que ver con el cambio de izquierdas, es más, opería de modo objetivo como un formidable obstáculo al cambio de izquierdas, y como un polo antagónico pero a la vez necesario para la derecha regionalista. Si ante las elecciones de 2007 Nafarroa Bai trasladó a la sociedad Navarra una propuesta de cambio asentada en la izquierda y la pluralidad, hoy Aralar y EA día a día alejan a Nafarroa Bai de ese compromiso electoral, y la confunden con polo y la agenda soberanista.

 

Por ello, hoy Nafarroa Bai difícilmente puede aspirar presentarse en Navarra como un valor, un activo y una garantía a favor del cambio de izquierdas. Nafarroa Bai vuelve a funcionar ante la derecha regionalista como lo ha venido haciendo el nacionalismo vasco desde la transición; como un polo antagónico, pero a la vez como un aliado imprescindible para recrear una confrontación identitaria que refuerza socialmente a ambos, y que a la vez obstaculiza e impide el cambio de izquierdas.

 

Esta situación ha condicionado de manera decisiva la actividad política de las instituciones en Navarra. La política municipal no siempre se está desarrollando en torno a las necesidades y problemáticas reales de los municipios. Están a la orden del día las mociones de censura o los equipos de gobierno rotos por discrepancias que nada tienen que ver con posiciones relativas a las políticas municipales;         algunas mociones de censura provienen de la aplicación del pacto UPN-PSN y su voluntad de romper los gobiernos de izquierda. En el Parlamento la situación es similar. Iniciativas de marcado carácter social y claramente de izquierdas, muchas de ellas presentadas por IUN-NEB, no han prosperado en la legislatura actual; las que promovían una educación no segregadora, una escolarización equilibrada, el acceso a la vivienda, la atención a los mayores, un sistema de salud de calidad… Los presupuestos de Navarra surgen de un férreo pacto entre UPN y PSN más dirigido al reparto de prebendas y espacios de influencia, sobre todo a nivel municipal, que a satisfacer las necesidades de la ciudadanía.

 

Ante este escenario en IUN-NEB creemos que es necesario sacar conclusiones del camino recorrido y la experiencia acumulada para ser capaces de articular una propuesta que permita avanzar decisivamente en el cambio de izquierdas que la mayoría social de Navarra necesita. Sostenemos que en primer lugar hay que concluir que el único cambio posible en Navarra es el de izquierdas. El cambio nacionalista, además de no representar ninguna alternativa real al modelo social y económico, no es posible en términos de mayoría social, y empecinarse en mantenerlo como eje del cambio sólo serviría para facilitar la continuidad en el poder de la derecha navarrista. Es decir, el cambio en Navarra necesita del refuerzo del espacio de la izquierda, no del espacio nacionalista o identitario.

 

Y en este sentido hoy, a diferencia de otros, IUN-NEB sí es un valor, un activo y una garantía del cambio posible, del cambio de izquierdas. En definitiva, pensamos que el cambio de izquierdas exige y presupone un viraje del que ha sido durante las últimas tres décadas el núcleo principal del conflicto político y social en Navarra. El cambio de izquierdas implica que la confrontación política deje de girar prioritariamente en torno a la identidad, y pase a sustanciarse sobre la agenda social, los derechos sociales y ciudadanos, la democracia, la justicia social y la igualdad, o la movilización por otro modelo de desarrollo y por una salida justa y democrática ante la crisis y el paro. Y en consecuencia, el cambio de izquierdas obliga también a que las alianzas y los acuerdos políticos y sociales se construyan sobre la agenda y el programa de la izquierda, y no sobre el vínculo nacional, lingüístico o territorial.

 

Si se quiere avanzar con decisión en la dirección de un cambio de izquierdas es imprescindible afrontar y dar respuesta a estos hechos. IUN-NEB asume y se ubica en esta imprescindible redefinición de la articulación del cambio en Navarra. Pero es evidente que ese cambio de izquierdas tiene también que ver con el cambio de discurso de IUN-NEB, a veces muy institucionalista, poco rompedor con el sistema capitalista y con determinados capítulos de la actual Constitución. Asimismo, deberíamos tener una posición más autónoma, y a veces critica, respecto a los Sindicatos, sin que esto quiera decir caer en la confrontación. Plantear la movilización y el aprovechamiento de las instituciones para lanzar nuestro discurso.

