Opinión

De votantes a ciudadanas: 75 años luchando por más democracia

escrito por Idoia Saralegui martes, 19 de septiembre de 2006

El próximo 1 de octubre se conmemora el 75 aniversario de que las mujeres consiguiéramos tener derecho a voto.

 

A veces tenemos dudas cuando volvemos la vista hacia el pasado, porque sabemos que quedan demasiadas cosas que hacer en el futuro. Pero merece la pena el esfuerzo. Merece la pena comprender que hubo mujeres que, estando en peor situación de la que hoy vivimos, supieron luchar y supieron entregarse para poder hacer de nosotras ciudadanas de primera, ciudadanas con derechos. Porque la historia de las mujeres es una historia de oscuridad, una historia de lucha y también una historia de logros. Las mujeres hemos sido escondidas por una historia que no hemos escrito, las mujeres hemos vivido a la sombra de las leyes que marcaban los hombres. Porque, como señala Isabel Allende “La historia la escriben los machos vencedores”. Y desde ese prisma, las mujeres éramos ciudadanas de segunda. Tan de segunda, que ni siquiera podíamos elegir a nuestros representantes. No podíamos votar. Y esto no es una situación absurda que ocurriera en la Edad Media. Estamos recordando la situación en que vivían las mujeres españolas en pleno siglo XX. No es algo que ocurrió hace cientos de años: nuestras propias abuelas no podían votar, porque introducir el papel en las urnas y elegir a tus representantes era cosa de hombres.

 

Afortunadamente, a la incansable lucha de muchas mujeres, encabezadas por Clara Campoamor, se unió un proceso histórico favorable. La II República se inició favoreciendo, entre otras medidas, que las mujeres pudieran ser elegidas como representantes del pueblo. De ahí ya solo nos quedaba un paso. El paso más difícil, es verdad.

 

Las dos mujeres elegidas como representantes en el Congreso de los Diputados aquel año 1.931 tenían opiniones diferentes. Clara Campoamor defendía, por encima de todo, el derecho de las mujeres a elegir su destino mientras que Victoria Kemp argumentaba que el grueso de las mujeres era conservadoras y, por lo tanto, su voto iría en contra del propio modelo que lo impulsaba. Al final, ganó el sentido común. No se pueden cambiar derechos por votos. Ni entonces ni ahora. Y las mujeres adquirieron más derechos, y con ellos una conciencia crítica que poder ejercer. Durante poco tiempo, es cierto, porque el franquismo privó durante 40 años de todos estos derechos tanto a hombres como mujeres.

 

¡Cuánto han cambiado los tiempos desde entonces! O igual resulta que no ha sido para tanto. La precandidata socialista a la Presidencia francesa, Segolene Royal, señalaba la semana pasada que la sociedad francesa es feminista, pero sus políticos son machistas. ¿La razón? Las viejas figuras de su partido ponen objeciones a su candidatura. Objeciones no basadas en la valía de esta mujer, ni basadas en la razón, sino en su propia y absurda razón patriarcal, en su mediocridad y en la misoginia.

 

Pero no es el único dato: aunque el alumnado de las universidades españolas es mayoritariamente femenino, tan solo el 13% de sus cátedras están ocupadas por mujeres. El famoso techo de cristal refuerza su presencia cuando hablamos de formación de las personas, cuando hablamos de esperanzas de futuro.

 

¿Y los medios de comunicación? Los medios de comunicación trasladan las noticias, trasladan la opinión, trasladan determinados valores... Por eso es uno de los espacios a que los hombres más se aferran. Entre los 500 puestos directivos más relevantes de los medios de comunicación estatales, las mujeres ocupaban tan solo el 14%. O lo que es lo mismo, en pleno año 2.006, los hombres copaban el 86% de los puestos que deciden la información que la sociedad debe recibir.

 

Y las mujeres ocupamos apenas el 3% en los Consejos de Administración, una cifra bastante preocupante en pleno siglo XXI. Y alcanzamos justamente el 30% en los diferentes órganos legislativos del estado español...

 

Además, si miramos más allá de nuestra casa vemos que hoy las mujeres todavía no votan en Arabia Saudí, Bután o en Brunei. En Kuwait la ley va a hacer que voten por primera vez en el año 2007, mientras en Líbano tienen un sistema opcional, donde se vota o no según quiera el Gobierno. Por último, en un país como Omán no votan las mujeres y sólo lo hacen algunos hombres.

 

Queda mucho camino por recorrer. Y el objetivo de las mujeres no puede ser conseguir el mero reconocimiento legal de los derechos, sino la participación sin límites en todos los ámbitos de la vida política, social, económica y cultural. En estos 75 años hemos iniciado el duro camino que supone evolucionar de ser simples votantes a ser ciudadanas con todos los derechos.

 

Por todo ello, el 1 de octubre debemos conmemorar esta efeméride, analizando también el proceso de lucha social y político que precedió al sufragio femenino en el estado español y que se materializó con la consolidación de un modelo político cargado de valores, como fue la II República.

 

Desde ahí debe impulsarse la izquierda buscando una igualdad real para este siglo XXI que empezamos a recorrer. Porque, no nos engañemos, esos complejos machistas que nos negaban el derecho al voto hace tan solo 75 años, están basados en planteamientos conservadores y patriarcales que todavía inundan nuestro pensamiento político y social. Una democracia avanzada no puede dejar ningún ámbito, ni privado ni público, en manos de la discriminación de las personas, sea por razón de sexo o por cualquier otra razón. Y para combatirlo somos muchas y muchos los que nos vamos a empeñar en esta lucha justa: conseguir que en el siglo XXI gobierne la igualdad.

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