Opinión |
Navarra necesita el cambio político
Cuando hablamos del cambio político utilizamos una acepción positiva: cambiar para mejorar, cambiar para vivir mejor en una nueva Navarra. El cambio político que necesita Navarra no es algo impuesto, no es una invención, un “comodín” de algunos partidos políticos. El cambio real, el cambio de verdad, el cambio político se hace efectivo cuando es una realidad social, una necesidad colectiva y una demanda social mayoritaria. Las próximas elecciones medirán la necesidad de cambio latente en la sociedad navarra. Aunque ya existen varios indicadores que señalan la necesidad de este cambio.
En primer lugar, el nerviosismo instalado en las filas de la derecha gobernante, de UPN y de Miguel Sanz en particular, ante una previsible pérdida del poder. Leído el artículo del Presidente del Gobierno foral en este periódico vemos un discurso a la defensiva, ejerciendo de oposición a la oposición, justificando su acción política con pocos argumentos y demasiada demagogia, sin reconocer error alguno. Un discurso que suena más a disculpa que al liderazgo político y social que se le supone a un Presidente.
Existe una corriente de cambio en la sociedad navarra, que se ha venido manifestando en los últimos años. Recordemos que las últimas elecciones de 2003 dibujaron un escenario parlamentario en el que la actual mayoría de derechas (UPN-CDN) superaba sólo por 3.000 votos a la oposición progresista. Esta representación política giró hacia la izquierda en las Generales de 2004, cuando IUN, PSN y NB obtuvieron el 60% del voto de los navarros frente a un escaso 40% que obtuvieron los partidos gobernantes. La última encuesta encargada por el Parlamento de Navarra a CIES estima una intención de voto a UPN que no llega al 39%, lo que supone una bajada de más del 10% del apoyo electoral que obtuvo hace 3 años. Por primera vez, hay una mayoría de navarros que prefiere que UPN no gobierne nuestra Comunidad. Navarra, por tanto, está inmersa en el giro a la izquierda iniciado en Cataluña, en el conjunto de España y, más recientemente, en Galicia; donde la derecha ha perdido el apoyo popular y la alternativa son los gobiernos plurales de izquierda.
Atrincherarse en el discurso de la confrontación identitaria es un recurso trasnochado, una mirada al pasado que genera una tensión social impuesta. En Navarra llevamos 25 años en los que el navarrismo y el vasquismo se han retroalimentado a costa de esta confrontación, alejada del interés general e inventada desde un partidismo militante con el objetivo de mantener determinados espacios de poder. La sociedad navarra del siglo XXI, esperanzada con la posibilidad de conseguir la paz definitiva, no percibe la necesidad de esta confrontación. La apuesta por una Navarra integrada, que tenga mayor nivel de autonomía, donde se permita la convivencia de toda la pluralidad identitaria, lingüística, cultural de nuestra tierra es el sentir mayoritario de los navarros. Obstaculizar el proceso de paz, utilizar la mentira para atemorizar a la ciudadanía, trasladar peligros infundados a la sociedad desvelan estrategias electorales que no propuestas políticas rigurosas. La apuesta de IUN es una propuesta democrática para Navarra: defendemos la realidad institucional, política y social de nuestra Comunidad; y apostamos por que cualquier cambio de esta situación este exclusivamente supeditado a la decisión directa y autónoma de los navarros. Por tanto, y entendiendo la política como el arte de la prudencia, la actitud de un Presidente instalado en el extremismo radical, confrontando permanentemente con los demás y haciendo un uso electoralista de las instituciones es la antítesis del buen político. Una razón más para el cambio.
Navarra es una Comunidad que ha mejorado su situación socioeconómica en las últimas décadas. El esfuerzo que el conjunto de la ciudadanía navarra ha realizado, especialmente los trabajadores por cuenta ajena, ha sido el motor de la actual situación. El beneficio empresarial navarro ha aumentado 10 veces más que los salarios de los trabajadores, las sucesivas reformas fiscales han reducido en 10 puntos el tipo a pagar por las rentas más altas. La política económica y fiscal de la derecha es regresiva, supone reducir la redistribución de la riqueza que requeriría cualquier política de progreso e igualdad. Reducir los ingresos hace rebajar el gasto público. La inversión pública se ha reducido, se ha optado por el peaje en la sombra para las principales infraestructuras (Autovía a Logroño, Canal de Navarra) y por la venta de la principal empresa pública (EHN) para hacer caja. La Hacienda Foral viene acumulando problemas de liquidez por una mala política económica.
No vivimos en la Navarra de las maravillas. Navarra tiene problemas sociales, y 15 años de gobiernos de la derecha han hecho que éstos se hayan ido incrementando. Esta Legislatura hemos tenido un Gobierno paralizado, que no ha sido capaz de liderar políticas que resolvieran los problemas de la gente, un Gobierno sin ideas es un Gobierno agotado, que necesita recambio. Hemos tenido un Gobierno que se ha dedicado a vivir de las rentas, sin impulsar nuevas recetas a problemas sociales y económicos que se han ido incrementando año tras año. El gasto social ha visto reducir su relación con el PIB navarro: hoy gastamos menos que hace 4 años. De esto se ha resentido la sociedad navarra, en mayor grado las clases populares, los colectivos más desfavorecidos. La sanidad pública ha rebajado la calidad del sistema: la falta de inversión hace que haya centros de salud en la Comarca de Pamplona donde se han tenido que esperar 7 días para que el médico de familia atendiera al paciente; o que aumente progresivamente la demanda de urgencias ante el incremento indiscriminado de las listas de espera en la asistencia especializada. La educación navarra tiene un nivel de gasto un 25% inferior al de la Europa de los 15, con una política segregadora que ha generado cuatro redes educativas diferenciadas. Aunque el problema social de mayor importancia, para el 87% de los navarros, es el de la vivienda. La política de vivienda ha sido dirigida por los intereses de constructores y promotores, y el derecho constitucional a una vivienda digna se ha convertido en un problema que hipoteca a jóvenes y a sus padres para los próximos 40 años. No podemos estar pagando la mitad de lo que ganamos en un crédito hipotecario durante toda nuestra vida laboral. Teniendo una tasa de desempleo baja (del 5%) el nivel de precariedad laboral dobla la media europea: la tercera parte de los trabajadores navarros tienen una contratación laboral en precario, el 90% de los contratos que se firman cada mes en Navarra son temporales. Sin seguridad laboral y con unas viviendas inaccesibles, condenamos a los jóvenes navarros a una incertidumbre económica que impide mantener unos niveles mínimos de calidad de vida.
Por último, la política industrial también necesita otro impulso. No hay una verdadera política industrial en Navarra. Los sindicatos y algunos empresarios vienen denunciando una situación de riesgo desde hace años, que no han tenido respuesta por parte del poder político. La investigación, el desarrollo y la innovación representan una ínfima parte de las prioridades presupuestarias; no se ha producido la diversificación industrial tan demandada; y la productividad está estancada en un nivel bajo. El ejemplo de la crisis de Volkswagen ha puesto de manifiesto en qué medida la política industrial está condicionada por los intereses empresariales, en vez de atender el interés general.
Por tanto estamos ante una Comunidad que debe mejorar su rendimiento, priorizar el gasto social mirando a la Europa desarrollada y establecer un pacto por la convivencia; ingredientes que aseguran un futuro de igualdad, libertad y democracia. Estos son los componentes del cambio político que vamos a impulsar desde la izquierda navarra.
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