Opinión |
La república y las mujeres: no sólo una cuestión de voto
Durante el siglo XIX y principios del XX, el feminismo español tuvo, como movimiento social, una menor envergadura que en la mayoría de los países desarrollados europeos, debido a que el sistema de dominación en España a comienzos del XX era muy jerárquico de tal forma que la autonomía de la mujer era prácticamente nula. Las mujeres no disponían de autonomía ni personal ni laboral, dependían del marido, padre o hermano, por lo que no tenían independencia económica y ni tan siquiera eran dueñas de los ingresos que generaban su pertenencia al mercado laboral, en los escasos casos que esto sucedía, a lo que hay que añadir sus bajísimos salarios. El Código Penal estableció que la desobediencia o el insulto de palabra eran suficientes para que la mujer fuera encarcelada, y contrariamente, si el marido asesinaba o agredía a la esposa adúltera o al amante de ésta, al ser “sorprendidos”, el castigo sería el destierro durante un corto espacio de tiempo.
A esta situación de desigualdad tremenda, había que añadir el control social informal, que aún se practica hoy en día, mucho más sutil y, por consecuencia, más eficaz, basado en el establecimiento de arquetipos femeninos (“ángel del hogar”, “madre solícita”, “dulce esposa”...), dando una idea unívoca de “domesticidad” para la mujer, como destino único y función social exclusiva, al que hay que añadir un código de conducta acorde con este destino. A todo esto debemos añadir que aún se justificaba por parte de sesudos varones la subordinación de la mujer como una supuesta inferioridad genética, siendo la función reproductora la fundamental, convirtiendo a la mujer en un ser incompleto, un mero complemento del hombre, es decir, del ser inteligente. Acordémonos de un rector de Harvard, que en el siglo XXI se ha permitido utilizar argumentos de este tipo durante años, antes de ser cesado de su cargo.
Pese a este retraso diversas mujeres iniciaron la defensa de la idea de la igualdad femenina, tanto desde la derecha como desde la izquierda, y en el primer tercio del siglo XX y muy especialmente a partir de 1914, las mujeres se incorporan de forma masiva al trabajo remunerado, colaborando así al inexorable proceso de modernización de la economía española. A partir de los años 20, el feminismo español comenzó a añadir demandas políticas a las reivindicaciones sociales. Conviene también destacar que en el censo de 1930, se registraba que el 44,4% de mujeres eran analfabetas en España.
Cuando se instaura la II ª República en abril de 1931, la corriente de pensamiento democrático que en ella participó, llevaba incluido en su bagaje un cierto número de reinvindicaciones a favor de los derechos de la mujer, siendo uno de los temas fundamentales el derecho al voto, la abolición de la prostitución y el desarrollo de la cultura para ambos sexos.
La coherencia de los políticos que se proclamaban democráticos obligó a una revisión de las leyes discriminatorias y a la defensa del sufragio femenino, siendo el proceso bastante complejo y paradójico. Era opinión general, tanto en los partidos de izquierda como de derecha, que la mayoría de las mujeres, fuertemente influenciadas por la Iglesia Católica, eran profundamente conservadoras. Su participación electoral devendría inevitablemente en un fortalecimiento de las fuerzas de derecha. Este planteamiento llevó a que importantes feministas como la socialista Margarita Nelken (1898-1968) y la radical-socialista Victoria Kent (1897-1987), que habían sido elegidas diputadas a las Cortes Constituyentes de 1931, rechazaran la concesión del sufragio femenino. Clara Campoamor (1888-1972), también diputada y miembro del Partido Radical, asumió una apasionada defensa del derecho de sufragio femenino. Argumentó en las Cortes Constituyentes que los derechos del individuo exigían un tratamiento legal igualitario para hombres y mujeres y que, por ello, los principios democráticos debían garantizar la redacción de una Constitución republicana basada en la igualdad y en la eliminación de cualquier discriminación por razón de sexo.
