Opinión |
"Pensionazo", otra vez azuzando el miedo
Los gobiernos neoliberales europeos están acelerando de forma simultánea el proceso de deconstrucción de los Estados. Nuestro Gobierno socialista pretende aplicar las recetas impuestas por los centros del poder económico en dosis masivas y únicas. Si 2009 fue malo, 2010 se presenta peor. Subida del IVA para todas las capas sociales, supresión de impuestos como el de patrimonio para las rentas más altas, abaratamiento del despido de los trabajadores ¿indefinidos? Y en un mismo día dos bombazos: el plan de austeridad con un recorte de 50.000 millones de euros en los presupuestos públicos y la reforma de las pensiones con retraso de la edad de jubilación a los 67 años, aumento del periodo de cálculo de 15 a 25 años y otras reformas.
Es rotundamente falso que lo peor ya pasó. Lo peor viene ahora y la prueba son los anunciados ajustes estructurales. Nos cobran la factura a los que no provocamos el crash del sistema. Si fuera verdad que lo peor ya pasó no se habría implicado el Rey en la tarea de buscar un macroacuerdo político para este desgobierno. Bruselas nos exige prácticamente las mismas reformas que a Grecia. Una de ellas es el pensionazo, el mayor ataque de las últimas décadas a la protección social. Es la patata caliente que puede abrasar en España, Grecia y también Francia donde su gobierno tiene algunos argumentos para justificar la reforma. Allí la Seguridad Social tiene un déficit acumulado de 30.000 millones de euros y la edad de jubilación actual es de 60 años con una pensión media de 1.300 euros. El Gobierno francés pretende retrasarla a los 62 años.
Nuestro pensionazo no tiene nada que ver con el francés. Nos jubilamos a los 65 con una pensión media de 875 euros y nuestra Seguridad Social tiene un superávit acumulado de 60.000 millones de euros. Tenemos el mayor superávit del conjunto de países de la OCDE y somos el segundo país de Europa con la media de edad de jubilación más alta (63,10 años). Nada que ver con los franceses cuya edad media de jubilación es de 58. Nuestro sistema de jubilación es flexible desde 2001 y permite retrasar la jubilación más allá de los 65 años. Tenemos además una baja inversión del PIB en pensiones, el 8,8%, cuando la media en la UE-15 es del 12% del PIB. En Francia, Alemania y Holanda la inversión es del 13%, en Austria 14% y en Italia 15%. Con razón los ministros de Economía y Trabajo han defendido la viabilidad futura de las pensiones cuyo recorte no estaba en el programa electoral del PSOE que anunciaba esta legislatura como la del pleno empleo.
Como objetivamente el Gobierno no puede justificar el pensionazo, apela a ese elemento irracional que es el miedo, tan útil de manejar en sociedades desactivadas y todavía contenidas. En Navarra tenemos un buen ejemplo de cómo el miedo refuerza el largo poder establecido y permite obtener el consentimiento tácito, muchas veces nefasto para los intereses generales. ¿Cómo llevar a cabo reformas estructurales inaceptables? Pues se vuelve a azuzar interesadamente el miedo diciendo que estos recortes son necesarios para que los futuros pensionistas puedan cobrar como ahora sus pensiones en 2025 y en 2040. Con esas reformas estaremos peor que los actuales pensionistas. ¿Qué seguridad nos dan gobernantes tan apocados frente a los lobbies y tan felicitados como el nuestro por banqueros que esperan la tarta de los planes de pensiones privados? ¿Cuántos recortes más habrá que soportar de aquí a 2025 y no digamos a 2040? El verdadero problema de este país no es la financiación de las pensiones sino el desempleo y la falta de inversión en formación, innovación y calidad. En esta dirección hay que gobernar.
Hay salidas mucho más constructivas que ya están en la calle, como:
1) Inversión pública para la reactivación económica y creación de empleo. El futuro de las pensiones está ligado a la cantidad y calidad del empleo. El camino es invertir recursos públicos en desarrollo tecnológico, innovación, promoción de talentos, apoyo directo a las pymes que sostienen el 70% del empleo de este país y a las ideas innovadoras que supongan actividades sostenibles. La inversión tiene que estar condicionada a la creación de empleo estable y de calidad. Mejorar las condiciones laborales y salariales es aumentar la productividad. Esto es lo que asegura el futuro de las pensiones.
2) Mejora de la financiación de las pensiones. Un sistema mixto de cotizaciones, capitalización e impuestos. En Francia y Dinamarca los impuestos son una de las fuentes de financiación. En Navarra las pensiones de los antiguos funcionarios se financian con cargo directo al presupuesto público foral, incluso las de los denominados patas negras cuya pensión es superior a la máxima que cobrarían si dependieran de la Seguridad Social.
3) Reforma fiscal. La fiscalidad tiene que cumplir el principio constitucional de progresividad. Que pague más quien más tiene. Retomar el impuesto de patrimonio y suprimir la subida del IVA, una medida injusta y poco inteligente. Se podría introducir impuestos especiales a bancos y entidades de crédito como ha hecho Obama y a las grandes fortunas que tan rápidamente han crecido en los últimos años.
4) Fiscalizar la riqueza y la economía sumergida. Es curiosa la exhaustiva fiscalización de la pobreza y la tolerancia fiscal a la creciente economía sumergida y las rentas más altas. En el plan de lucha contra el fraude fiscal entre 2005 y 2008 sólo se recuperó el 10% de lo defraudado. Controlar por ejemplo las grandes fortunas que se esconden en las sociedades de inversión (SICAV) podría hacer aflorar el dinero que Hacienda deja de recaudar cada año para financiar políticas de inversión y de protección social.
5) Reforzar la protección social y los servicios sociales públicos. Es fundamental incorporar al mundo laboral al mayor número de personas para mejorar su situación personal y social. Se podría hacer mejorando las prestaciones y los servicios sociales públicos; garantizando más y mejor cobertura a la dependencia, creando apoyos para poder compatibilizar familia y trabajo. Esto es lo que posibilitaría mayor cohesión social y redistribución de los recursos generados. Hay que reflotar ese millón de familias con todos sus miembros en paro.
Creo que son medidas sólidas y de impulso, no el retroceso que propone el Gobierno y que trunca nuestro futuro y el de nuestra descendencia. Tenemos que volver a la responsabilidad ciudadana para exigir que se presente un programa de gobierno veraz o convocar elecciones para poder rascar a fondo otros programas de gobierno, más allá del marketing y del miedo.
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