Opinión |
Policía Municipal: de la autoridad al autoritarismo
La Policía Municipal de Pamplona tiene magníficos profesionales capaces de servir a la ciudadanía en las funciones que tal institución tiene atribuidas, esto es y en resumen, garantizando la seguridad ciudadana y protegiendo el libre ejercicio de los derechos y libertades.
Como en todo colectivo amplio, también cuenta con otros miembros cuya preparación y actitud deja más que desear. En todo caso, lo determinante para el buen funcionamiento de ese cuerpo es que sus responsables sean capaces de orientar debidamente su actuación hacia la prevención, el servicio y auxilio eficaz y, como dice la Ley Foral de Policías de Navarra, la promoción de las buenas relaciones con la población y del mayor acercamiento posible al ciudadano a fin de fomentar la comunicación y comprensión entre la población y la Policía. Y resulta que según percepción ampliamente generalizada en Pamplona los responsables de la Policía Municipal (empezando por la alcaldesa y siguiendo por su Jefe) están fallando estrepitosamente, orientando a ese cuerpo policial hacia un modelo autoritario, represivo y cada vez más alejado de la ciudadanía.
La Policía Municipal está siendo sistemáticamente empleada no para mejorar la convivencia entre los ciudadanos y ciudadanas de Pamplona, para prevenir los conflictos, mantener el orden y, en su caso, reprimir la delincuencia, sino con demasiada frecuencia se le implica en objetivos netamente políticos en el mal sentido de la expresión, objetivos partidistas y sectarios, contribuyendo a empeorar el clima social y político de la ciudad. Así, se ha hecho normal la prohibición o persecución de actividades que no son del gusto de los responsables municipales, la arbitrariedad en la concesión de autorizaciones, la limitación abusiva de determinados derechos y un desmedido afán sancionador. Con frecuencia, las sanciones que se imponen desde el Área de Seguridad Ciudadana son anuladas por los tribunales por no reunir las mínimas garantías legales. No hay más que recordar cómo han sido declaradas como no ajustadas a la ley las sanciones que se han ido imponiendo sistemáticamente a los organizadores de olentzeros de los barrios o de las fiestas populares.
Que el malestar ciudadano está generalizado explica que hasta los mejores aliados del equipo de gobierno de la alcaldesa Barcina, el grupo municipal del PSN-PSOE, hayan apoyado la destitución del Jefe la Policía Municipal, responsable más visible de esta peligrosa deriva. Las manifestaciones de la alcaldesa al respecto rayan en el insulto a la inteligencia de los ciudadanos.
Hay quienes desde hace muchos años hacen uso político del terrorismo para perseguir su propios intereses, conducta que debe rechazarse siempre. Por desgracia, entre ellos están también los que hacen un uso interesado del antiterrorismo. Alegar que el Jefe de la Policía Municipal está amenazado por los terroristas no es de recibo. Hay muchas personas amenazadas, y sin duda y en cuanto tales se merecen el apoyo de toda la sociedad y que los poderes públicos pongan todos los medios necesarios para asegurar su protección; pero estar amenazado es una desgracia, no un mérito personal ni mucho menos una patente de corso. Quien ocupa un cargo público responde de su gestión igualmente esté o no esté amenazado. Sería hilarante si el tema no sea tan serio que se pretenda defender al señor Santamaría presentándole, tal como ha hecho la alcaldesa, como un héroe de la lucha antiterrorista. La Policía Municipal tiene otros cometidos, como todos bien sabemos, importantes pero distintos, y carece de competencias en materia de lucha contra el terrorismo. Envolverse en la bandera del antiterrorismo para denigrar a cualquier oponente político tachándole de colaborador con los violentos, como reiteradamente hace la alcaldesa, es simplemente obsceno.
Que presuma la alcaldesa de que bajo su mandato Pamplona se haya convertido en una ciudad segura no es de recibo, se trata de una afirmación gratuita. Las calles donde teóricamente antes daba miedo entrar sólo existen en las fantasías de la alcaldesa. Las estadísticas sobre evolución de la delincuencia, tanto las de la Fiscalía como las de los cuerpos policiales, vienen a decir que Navarra (no hay datos segregados para Pamplona) ha sido siempre una zona relativamente segura y pacífica, con unos índices de inseguridad por debajo de la media. En los últimos años la evolución en Navarra ha sido similar a la del resto de España; ciertas variaciones al alza del número de procedimientos penales, pero que puestas en relación con el aumento de población arrojan un resultado de escaso incremento de la delincuencia en general, salvo aspectos puntuales como los que afectan a la violencia de género. Que la seguridad ciudadana no sea uno de los problemas que inquieten más gravemente a la ciudadanía de Pamplona tampoco es mérito exclusivo de la Policía Municipal; algo tienen que ver la Policía Nacional, la Guardia Civil y la Policía Foral, cuerpos todos ellos con más efectivos y más competencias.
El uso político que venimos padeciendo en Pamplona de la Policía Municipal (que no es la guardia de corps de la alcaldesa, sino que es de toda la ciudadanía), del terrorismo y de la seguridad ciudadana en general no contribuye en nada a aumentar la autoridad de ese cuerpo policial ni de nuestros gobernantes municipales, sino tan solo a constatar el talante autoritario de éstos. Que por desgracia no es exclusivo del Jefe de la Policía Municipal, sino que adorna también a sus superiores y especialmente a la máxima responsable del Ayuntamiento.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|