Opinión |
Salud mental: virtualidad y realidad
El lema del Día Mundial de la Salud Mental 2008 es “Haciendo de la Salud Mental una prioridad global – incrementando los servicios a través de la defensa de los intereses y la acción ciudadana”. Se pretende el 10 de octubre destacar la necesidad de defensa de los intereses de un amplio colectivo cuya realidad está repleta de durísimas vivencias en esta tierra de nadie que es la atención a la enfermedad mental.
Llueve sobre mojado. Estas mismas razones llevaron a la creación de Asociaciones de familiares en todo el Estado. En Navarra familiares de pacientes sacados del Psiquiátrico crearon ANASAPS a raíz de la reforma psiquiátrica de 1986 que traspasó el peso y coste de su atención a las familias. Teóricamente se justificó en las condiciones inhumanas de los Psiquiátricos y en que no se curaban. En realidad la externalización de pacientes a gran escala respondió a un planificado vaciado de enfermos crónicos del sistema sanitario público que hoy como ayer tampoco se curan. Así, el Psiquiátrico San Francisco Javier, pasó de una atención gratuita con 927 camas en 1984 a las 210 camas en el 2006 con un sistema de co-pago. Desde entonces acumulamos una serie de despropósitos, cruce de incompetencias y dejación de responsabilidades.
En estos veintidós años los hechos han hecho saltar algunas alarmas y voces muy cualificadas han pedido la reforma de la reforma psiquiátrica. La Defensora del Pueblo redactó en el 2003 un amplio informe sobre la salud mental en Navarra para el Parlamento. En su presentación no dudó en calificar la situación de “emergencia social”. Siguen sin desatarse nudos gordianos como la continuidad en los cuidados, soluciones a la asistencia fragmentada y la dispersión de recursos entre Salud, Bienestar Social, entidades de iniciativa social, y empresas mercantiles.
Hoy como ayer pedimos acabar con la lentitud, la tecnocracia y la sobrecarga de las familias que dicen estamos muy angustiadas y somos agresivas. Lo que hay es mucho cansancio e impotencia acumulada. Estamos cansados de pedir medidas racionales como una coordinación única ubicada en la sanidad pública que cuenta con profesionales de la medicina, enfermería, trabajo social, psicología y terapia ocupacional específicamente preparados. Estamos hartos de pedir decisiones ágiles y simultaneas, de no tener un sistema de información único que condense la evolución global de la salud y la trayectoria psico-social de las personas afectadas por trastornos mentales graves. Son algunos de los clavos de la cruz que arrastramos para lograr el acceso a recursos y prestaciones que teóricamente existen pero que en la práctica nos condenan a un perverso juego de obstáculos administrativos y decisiones discrecionales.
Virtualmente todo funciona y se vende a la ciudadanía cada recurso y cada prestación, sobre todo en vísperas de elecciones, con reportajes de grandes titulares sobre las bondades y cantidades económicas. La gente se lo cree por el efecto de la repetición, El cuto se vende varias veces y por cuartos. Los titulares y las fotos funcionan, entre otras cosas porque quienes podrían denunciar la cruda realidad, la inoperancia y el engaño son las víctimas que con su silencio se convierten en cómplices de su desgracia, aumentada por la extrema pobreza que limita todavía más su inserción social y la adherencia a los tratamientos que, junto con otras carencias importantes, tiene efectos a veces trágicos, como se destacó en el Día Mundial de la Salud del 2006 dedicado al suicidio. Presidiendo entonces ANASAPS, salimos junto con Foro Salud Mental al Monumento a los Fueros para reivindicar la reducción de los factores de riesgo, ya que el 90% de los suicidios e intentos de suicidio se dan en ciudadanos afectados por trastornos mentales. Era una llamada de atención sobre un problema real como demuestran los datos del Instituto de Medicina Legal de Navarra referidos al 2007 donde se constata un aumento del 50% en los suicidios consumados.
Entre virtualidad y realidad hay un buen trecho. El último ejemplo es la Ley de Autonomía Personal cuya ejecución, financiación y desarrollo la están convirtiendo en una auténtica Ley de Dependencia como se le conoce. Posiblemente para mayores e inmovilizados pueda representar una ayuda, pero para las personas afectadas por enfermedades mentales graves, en Navarra, alrededor de 6.500 personas, es otro obstáculo a sumar a los anteriores para acceder a recursos y prestaciones que dependen de la Agencia Navarra para la Dependencia. Según la Ley se debiera tener en cuenta los informes de salud de la persona y del entorno en el que vive, algo que se ha hecho siempre en las valoraciones de minusvalía donde los factores sociales puntúan. El proceso de valoración nos lleva a seis meses de espera y consiste en una visita domiciliaria por una terapeuta ocupacional que aplica la tabla de tareas y actividades con doce grupos de preguntas que van desde si sabe abrir latas y botellas, pasando por la micción / defecación hasta llegar al último grupo que se refiere a la toma de decisiones. La puntuación de ese instrumento determina la valoración.. Los informes médicos que se aportan, la información familiar y de situación económica, apartado exhaustivamente requerido en la solicitud de valoración, no sabemos qué utilidad tienen en un procedimiento que no está regulado. Lo sorprendente ya no es la simpleza con la que se puede valorar o desvalorar, sino que eso se certifica a efectos de acceso a recursos y prestaciones. Después de mucha publicidad sobre la universalidad de los recursos y la posibilidad de reclamarlos judicialmente, resulta que el Decreto Foral 69/2008 de Cartera de Servicios Sociales sólo los garantiza a los Grandes Dependientes y Dependientes Severos de nivel 2. Esperemos que para el 2016 no ocurra como con el resto de Leyes, Planes y Programas que se han quedado sin efecto por el camino. Resulta kafkiano.
El lema de este año es significativo en cuanto que vuelve a reivindicar la acción ciudadana a través de la movilización, algo que se dio en la sociedad española de los 80, con principios democráticos y sentido de lo colectivo. La sociedad civil no está muerta como dice el Vicepresidente del Gobierno de Navarra. La apatía es patológica y puede preceder a la agitación. Nuestra crisis va a ser de tal calado que romperá muchas tablas rasas y espejos virtuales. Estoy de acuerdo con el Doctor Valentín Fuster que no es psiquiatra ni político, sino un eminente investigador y autoridad mundial cardiovascular. En su libro “La ciencia de la salud” advierte la necesidad de revisar las reglas del juego, retomar principios fundamentales como la solidaridad y una nueva forma de gestionar la riqueza. Apunta que hay que huir del individualismo feroz al que nos ha conducido la evolución del capitalismo y buscar salidas de cooperación.
Como madre y ciudadana que ha ejercido responsabilidades públicas y sociales llamo al abandono de la competitividad y del egoísmo para evitar transformaciones traumáticas por la fuerza de las grandes desigualdades y buscar una evolución en términos de cooperación para evitar el sufrimiento y el sacrifico de los más vulnerables. Aquí es donde puede tener sentido el lema mundial de la Salud Mental.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|