Opinión

Un día como otro cualquiera

escrito por Idoia Saralegui, Exconcejala de Pamplona por IUN/NEB miércoles, 29 de abril de 2009

Durante las últimas semanas hemos asistido a la subida a los altares políticos de Yolanda Barcina. Barcina nueva Presidenta de UPN.

 

Pero durante estas semanas hemos visto también en algunos medios de comunicación qué nos ofrecen las distintas ciudades que se disputan la capitalidad de la cultura para el año 2016. Y, no nos engañemos, será por culpa de la flamante Presidenta de UPN, o de la poca iniciativa de su numeroso grupo municipal, pero Pamplona es una magnífica ciudad que podría ofrecer mucho (muchísimo) más de lo que se nos presenta. Solo nos ofrece una página web y un enorme panel que decora la antigua estación de autobuses. Yo, cada vez que paso por allí pienso en la cantidad de pintura que no se utilizó cuando la estación estaba en uso. Cuando era necesaria, cuando se decidió ir dejándola morir, que pareciera irrevocablemente sucia, antigua, desoladora. Ahora, la fachada se pinta cada vez que se decide utilizar el edificio: ya sea para la pista de hielo infantil en navidades o para un mercadillo de lo esotérico. Y, por supuesto, para publicitar nuestra candidatura a capital cultural. Que la publicidad está bien, pero solo si va acompañada de un poco de sustancia. Y sustancia es lo que le falta a la propuesta cultural de Barcina.

 

El propio edificio que sirve de soporte al cartel informativo parece servir tan solo para eso: como valla publicitaria. Prácticamente no se programan actividades y, desde luego, no se planifica su futuro uso, como si el día que se decidió no destinarlo a centro comercial, al equipo de gobierno se le hubiesen acabado las ideas. Y esto es una enorme pérdida si tenemos en cuenta que se trata de uno de los espacios más céntricos de la ciudad. Nos dicen que lo que falta es dinero, para abordar una obra de semejante envergadura, pero vemos que el dinero en nuestra Comunidad Foral se gasta sin empachos en cosas mucho menos importantes para mejorar la calidad de vida. Puede que lo que falten sea, simplemente ideas, iniciativa, ganas de construir.

 

Porque lo que Pamplona hubiera debido vender en su candidatura a capital cultural europea era, precisamente, todas sus diferencias. Pero a la hora de marcar la diferencia, la UPN de Barcina parece quedarse siempre atascada en San fermines. Y muchas veces, ni eso. Sigue empeñada en su Museo de los Sanfermines. Ese que vende (y lo que es peor, preproyecta y paga con el dinero de todas y de todos) desde que se hizo con la Alcaldía de Pamplona. La de años y millones que hemos perdido por el camino del Museo entre Santo Domingo, la Rochapea y, ahora, en el antiguo parque de bomberos. La de tiempo y dinero en algo que no se hace y, además, paraliza nuevos proyectos y nuevas ideas.

 

Claro que en ese empeño en el que gasta dinero, pero no materializa, se termina también todo su esfuerzo en reforzar los sanfermines. Porque no sé a los demás. A mí me impresionó escuchar las declaraciones de nuestra Alcaldesa diciendo que iba a recortar el presupuesto de las fiestas de San Fermín. Que, además, mucha gente le había dicho que el escenario de la Plaza del Castillo era demasiado grande y, por lo tanto, había decidido hacerlo más pequeño, dejarse de grandes grupos y artistas (como si hubiésemos disfrutado de muchos durante sus mandatos) y mirar más hacia pequeñas orquestas verbeneras. Es una artista de hacer de la necesidad virtud. Decide recortar el dinero que Pamplona va a gastar en Sanfermín y lo plantea de manera que parece que vamos a tener que darle hasta las gracias. Lleva las barracas al Parque de la Runa, inutilizando un espacio de interés para esa zona de nuestra ciudad en expansión, bajando de manera espectacular el número de visitantes y la calidad de las atracciones y ocupando el espacio con unas carpas diáfanas más propias de la feria de abril y nos recuerda “que en todas las ciudades se han sacado las barracas del centro”. Como si los pamploneses y pamplonesas quisiéramos que Pamplona fuera cualquier ciudad. Como si pretendiéramos que los Sanfermines fueran una fiesta como las demás. ¡Que obsesión por uniformizar en vez de demostrar que somos diferentes, y que ahí está nuestro valor; en esa diferencia!

 

También uniformizó los bancos y las fuentes. Ahora son mucho más funcionales. Claro que podrían estar en Pamplona, en Zaragoza, en Logroño o en Cádiz. Nos dejó sin la fuente del león en la que todos bebíamos de niños, sin los bancos rojos y verdes de toda la vida, sin las barracas... Todo en pos de una modernidad que tampoco ha buscado. Nuestros hijos no tienen fuentes verdes ni verán las barracas en el cogollico de la fiesta, pero tampoco tendrán una amplia oferta de centros cívicos y culturales en el centro de nuestra ciudad y en cada uno de los barrios para poder hacer actividades lúdicas cualquier día del año, cuando salen del colegio. Verán la antigua estación de autobuses casi siempre vacía y se preguntarán para que sirve ese edificio que tiene dibujado el gigante europeo en la fachada pero siempre está cerrado, abandonado. No sabrán que Pamplona es diferente, o que lo era. No sabrán que las fuentes eran verdes, igual que la bandera de nuestra ciudad. Verde Pamplona. Ni que los bancos eran rojos y puede que más incómodos; pero que todo el mundo los usaba y hablaba con el de al lado.

 

Mientras tanto, seguiremos diciendo que somos los más modernos, que tenemos una máquina que simula el recorrido del encierro, que vamos a tener un Museo de los Sanfermines y que hasta optamos a ser capital europea de la cultura. Pero será mentira. Porque nos falta actividad cultural, nos falta diferencia, nos falta la puesta en marcha de una comisión municipal seria para desarrollar las actividades que nuestro Ayuntamiento pretenda promocionar, nos falta movimiento asociativo y cultural, nos falta iniciativa, nos falta información, implicación y, sobre todo, ganas.

 

A veces apetece pensar que las miras de nuestra Alcaldesa se encuentran ya en otro sitio. Que piensa presentarse a la Presidencia del Gobierno de Navarra en 2011 y, por eso, el 2016 y Pamplona le quedan algo a trasmano. Es una pena. Una pena para nuestra ciudad que está perdiendo este tren de la capitalidad y un riesgo sobre las actuaciones que Barcina pretenda abordar en los próximos dos años si no son de gestión, sino de precampaña hacia el Gobierno de Navarra. Pamplona no se merece algo así. Se merece políticos y propuestas de calidad que demuestren que, entre todos y todas podemos hacer una ciudad diferente, una ciudad donde queremos vivir y donde la cultura es uno de los mayores bienes que estamos defendiendo y promoviendo.

< Anterior   Siguiente >