Opinión |
Estertores
Los atentados de ETA en campaña electoral forman parte del cortejo fúnebre de esta banda. Prácticamente, en todas las campañas de elecciones generales. Empezó en vísperas de las primeras elecciones generales celebradas en España tras el restablecimiento de la democracia, el 15 de junio de 1977. ETA asesinó a cuatro personas, dos de ellas guardias civiles y continuó en todos los procesos. La única vez que no hubo atentados de ETA fue hace cuatro años. La estrategia, pues, no es nueva. Pretende condicionar el resultado electoral, introducir su macabra lógica.
El atentado en esta campaña formaba parte de lo posible. De hecho, las fuerzas de seguridad habían introducido el código de Alerta Máxima. En cualquier caso, a pesar de que no sea nuevo, a pesar de que formara parte de las hipótesis de Interior, no nos deja de parecer algo insólito. Y así debe ser, nunca debemos dejar que un atentado forme parte de la normalidad ni política ni cotidiana. Es algo que nos debe sorprender siempre que ocurra. El día de que el atentado político forme parte de la vida política estaremos ciudadanamente muertos.
Desde esa ciudadanía, a la que apelo, debemos vencer al dogmatismo, al fundamentalismo, que representa ETA. ETA hace tiempo que ha muerto, el problema estriba en que no saben dónde enterrarla. Los ciudadanos y ciudadanas hemos ido, poco a poco, venciéndola. Sin atajos, con la fuerza de la paz y de la democracia. Hoy el apoyo social a ETA es nulo. Mañana, habrá desaparecido.
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