Opinión

Izquierda Unida tiene que sobrevivir a sus dirigentes

escrito por Javier Jimeno, miembro del Consejo Político Federal de IU domingo, 23 de marzo de 2008

Los resultados electorales de Izquierda Unida colocan a la organización en una situación crítica. En los próximos meses se decidirá su futuro. Si dejamos que los dirigentes de siempre tomen las decisiones la organización camina inexorablemente hacia su final tal y como fue concebida. ¿Vamos a consentirlo?

 

Lo que ha fracasado en estas elecciones no es IU, sino su dirección.

 

Cerca de un millón de hombres y mujeres nos han votado, en condiciones políticas muy adversas. Esta es la mejor demostración de que sigue existiendo un amplio espacio social a la izquierda del PSOE.

 

Lo que lleva demasiado tiempo fallando es una buena dirección política en IU que sea capaz de entusiasmar, unir y cohesionar a los centenares de miles de ciudadanos que nos dan su apoyo.

 

En estas elecciones no se ha producido ningún “tsunami” electoral. El terrible atentado terrorista del 11 de Marzo de 2004 sí fue un tsunami impredecible y con un importante impacto en la conciencia de los ciudadanos. Pero la polarización de estas elecciones se veía venir desde el principio de la legislatura.

 

Unos dirán que lo ocurrido era inevitable y otros que si se les hubiera hecho caso los resultados hubieran sido mejores. Este debate lógico e inevitable será positivo si sirve para buscar conclusiones unitarias, pero también se puede convertir en la excusa que rompa definitivamente la organización.

 

Los problemas en IU no surgen estos últimos cuatro años. Tras las elecciones generales de 1.996, a pesar de alcanzar el 10,54% de votos y 21 Diputados (máximo histórico), la organización sufrió el profundo trauma de la escisión de Nueva Izquierda y la ruptura con Iniciativa por Cataluña. En la elecciones del 2.000 la organización colapsa perdiendo más de la mitad de su apoyo electoral, cayendo al 5,45% y 8 Diputados. En las de 2.004 se sigue cayendo al 4,96% y 5 Diputados y en estas últimas al 3,80% y uno o dos diputados según se mire.

 

A lo largo de todos estos años la organización ha estado dirigida por diversos equipos de dirección en los cuales se repetían muchos nombres en un baile constante de alianzas y rupturas. Poco a poco la dirección federal se ha ido pareciendo más a una Corte cuajada de intrigas palaciegas que a una dirección política que fuera fuente de inspiración, ánimo y confianza a los militantes y simpatizantes.

 

O los dirigentes que, unas veces en mayoría y otras en minoría, han estado en la dirección de IU los últimos 12 años se retiran o tendrán el dudoso honor de hacer bueno el refrán “entre todo la mataron y ella sola se murió”.

 

En los próximos años IU puede recuperarse. Zapatero ha agrupado el voto de la izquierda a su alrededor más que por meritos propios por la brutal oposición de la derecha. Pero esto va a cambiar.

 

En la próxima legislatura el PP moderará su forma de hacer oposición, apareciendo el verdadero Zapatero, centrista y moderado, en un contexto de crisis económica. Y en época de “vacas flacas” la socialdemocracia siempre cede a las presiones de los empresarios para cargar de forma desigual los costes de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores y sectores más desfavorecidos de la sociedad.

 

Sí IU tiene un sentido de existir es ser la voz de los débiles frente a los poderosos, del trabajo frente al capital, de la solidaridad frente al individualismo, del compañerismo frente al “sálvese quien pueda”.

 

La cuestión no es estar siempre o nunca de acuerdo con el PSOE. Unas veces lo estaremos y otras no. Lo esencial es que mientras la izquierda socialdemócrata acepta el capitalismo como el único sistema posible, la izquierda alternativa seguimos pensando que el capitalismo debe ser sustituido por otro sistema en el que el capital este al servicio de la humanidad y no la humanidad a su servicio.

 

Y aunque vivamos bajo el capitalismo y luchemos en el día a día por mejoras sociales, nunca debemos conformarnos ni adaptarnos al sistema, porque cada vez que lo hagamos nada nos diferenciará de la socialdemocracia.

 

Una de las cosas que la próxima Asamblea Federal debería resolver es la coordinación entre el trabajo institucional y el social. Ambos son necesarios, pero sus ritmos y prioridades no son iguales. Si los mejores compañeros se dedican simultáneamente a la representación institucional y a la dirección interna al final siempre acaba resintiéndose la organización.

 

En el próximo periodo, la prioridad debe ser reconstruir IU y sus actividades hacia y entre la sociedad. Los Coordinadores, desde el federal hasta los de las asambleas locales no deben ocupar cargos institucionales de ninguna clase. La actividad de IU no puede gravitar exclusivamente entorno a la actividad institucional.

 

Izquierda Unida se salvará si somos capaces de vincular más allá del voto a buena parte de los cientos de miles de ciudadanos que, “inasequibles al desaliento” nos han votado. Y lo lograremos si les ofrecemos cauces variados de participación política.

 

Como decía al principio, en los próximos meses nos jugamos el futuro de IU. Desde aquí animo a todos los militantes y muy especialmente a los coordinadores de las asambleas de base a garantizar que el debate no sea un recuento de “tanques” antes de la Asamblea Federal, sino un movimiento por la consecución de un nueva dirección capaz de generar ánimo en el presente, ilusión en el futuro, compañerismo y ponga al mal tiempo buena cara.

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