Opinión |
Hasta la próxima crisis ¿o no?
Este temporal económico está mostrando su peor cara en los cada vez más hogares en los que alguno de sus miembros han caído en el desempleo. En Navarra, desde el inicio de esta legislatura, esta cifra ha aumentado ya más del 77%. El impacto va ser mucho más fuerte para aquellos que vayan a perder el derecho a la prestación por desempleo, o para todos aquellos colectivos en que la reincorporación al mercado laboral es más complicada; como los que se sitúan en franjas de edad cercanas a los 45-50 años, trabajadores con minusvalías, jóvenes, etc…Estas situaciones, pueden ser trágicas en las familias que tienen a la totalidad de sus miembros en paro, en un panorama en el que el sobreendeudamiento familiar ha alcanzado unos valores insoportables. Muchas se van a ver arrastradas al abismo de la exclusión social.
Con las características de cada momento, todas estas consecuencias y alguna más ya se han dado en anteriores crisis económicas, como las del 29 o el 93. Y se darán en la próxima crisis que la reproducción del actual sistema económico nos traerá. Todas las crisis tienen un rasgo común: Se ceban en los segmentos menos pudientes, trabajadores, desempleados, inmigrantes etc. También son similares en que los que las han provocado, lejos de ser imputados por sus actuaciones, son los que se ponen al frente para dar soluciones, solicitando ayudas públicas para pagar sus avaricias privadas; y además las reciben. Es frecuente que las clases medias y bajas que se ven sumergidas en estos procesos de crisis, sean hábilmente dirigidas hacía el linchamiento del inmigrante, evitando así cuestionar a los verdaderos causantes de sus desdichas.
Esto ha sido, es y será así mientras se continué con el sistema económico desigual, y depredador que se nos ha impuesto, y que es refrendando mayoritariamente cada 4 años en las urnas por los ciudadanos, a los que les ha creado “necesidades” para que el mismo sistema sobreviva: consumir.
Desde el marco local hasta el estatal, se nos vende como buena la alternancia en el gobierno, que roten el PP y el PSOE en el poder. No se puede ocultar que en lo social, no así en lo religioso, hay cambios significativos entre unas y otras siglas, en los que por cierto, la participación de fuerzas de izquierda trasformadora ha sido esencial.
Pero el mismo modelo económico, que tanto PP como PSOE han aplicado, se basa en que muchos estén en condiciones difíciles e inseguras: mileurismo, precariedad laboral, la mayor tasa de mortalidad laboral de Europa, sobreendeudamiento familiar…para que unos pocos acumulen obscenos beneficios con nula responsabilidad social y menos penal, en donde la cultura del pelotazo y la especulación de todo tipo están a la orden del día.
En lo económico, no es real la alternancia que se nos vende. Tanto PP como PSOE han consolidado el sistema más vulnerable de Europa ante la crisis global que se ha producido. La economía que creó uno, la asentó el otro, haciendo caso omiso de las advertencias de diferentes organismos internacionales o sindicatos que alertaban de la fragilidad de dicho patrón de crecimiento basado en el ladrillo, los servicios y el turismo.
Es imprescindible cambiar el patrón de crecimiento hacia una economía productiva, ecológica, basada en el I+D+i y la cualificación de la mano de obra. Lo económico debe estar controlado y supervisado desde lo público, las administraciones tienen que avanzar en parámetros europeos, en los que protección social se amplíe y los más desfavorecidos tengan cubiertas sus necesidades más elementales. No vale salir de esta crisis de cualquier manera, y menos a costa de las espaldas de los trabajadores... La solución no esta en abaratar el despido y agilizar EREs, como proponen quienes blindan sus contratos.
Hay que defender las conquistas sociales que tanto sudor, sangre y lágrimas han costado conseguir a muchas generaciones. Los ciudadanos que dependemos de tener un trabajo; seamos autónomos, asalariados o desempleados, no podemos permitirnos el privilegio de caer en la resignación. Debemos hacer escuchar nuestra voz, ejercer nuestros derechos. Actuar. Participar en todos aquellos actos o procesos donde se pongan en entredicho nuestros derechos, manifestándonos contra el despido de cualquier trabajador o contra las actuaciones de nuestros gobernantes ante la crisis, y sobre todo participar con nuestro voto en todas aquellas elecciones en las que se eligen a quienes marcan, diseñan y gestionan nuestra economía para marcar una diferencia real.
Si no, hasta la próxima crisis.
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