Opinión |
¿Quo vadis, UPN?
Reconozco que no salgo de mi perplejidad. Cuando todos los partidos van perfilando sus marcas, coaliciones y candidatos electorales, el partido del Gobierno todavía no ha definido el modo de presentarse a las elecciones. Sigue dándole vueltas a su marca electoral. En el inicio de la temporada, barajó la opción de presentarse bajo una Plataforma Cívica, con el fin de “salvar a Navarra del acoso del nacionalismo vasco”. La semana pasada, ha anunciado la posibilidad de presentarse en coalición electoral, en las municipales, con el CDN. Ya en otro plano, recientemente, Sanz no ha descartado pactos postelectorales con el PSN, girando bruscamente sobre la línea emprendida del palo y tente tieso con respecto a este partido.
Qué está pasando en UPN que anda de tribulación en tribulación, de duda en duda. La respuesta a este errático comportamiento hay que buscarla en los síntomas de nerviosismo que muestran su candidato y su equipo. Buena muestra de ello fue el cese de Palacios, dos días después de ser publicado el Navarrómetro. A Sanz, después de más de una década en el poder, no le salen las cuentas.
El no descartar la coalición municipal con el CDN tiene un claro nexo de unión con el hecho de que en las elecciones municipales es necesario sobrepasar la barrera del 5% de los votos para entrar en la asignación de concejales. Por lo tanto, los datos que poseen indican del peligro que para ellos tiene que los votos del CDN se desperdicien al no sacar concejales en municipios como Pamplona. Lo de la Plataforma Cívica está quedando en agua de borrajas, no consiguen grandes fichajes y el candidato del PSN va a competir con ellos en el espacio del navarrismo sin dar cancha al vasquismo.
Es tal la desazón que no es de extrañar que desde sectores de UPN se dude de la idoneidad del candidato presidencial. Por ello, Sanz se ha querido reforzar con la figura de Barcina, señalándola como sucesora. Mal favor le ha hecho si de verdad quiere ésta aspirar a dicha sucesión. Demasiado pronto expuesta a los ataques de sus amigos.
En política, estar atentos y percibir los cambios de ciclo es fundamental. Nunca he dudado de la inteligencia de la derecha navarra que para eso lleva gobernándonos tanto tiempo. Por eso mismo, se dan cuenta de que su ciclo está agotado, máximo cuando en España son otros los que gobiernan. No han querido, o no han podido, renovar desde el poder y piden una prórroga. Era enternecedor el artículo de Sanz en que intentaba blindarse, encerrarse en su palacio, ante el inevitable cambio. Se sintetizaba en aquello de que más vale malo conocido que bueno por conocer.
Utilizan, ad nauseam, al Gobierno como ariete electoral. Se ha dado instrucciones para que den al menos dos ruedas de prensa a la semana cada Departamento. Además, claro está, de las comparecencias parlamentarias que algunos grupos de la oposición les regala gratuita e ingenuamente. Aunque, el ciudadano ya se ha puesto el impermeable del escepticismo ante la profusa lluvia de propuestas electorales.
Cierto es que el futuro está por escribir. En última instancia, lo tienen que decidir los ciudadanos. Yo mismo, tengo muchas inseguridades y muchas dudas sobre el próximo gobierno. Es algo que no está cerrado, ni siquiera empezado. De momento, se queda en sueños, el PSN con ganar y gobernar ellos solos; Zabaleta con un Gobierno a la gallega, nacionalistas y socialistas a la par; IUN, con un Gobierno de Izquierdas y Alternativo. Ya se sabe, ante la certeza, unidad y ante la duda, libertad. Por ello, más allá de los sueños, tengo una seguridad; el próximo gobierno deberá estar legitimado y sustentado colectiva e institucionalmente en una gran mayoría social de Navarra. Y esa mayoría tiene una identidad muy señalada desde hace tiempo. Posteriormente, su dirección política estará orientada en aquellos que le han apoyado, desde el respeto a la pluralidad.
Termino haciendo referencia al título del artículo, que en latín significa «¿a dónde vas?», alude a un pasaje de la Biblia en el cual el apóstol Pedro , que huye de Roma para ponerse a salvo de la persecución, se cruza con Jesús. Pedro le hace dicha pregunta, a la que Jesús le responde que va a ser crucificado en Roma por segunda vez, porque sus propios discípulos le abandonan. Avergonzado de su cobardía, Pedro regresa a Roma para afrontar su destino, que será el martirio.
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