Opinión |
Espacio versus Alternativa
IU ha sufrido un gran golpe, pero no tiene por que ser definitivo, como muchos agoreros desearían. Hay que afrontar un gran debate, dar la palabra a la afiliación y decidir sobre qué política de izquierdas y radical necesita este país y qué modelo organizativo requiere.
Pero en política fundamentalmente hay que aclarar, como diría Lenin, qué hacer: ensanchar el espacio político a la izquierda del PSOE, o convertirnos en una fuerza política que ofrece alternativas al capitalismo.
Alternativa que hoy hay que construir a nivel local, estatal, y fundamentalmente Europeo. Con la excusa de que se nos homologara con Europa, las fuerzas políticas mayoritarias de España, así como las derechas nacionalistas, e incluso los Sindicatos, aceptaron el tratado de Maastricht, que significó aceptar el neoliberalismo como la doctrina económica oficial, sea el que sea el partido que gobierne en cualquier país de la UE.
Europa impone el 85% de los reglamentos que afectan a nuestra vida diaria. La doctrina imperante es que debe mandar el mercado. Por lo tanto el Estado desregulariza el trabajo para que las tasas de beneficio aumenten, lo que acarrea trabajos temporales y/ o precarios, y que los sueldos bajen mientras los beneficios, sobre todo de las grandes corporaciones y Bancos crecen con cifras espectaculares.
El valor del salario real medio en 2005 se ha situado en un nivel similar al que tenía en 1991 Se evita el déficit fiscal, privatizando lo público La directiva Bolkestein pretende privatizar todos los servicios. Se quitan impuestos (basta recordar la puja entre el PSOE y el PP en campaña electoral), que sobre todo afecta positivamente a los ricos y la consecuencia es que no hay dinero para la sanidad y la educación pública, con partidas presupuestarias alejadas de la media de la UE.
Otro ejemplo: la Reforma Fiscal en Navarra hará que 400 grandes empresas de nuestra Comunidad paguen 33.300 euros menos al año. Sin embargo las listas de espera en Osasunbidea se alargan, o se derivan pacientes a las clínicas privadas. Se admite la deslocalización de empresas, que han recibido subvenciones del Estado o del Gobierno de Navarra, que se marchan con la única finalidad de aumentar sus beneficios, por los salarios más bajos que se pagan en los países a donde se instala la empresa, con el consiguiente el aumento del paro.
Éste es el neoliberalismo y ante esto resurge la idea transformadora en un sentido anticapitalista en Europa. Frente a la mal llamada socialdemocracia que, vota con los populares toda esta política. El nuevo partido “Die Linke”, “la Izquierda" encabezado por Oscar Lafontaine y Lothar Bisky, gana terreno en Alemania. Los verdes alemanes, que aceptaron el neoliberalismo se hunden. Un comunista es jefe de Estado en Chipre. Todos los Partidos europeos, transformadores, junto a IU y al PCE forman parte del Partido de la Izquierda Europea.
En cuanto a la política en España, se acentúa la degradación. La campaña nos ha retrotraído al siglo XIX. Han resucitado a Canovas del Castillo y a Sagasta con una estela de clientelismo, caciquismo e inmoralidad política. El pan y circo del PP y del PSOE convierten la política democrática en puro espectáculo. España está más a la derecha. El PSOE gana las elecciones y el PP avanza y se consolida. En los grandes asuntos, el capital y sus representantes orgánicos (CEOE, Banca…) bendicen a uno y a otro porque saben que defienden el mismo tipo de sociedad. Unos desde el conservadurismo, otros desde el social liberalismo.
El bipartidismo es asfixiante. Se fomenta desde todos los medios de comunicación principalmente televisión española. Se realizan enfrentamientos entre el PSOE y el PP de cara a la galería. En el fondo todos son amigos: Como dice Alfredo Grimaldos, autor del libro “Zaplana. El brazo incorrupto del PP”, entrevistado en Mundo Obrero, hablando sobre ese personaje: “es íntimo amigo de Pérez Rubalcaba. Y también de Bono con quien comparte cariño y los favores de un individuo como El Pocero”.
La justicia está para perseguir a los pobres y a los insumisos. Ni los amigos del rey ni los políticos ni los banqueros van a la cárcel.
La paz y la democracia son tergiversadas por el sistema. Es verdad que Zapatero nos sacó de Irak. Pero nos ha metido en Afganistán, y en Líbano, donde Estados Unidos y las grandes corporaciones europeas tienen intereses estratégicos. Casi la mitad del presupuesto de España de I+D+i va a investigación militar.
Además los españoles no somos iguales ante la LEY. Veamos dos ejemplos: La Ley electoral y las circunscripciones provinciales hacen que el PSOE y el PP saquen por 60.000 a 70.000 votos un diputado, mientras a IU le cuesta casi 500.000. La monarquía impuesta y nunca plebiscitada, nos cuesta la cantidad de “nueve millones” de euros al año sin ningún control. El Rey no puede ser juzgado en caso de delito y el próximo Jefe de Estado, según la Constitución será su heredero, al margen de su capacidad y de todo raciocinio democrático.
Todo ello hace que acatemos pero no aceptemos la Constitución del 78 y que pidamos un régimen republicano, federal, que apueste por la PAZ, con democracia participativa y con una economía que de trabajo digno, estable, viviendas y seguridad.
Es el momento de decir las cosas claras. De hacer un discurso de izquierdas sin complejos. Los problemas del capitalismo, o causados por el capitalismo, no van a solucionarse con más capitalismo (privatizaciones, especulación y corrupción, trabajo precario, reducción de derechos…). No hay otra alternativa que la lucha política, cultural y social por el cambio, por el socialismo fundamentado en una democracia real. La clave está en combatir la norteamericanización de Europa con un programa político, económico y social de izquierdas, recomponiendo la relación entre la izquierda y la clase obrera, que se han distanciado gravemente y dar un marco de convergencia y encuentro con todos los sectores y movimientos de izquierda, culturales, ecologistas y anticapitalistas.
Y para ello debemos organizar una mayoría que está ya dentro de IU y sumar mucha gente que está fuera y cree en el proyecto que defendemos. Es imprescindible tener un programa político concreto y claro, defendido en todo el Estado, reconstruyendo la organización, con un equipo de dirección que trabaje de forma colectiva, con un funcionamiento estrictamente democrático, basado en las decisiones de los órganos dirigentes, que relance la movilización social, y que sea capaz de reconstruir la alternativa de la izquierda transformadora.
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