Opinión

Más allá del ecuador

escrito por Félix Taberna miércoles, 13 de septiembre de 2006

Hemos pasado el ecuador de la legislatura y con él, todo impulso inicial que supone lo nuevo. ZP deja de ser una novedad, deja de ser una expectativa. Por lo tanto, al gobierno ya hay que preguntarle qué quiere ser de mayor. En estas líneas, esbozo, a modo de guión, los ejes que considero centrales en la actual coyuntura política de España.

 

Estamos en un momento, donde la política de alianzas que el Gobierno fraguó en la investidura, entre otros con IU,  empieza a resquebrajarse, entra en crisis. Entre otras razones, porque al Gobierno le incomoda navegar por la izquierda. Toda política está condicionada a las presiones de tus  amigos y de tus enemigos. Y a este Gobierno, los zarpazos del PP le son más sensibles. A ello se le une, la comodidad que le da recurrir a los partidos del establishment, CiU y PNV. La tentación de aclimatarse al poder establecido sólo puede ser evitada desde una mayor presencia, protagonismo y movilización de la izquierda social.

 

Cierto es que todavía este Gobierno tiene un capital social importante. El ciclo de Zapatero tiene rédito en la izquierda fruto del establecimiento de medidas tales como tropas de Irak; matrimonios homosexuales; alejamiento de las tesis católicas en la acción de gobernar;  ley de dependencia... Esto es algo que la izquierda alternativa no puede obviar. Basta salir fuera de España para verlo. El desgaste de este gobierno no es homologable a un ciclo a la baja. Su ciclo político todavía está en alza y puede alargarse en las municipales y autonómicas. Por lo tanto, desde IU, debemos orientarnos en las tendencias de la sociedad española. Más exigencia, pero no ruptura.

 

Sin embargo, algunos sectores sociales dinámicos se van desencantando, ante la falta de compromisos con la izquierda social y con la sostenibilidad. Una parte sindicalismo no se muestra nada satisfecha con el acuerdo sobre reforma laboral que el Gobierno le ha impuesto. Se muestra desconfiada por unas Reformas de Estado que no han sido lideradas desde la centralidad, provocando incoherencias. También el ecologismo se muestra impaciente ante la ausencia de medidas audaces en torno al Cumplimiento de Kioto o de una expansión urbanística incontrolable.

 

Las elecciones catalanas de noviembre serán una clave importante en la política de alianzas. Un gobierno de izquierdas catalán fortalecerá el espacio de izquierdas español. Lógicamente, una subida de nuestra opción supondrá un acicate importante, dado que, en su momento,  entramos en este nuevo ciclo desde un mal resultado electoral; que en Cataluña se puede enmendar. Tampoco hay que descuidar el hecho de que las próximas elecciones municipales y forales en la Comunidad Autónoma Vasca fortalecerán el entendimiento entre el PNV y el PSE, máxime después de la separación entre el PNV y EA.

 

Los próximos Presupuestos Generales del Estado, son los últimos presupuestos antes de las elecciones municipales y autonómicas y en ellos se sintetizará los apoyos al actual Gobierno. En este contexto preelectoral, serán expansivos; territorialmente expansivos. Sin embargo, lastrarán una política de ingreso socialmente perversa dada la reforma fiscal.

 

Si hay un aspecto negativo de este gobierno es que parece que funciona a toque de corneta de encuestas. Los americanos dicen que en el mundo existen dos poderes, la administración estadounidense y la opinión pública. Aún así, no es posible gobernar a golpe demoscópico.

 

La política de inmigración es uno de los patinazos más sonoros de este gobierno. El giro brusco en el discurso, pasando de un concepto abierto a otro de dureza, es una muestra de debilidad. No es posible, pasar, en menos de un mes, de propugnar la extensión en el voto a afirmar que ya no caben más. La sensibilidad social del tema hace necesario un discurso sólido y alejado de cualquier demagogia.

 

El proceso de paz está atravesando un período de crisis. Aunque nadie quiere hablar de ruptura. A veces, da la impresión de que todo está en el aire, sin haber existido los mínimos acuerdos previos. Cierto es que el Gobierno no puede conceder asuntos políticos a la autodenominada izquierda abertzale a cambio de nada. Debe guardar materias para la negociación. Pero la ley de partidos se hace cada día más pesada para avanzar, dando a los jueces un protagonismo excesivo.

 

Por último, un breve apunte internacional. Ante una administración estadounidense que sin rubor reconoce violaciones del derecho internacional, las Naciones Unidas parecen resurgir mediante la crisis del Líbano. Mientras, la crisis institucional de Europa sigue vagando sin rumbo tras el fracaso del Tratado Constitucional. Es preciso un acuerdo de mínimos para rescatar Europa antes de sus elecciones en el 2009.

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