 

3.5. El reto de 2011.

 

Mientras algunos, una vez más desde el nacionalismo vasco y la derecha navarrista, ya se han enfrascado en la fecha mágica de 2012 para mirar al pasado y poder seguir confrontando con cuestiones identitarias, sobre si Sancho el Fuerte en las Navas de Tolosa hablaba euskera o si la unión de Navarra a la corona de Castilla fue una imposición violenta o un feliz matrimonio, nosotros anteponemos al debate sobre el pasado las apremiantes necesidades sociales del presente y las inaplazables decisiones sobre el futuro. Y eso nos los jugamos día a día, pero también de forma especial en las elecciones de 2011.

 

En este sentido, para IUN-NEB el reto de 2011 es fortalecer la izquierda, hacer avanzar y hacer triunfar una alternativa de izquierdas en Navarra. Con un programa de cambio real y ambicioso dirigido a situar en el centro de la política y de las actuaciones de las instituciones los derechos sociales y ciudadanos, la justicia y la igualdad social, la democracia y la trasparencia de los poderes públicos. Y hacerlo con todos aquellos que se quieran sumar a una alternativa y a un programa con esta dirección y estos contenidos.

 

Ya hemos explicado por qué creemos que el único cambio posible en Navarra es el cambio de izquierdas, y cuales han sido algunos de los obstáculos más importantes que han impedido su materialización en el pasado. Pero también es necesario mirar al futuro, en primer lugar a las elecciones forales y municipales de 2011, para concretar cómo podemos fortalecer e impulsar las expectativas de ese cambio. Hoy, pasados dos años y medio de las elecciones de 2007, tanto el PSN como Nafarroa Bai se han alejado de los compromisos y contenidos del cambio de izquierdas. El PSN se ha acercado a la derecha regionalista y los partidos mayoritarios en Nafarroa Bai no ocultan sus deseos de pactar con Batasuna la constitución de un frente nacionalista. En consecuencia hoy tanto el PSN como Nafarroa Bai han marcado distancias con el cambio de izquierdas, y han orientado sus estrategias en otras direcciones e intereses.

 

Y sin embargo, recordémoslo una vez más, en Navarra el único cambio posible, además de necesario, ante la derecha es el cambio de izquierdas. Por ello desde IUN-NEB sostenemos la absoluta necesidad de fortalecer el espacio de la izquierda, y de debilitar a aquellos que le están dando la espalda. Sólo así será posible abrir de nuevo con toda la fuerza y la energía necesarias las posibilidades del cambio en Navarra. Que la derecha gobierne Navarra, y mantenga una notable hegemonía ideológica, cultural y social, no es consecuencia de ningún principio inmutable. Responde simplemente a unas circunstancias políticas y sociales que se pueden enfrentar y transformar.

 

Enfrentar y transformar fortaleciendo el espacio de izquierdas. Asimismo, fortalecer social y electoralmente el espacio de la izquierda no es en modo alguno un fin en sí mismo, debe tener como finalidad esencial situar la agenda social y de izquierdas en el centro de la lucha política. Porque una vez conseguido esto, situar la agenda social y de izquierdas en el centro de la lucha política, el cambio y la alternativa de izquierdas empezarán a ser ya una realidad. Y hoy en Navarra podemos afirmar sin complejos que somos nosotros, IUN-NEB, quienes nos mantenemos con mayor firmeza y coherencia en las propuestas y el discurso de la izquierda.

 

Si hace tres años el PSN y Nafarroa Bai reclamaban ante la sociedad ser unos representantes creíbles y fiables de la izquierda, y del cambio de progreso, hoy sus prácticas y estrategias les desautorizan. Por ello afirmamos que una forma útil y eficaz de reforzar el espacio de la izquierda, y de dar viabilidad al cambio de izquierdas, es participar y apoyar el proyecto y la propuesta que representamos. Porque ese apoyo significaría fortalecer el cambio real y posible, y a la vez censurar y desautorizar la conducta de quienes, o van de la mano de la derecha, o se dirigen a reforzar confrontaciones identitarias. Y a partir de que los ciudadanos voten la única condición que deberemos tener en cuenta para alcanzar pactos de gobierno con otros partidos democráticos será el programa.

 

Un programa de izquierdas, de cambio real del modelo social y económico, con el que situar los intereses y necesidades de la mayoría social en el centro de la actuación de los poderes públicos.

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