Al final triunfaron las tesis sufragistas por 161 votos a favor y 121 en contra. Votaron sí los socialistas, con alguna excepción, por coherencia con sus planteamientos ideológicos, algunos pequeños grupos republicanos, y los partidos de derecha. Éstos lo hicieron llevados por la idea, que se demostró errónea en el 36, de que el voto femenino sería masivamente conservador.
La Constitución republicana no sólo concedió el sufragio a las mujeres sino que todo lo relacionado con la familia fue legislado desde una perspectiva de libertad e igualdad: matrimonio basado en la igualdad de los cónyuges, derecho al divorcio, obligaciones de los padres con los hijos... La ley del divorcio (1932) supuso otro hito en la consecución de los derechos de la mujer. El régimen republicano estaba poniendo a España en el terreno legal a la altura de los países más evolucionados en lo referente a la igualdad entre los hombres y las mujeres. En un país con un patriarcado tan arraigado, era sin duda demasiada audacia.
La campaña electoral de 1933 fue utilizada tanto por la derecha como por la izquierda en un claro intento de manipular a las mujeres. Los lemas: “Que no pese sobre la mujer la derrota de la derecha” o “Madres, que vuestros hijos no piensen que su falta de libertad se debe a que sus madres no consiguieron liberarlos” eran un claro chantaje hacia las mujeres de uno u otro bando. Feministas y republicanas se negaron a dar consignas de voto y se interesaron por la política interior con tareas a largo plazo, tales como salud, enseñanza o la paz internacional. A estas mujeres se deben las primeras denuncias contra el nazismo y los campos de concentración. El Komitern ese mismo año reorganiza el Partido Comunista de España, con Pepe Díaz a la cabeza, y aparece arrolladora Dolores Ibarruri, participando con las comunistas españolas en agosto en París en el Congreso antifascista, y organizándose en septiembre las primeras manifestaciones en España contra el nazismo.
Los acontecimientos del verano de 1934, con las mujeres de Andalucía y Euskadi organizando manifestaciones y motines por la apropiación del pan, dentro de la terrible crisis, culmina con la huelga general de octubre, que fracasó en casi todo el país, pero que en Asturias desarrolló una revolución, donde las mujeres participaron en la lucha integrando comités o empuñando las armas. La actitud ante esta revolución de las mujeres de tendencias de izquierdas fue inequívoca: denunciaron la represión y las mentiras de la versión oficial, observándose entre las oficialistas actitudes incomprensibles en el feminismo, como la de pedir la pena de muerte para los y las revolucionarios.
Los partidos de izquierda se unieron como una piña ante la represión de Asturias, firmando el programa del Frente Popular. En 1936, en su propaganda electoral, la desgracia de las mujeres asturianas se convirtió en un símbolo y los discursos de la Pasionaria tejían la cadena de las revoluciones marxistas, desde la Comuna de París hasta Asturias en Octubre de 1934.
La guerra Civil española no paralizó los progresos culturales y legislativos de la República, se legalizaron las uniones libres, las mujeres se incorporaron a la industria de la guerra y la ministra de Salud, Federica Montseny, en 1936 consigue que se legalice el aborto, reparando un inaceptable olvido. Los partidos y sindicatos debatieron de forma desgarradora si las mujeres debían estar en la vanguardia o en la retaguardia. En el verano del 36 las mujeres participaron en las milicias, pero ya en otoño fueron enviadas a la retaguardia.
Estamos hablando de un período de apenas 5 años, la República en tan corto periodo supuso, sin duda, un avance espectacular para la mujer, al menos a nivel legal. Se vivió en tiempo récord bajo una legislación avanzadísima, algunas mujeres, como las asturianas, vivieron una revolución, y casi todas la guerra, las menos la guerrilla. Pocos años de régimen republicano, grandes avances en el terreno de la igualdad entre hombres y mujeres, es por esto que muchas mujeres que seguimos en esa lucha, tenemos claro que vamos a por la III ª República.
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