Opinión |
Sanferminera Barcina
Llevamos años, los nueve años del régimen barcinista, que las actividades organizadas por las asociaciones de vecinos están teniendo grandes dificultades para poder funcionar con normalidad. Para favorecer la vida comunitaria de los barrios. Para abrir vías de comunicación.
Esto está ocurriendo desde hace nueve años en toda la ciudad, pero especialmente en el casco viejo de Pamplona. Porque los vecinos y vecinas del casco viejo llevamos casi una década viviendo un estado excepcional: las dificultades para vivir día a día, como el barrio vital y participativo que somos. Las dificultades cotidianas que tenemos cada día para poder aparcar y circular con el coche para actividades cotidianas como acercar la compra, traer y llevar a nuestros mayores, niños pequeños, discapacitados... Porque la peatonalización abordada en el centro de nuestra ciudad nunca ha venido acompañada de una política de accesibilidad y aparcamientos acorde a las necesidades de los vecinos y vecinas de nuestro barrio. Nunca han tenido en cuenta el barrio como lugar donde vivimos; sólo se ha pensado en las necesidades como centro administrativo y turístico de Pamplona. Y no sólo es eso.
Pero estas no son las únicas dificultades que nos ha dejado a los vecinos y vecinas del casco viejo esta década Barcina: las plazas de escuela infantil, para los niños y niñas de 0 a 3 años del barrio son prácticamente inexistentes. En los últimos años se está incrementando la tasa de natalidad en nuestro barrio, pero no las plazas. Un estudio realizado en el año 2005 señalaba que en el casco viejo vivían 381 niños entre 0 y 2 años mientras que solamente se contaba con 58 plazas de escuelas infantiles en todo el barrio. El número de niños ha aumentado desde entonces. Las plazas no. Así que ese raquítico 15`22 % de niños y niñas del casco viejo que en el año 2005 podían acceder a una plaza de guardería en el barrio, ahora, en el 2008, ha descendido y son muchos menos aun los niños que podrán hacerlo.
Y hemos sufrido muchas otras dificultades: como cuando UPN decidió, unilateralmente, sacar la Biblioteca General del Casco Viejo, y llevarla hasta Mendebaldea, a pesar de saber el poder revitalizador que hubiese tenido para el centro de la ciudad una infraestructura cultural que mueve a cientos de personas cada día en horario continuo, no solo de 8 a 3. O como cuando el equipo Barcina decidió que los vecinos del casco viejo, nuevamente, debíamos ser ciudadanos de segunda y no nos merecíamos el precioso Civivox que se estaba construyendo en nuestro barrio. Que debía utilizarse para albergar el Museo de Pablo Sarasate. Al final, desistieron de la idea, pero esta semana abre el Palacio de Condestable con la colección temporal, “pero no se sabe durante cuanto tiempo” de Sarasate. Y las actividades propuestas para y por la vecindad tendrán que esperar, por lo menos, hasta el año que viene. Y tantas otras dificultades con las que nos vamos encontrando cada día solamente por vivir en nuestro barrio. En un barrio cada vez más maltratado por el equipo de gobierno.
Ahora le ha tocado el turno a San Fermín Txikito. Cada barrio disfruta y construye sus fiestas. Los del casco viejo lo venimos haciendo desde el año 1973. Lo organizan asociaciones y colectivos, pensando en el interés de todos y todas los que aquí vivimos y todos los que vienen a disfrutar del centro y a revitalizar nuestras calles. Pero, este año, UPN ha decidido impedir que se celebren los actos que han organizado desde la comisión de fiestas del barrio y preparar ellos mismos unas fiestas de San Fermín Txikito alternativas. Amparados en una moción presentada el año pasado, han decidido arrogarse unas atribuciones que no le corresponden. Algo así como si Yolanda Barcina decidiese organizar las fiestas de los colegios, sin contar con el profesorado, ni el alumnado, ni los padres y madres. O como si UPN se presenta en una Peña para organizar el día del socio. O como si, en vez de dedicarse a hacer lo que les compete, decidiesen organizar las comidas de navidad de todas las empresas de Pamplona. Bastante absurdo ¿verdad? Pues eso, exactamente eso, es lo que quieren hacer con San Fermín Txikito, solo que, además, sin avisar. Como si con los votos y la vara de mando les hubiesen atribuido no sé cuantas insólitas competencias.
Los colectivos y entidades sociales con presencia en los barrios son elementos fundamentales para la representatividad y la participación ciudadana. Sólo desde el protagonismo de los agentes implicados puede alcanzarse una vida comunitaria rica, fructífera y solidaria. Solo de esa manera se consigue mejorar la calidad de vida de la comunidad. A cambio, es una constante en estos últimos nueve años que UPN dificulte el trabajo comunitario en toda nuestra ciudad y, sobre todo, en el centro. Es evidente la visión que UPN tiene de los vecinos y vecinas de Pamplona como consumidores y usuarios y no como parte activa de la vida de nuestra ciudad.
Hay que apostar firmemente por el mantenimiento de los espacios sociales de participación que permitan el desarrollo de fiestas, actividades, el sentido crítico y de pertenencia mediante la promoción y dinamización de una red sociocomunitaria en la que todas y todos podamos sentirnos partícipes e integrados. Eso era, hasta ahora, las fiestas de San Fermín Txikito. Esperamos que UPN no las quiera convertir en un conflicto social.
Pedimos que, para el futuro, el equipo de gobierno sepa desarrollar un trabajo coordinado y una interlocución estable con los entes sociales y vecinales de nuestro barrio. Porque, después de nueve años de difícil convivencia con el equipo Barcina a muchos vecinos y vecinas del casco viejo nos empieza a quedar claro que, a veces, el roce no hace el cariño. Solamente hace llaga.
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