Opinión |
Agur, Garoña
Ha pasado bastante desapercibida la noticia del anuncio de cierre de la Central Nuclear de Garoña (Burgos). Esta planta nuclear es la más cercana a Navarra: el Parlamento foral ha debatido en numerosas ocasiones la petición de este cierre, e incluso se llegó a aprobar la medición periódica del agua del Ebro a su paso por Navarra para controlar los posibles vertidos nucleares. Esta central tiene unas instalaciones obsoletas y su vasija incumpliría elementos básicos de seguridad.
La decisión política viene motivada por la influencia que la izquierda verde, integrada por IU e IC-V, tiene, por lo menos hasta la fecha, sobre el Gobierno socialista. El anuncio del Presidente el domingo pasado del cierre de Garoña es el inicio de la exigencia de la izquierda verde para establecer un calendario de cierre de todas las centrales nucleares del Estado. Ahora estaremos vigilantes para que este anuncio, que considera su cierre en 2009, no tenga más de anuncio electoral del Gobierno central que de efectivo cumplimiento de los compromisos políticos con la izquierda.
El riesgo nuclear es evidente. Este año se ha cumplido el desgraciado vigésimo aniversario del peor accidente nuclear de Chernobil. En el mes de abril se cerró la segunda central nuclear de España, Zorita, después del cierre de Vandellós I por un incendio. En nuestro entorno europeo son varios los países que han acordado un calendario de cierre de sus centrales: Alemania, Suecia, Holanda.
Pero hay un sector económico y político que, aprovechando la crisis del petróleo, está apostando por la renuclearización de España y de Europa. Las argumentaciones en las que se apoyan se caracterizan por no dar una información fidedigna de cada una de las “ventajas” que intenta vender la opción nuclear. Cuando se dice que la energía nuclear no contamina, se omite que no hay solución para unos residuos nucleares que permanecen activos durante miles de años. Las nucleares no emiten gases de efecto invernadero, pero generan residuos radiactivos que no saben cómo tratarlos.
España es dependiente de todo el proceso nuclear de países extranjeros: la materia prima (el uranio, cuyo precio se ha cuadriplicado en los últimos 5 años), el enriquecimiento del mismo y la tecnología de las centrales nucleares provienen al 100% del extranjero.
La energía nuclear ha perdido, además, la batalla de la competitividad económica. Al coste de construcción y gestión propios de cada central, hay que sumarle el coste de la gestión de los residuos que produce, la responsabilidad civil limitada por el riesgo que conlleva, la dotación establecida para los planes de emergencia de cada central y los costes del desmantelamiento de la central al final de su ciclo productivo. Con todo ello, la nuclear no es una energía eficiente en costes.
Por razones de seguridad, ambientales y económicos es aconsejable establecer un horizonte de cierre de las centrales nucleares en España. Pero este cierre se debe impulsar atendiendo también a los tres principales problemas de nuestro sistema energético: la ineficiencia energética (cada vez necesitamos mayor cantidad de energía para producir una unidad económica, mientras en Europa disminuye), la dependencia energética del exterior (España importa el 75% de la energía que consume) y, como consecuencia de ello, somos el Estado que más incumple con los compromisos de Kioto (Navarra ya supera en un 45% las emisiones contaminantes de efecto invernadero).
Necesitamos otra política energética que frente a un aumento descontrolado de la generación de electricidad consiga mejorar la distribución, el mantenimiento y la modernización de los sistemas de transformación y distribución energética. Izquierda Unida propone fijar un calendario exhaustivo de cierre nuclear definitivo y efectivo; y, a la vez, abordar los grandes retos de planificación que el modelo energético demanda.
Para su debate propongo acordar un plan de cierre para las plantas de energía nuclear, sabiendo que los últimos años la vida útil de cada central debiera condicionarse en función de que los aspectos técnicos y de seguridad lo permitieran; y que se distribuyan los gastos de amortización de las centrales (que dejarían de producirse) de la siguiente manera: el 50% para desarrollar un fondo para las energías renovables, el ahorro y la eficiencia energética; un 20% para aumentar la seguridad y el mantenimiento de las centrales; otro 20% para un fondo de dinamización económica y social en la Comarca donde se encuentra instalada la central; y el 10% restante para el gestor de la central.
Con esta propuesta conseguimos que el mismo cierre de las centrales nucleares sirva para afrontar los principales retos del modelo energético ya obsoleto existente en España, apostando por el ahorro y la eficiencia energética, dando un mayor impulso a las energías renovables. El aprovechamiento del viento, la energía solar térmica y fotovoltaica, y la energía que se produce con agua y residuos vegetales generan la energía del futuro sin quemar los recursos limitados de carbón, petróleo o gas. Es necesario apostar decididamente por un sector investigador, de innovación y tecnológico industrial seriamente en torno a las renovables para hacerlas eficientes y que puedan cubrir a medio plazo la producción energética de las nucleares (hoy la energía nuclear produce el 24% del total de Kw/hora que cubre la demanda eléctrica).
Desde Navarra seguimos sin recibir explicaciones reales de las razones por las que el Gobierno de UPN decidió la venta barata, rápida y mala de EHN a una multinacional que está obteniendo impresionantes beneficios en su producción de energía con fuentes renovables. La derecha ha dilapidado un sector público estratégico, de futuro y de gran rentabilidad económica, que habría ido aumentando los beneficios para nuestra Comunidad constantemente. Las energías renovables en Navarra tienen que ser una apuesta industrial y energética estratégica, más allá del anuncio de postal en que lo han convertido los gestores del actual Gobierno.
El impulso a otro modelo de desarrollo, que incorpore la sostenibilidad como un eje principal, en una Navarra de cambio es el impulso que la izquierda verde quiere liderar.
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