Opinión

El rescate ciudadano

viernes, 12 de febrero de 2010

Hace un año en esta misma tribuna escribía sobre la apatía ciudadana que tan feliz hace a los gobiernos que padecemos y decía que a la apatía sucede la agitación. En un reciente artículo, Carmen Posadas advertía sobre la reiterada enseñanza de la historia. Decía que la estupidez y el egoísmo primero engendran resignación y después violencia. La tabla rasa en la que nos hemos convertido acumula una creciente impotencia individual y colectiva, Sin embargo, aquí y allí surgen puntos dispersos de reacción. Se ha incrementado de forma notable la violencia en el ámbito doméstico que recoge un amplio abanico de frustraciones personales y sociales. En Europa ha rebrotado el fanatismo y el racismo de los años 30, dirigido ahora contra los inmigrantes y en no pocas ocasiones los suburbios de nuestras ciudades se convierten en escenarios de sangre y fuego como ocurrió en Francia. Es lo que se denomina “asalvajamiento”.

 

Nos movemos a diario entre la frustración y la violencia difusa que expresa la gran polarización de un mundo cuyo modelo está agotado. La riqueza acumulada por unos pocos cada vez más ricos no ha creado bienestar y el comercio globalizado tampoco ha servido para la paz. Se  derrumba el modelo capitalista que lleva décadas borrando y rehaciendo el mundo. En los 70 y 80 el escenario fue América Latina y la Operación Cóndor que llevó las sangrientas dictaduras a Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay. El terror permitió escribir un nuevo capitulo de colonización económica. En la última década Oriente Medio es el escenario donde el imperio norteamericano con la complicidad de Europa desarrolla operaciones de invasión, guerra y violación de los derechos humanos. La Alianza de Civilizaciones es otra operación de expolio de recursos, instauración de gobiernos blandos y control de flujos humanos. La historia juzgara, como siempre con mucho retraso, las salvajadas cometidas por los contingentes de ”paz”, el colaboracionismo de los gobiernos europeos y nuestra pasividad ante la barbarie.

 

Volvemos a la incertidumbre, a la ignorancia y a las disputas por el poder propios de una nueva Edad Media. Es el feudalismo del siglo XXI con otros señores poderosos y sin escrúpulos que tienen a su servicio elites bien formadas y pagadas para controlar la explotación de los nuevos pobres y permanentes vasallos de este gran mercado que nos prometía una cascada de mejoras y la felicidad a crédito. En las últimas décadas hemos vivido en permanente y monumental estafa de la que ya no se libran ni los virus. En este nuevo feudalismo los de abajo vuelven a ser exprimidos hasta los tuétanos para que cuatro aprovechados sigan acumulando dinero en los paraísos fiscales. Vale todo, hasta la utilización de la crisis económica por cobardes que no se atreven  a plantar cara a los mercaderes pero sí a tijeretear la protección social de la población. El recorte de nuestras pensiones y de otras conquistas laborales es una humillación intolerable cuando se propone por una organización política denominada socialista y obrera cuyo símbolo es la rosa. Por favor, que no nos claven más espinas

 

Se dan todos los elementos para que se cumplan los pronósticos de una rebelión cívica frente a la representación política por su falta de valor para intervenir en la economía y redistribuir con transparencia y equidad los recursos que generamos. La representación política a menudo se pasa por el arco del triunfo las promesas electorales y gobierna de espaldas, cuando no  en contra, de los intereses ciudadanos. Las administraciones públicas no pueden actuar como agentes comerciales de negocios privados con nuestro dinero. Privatizar es rentable para los empresarios y nefasto para la ciudadanía porque pagamos dos veces. La primera cuando generamos el dinero para los presupuestos públicos que crean y mantienen esos negocios y la segunda cuando los vamos a utilizar y nos aplican el co-pago. España con el 20% de la población inmersa en la pobreza y desempleo y una corrupción que alcanza todos los niveles, es el ejemplo ilustrativo de la dejación de responsabilidades públicas. ¿Cómo van estos débiles gobiernos a promover cambios en el modelo de desarrollo orientados a una mayor justicia?

 

Uno de los elementos más llamativos y perversos del neoliberalismo es el individualismo. El individuo mercantil considera preeminente los propios intereses. Su egoísmo le ha aislado socialmente y le ha conducido a una profunda soledad.  Paradójicamente el  YO, lejos de triunfar se ha encogido. La subjetividad se ha uniformizado. Nos hemos convertido en ciudadanos pasivos, permeables y dóciles de gobernar por estas democracias de ficción al servicio de un sistema selectivo y competitivo. La desconexión de los compromisos sociales ha conllevado la simplificación de las problemáticas sociales reduciéndolas a problemas personales.  Nuestro espacio de reconocimiento público se ha quedado vacío. No hay donde ni a qué adherirse. El mundo se derrumba y nuestro YO se viene abajo, sin vínculos humanos ni refugio que lo proteja, desarraigado, amedrentado y angustiado por esa autocrítica constante que no puede compartir. Nos hemos convertido en mercancía de usar y tirar, sin sueños, sin pasión, sin ideas por las que luchar

 

Todo derrumbe lleva aparejado el rescate y la reconstrucción. Urge rescatar a la ciudadanía de su letargo y reconstruir el espacio social. Al neoconservadurismo no le interesa la ciudadanía activa. Prefiere gobernar el automatismo. A la izquierda sí, porque se nutre de la emancipación individual y del compromiso colectivo. Es un momento decisivo que requiere nuestro esfuerzo. Los que no caímos en la trampa y resistimos, tenemos que avanzar hacia la liberación ciudadana con convicción y valores sólidos. El retorno ciudadano es necesario para volver a tejer el tejido social, reconstruir las adhesiones que nos fortalecen como seres humanos y retomar el sentimiento solidario. Se requiere una ciudadanía viva que participe activamente del proceso de cambio que se hará con nosotros como protagonistas activos o contra nosotros si seguimos como masa dócil. Es hora de retomar el espacio público, reavivar la democracia radical y el voto crítico para que existan alternativas reales y una representación política con liderazgo ético. La alianza ciudadana es la que verdaderamente puede salvar nuestra  civilización.

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