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2. La globalización

sábado, 14 de febrero de 2004
  

2.1. LA NUEVA CARA DEL CAPITALISMO: LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL. 

  

Es un hecho constatado, y en constante desarrollo, la mundialización de las dinámicas económicas, sociales y políticas. El desafío de la globalización caracterizado por un creciente nivel de interdependencia económica y al mismo tiempo de profundización de la desigualdad hace que los fenómenos de migraciones, interculturalidad, convivencia, cooperación al desarrollo, desarrollo endógeno frente a deslocalización, deban ser tenidos en cuenta como condicionantes básicos de cualquier proyecto político del siglo XXI. 

  

Lo que se ha dado en llamar “globalización” es una manifestación de cómo el desarrollo de las fuerzas productivas se rebela contra la existencia de las fronteras nacionales. Esa integración de las economías en el mercado mundial, a su vez, aboca dolorosamente a que, mientras la propiedad de los principales resortes de la economía siga en manos privadas (cada vez en menos fruto de la concentración del capital que magníficamente representan las multinacionales), zonas enteras del mundo estén condenadas a la explotación y la marginación. Bajo la etiqueta de la globalización no aparece sino el avance internacional del capitalismo bajo fórmulas neoliberales, esto es, propugnando en teoría la libertad de mercado, la libre competencia y la desregulación económica, e imponiendo en la práctica el dominio de oligopolios multinacionales (con sede en los Estados Unidos, la Unión Europea o Japón) que dictan a los gobiernos las políticas económicas que deben seguir bajo la amenaza de la deslocalización de las inversiones (llevarse las fábricas a otro país) y otras sanciones indirectas a través de los organismos internacionales que controlan, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, la libertad para el capital pero el mantenimiento de las fronteras para la mano de obra y el proteccionismo de los países del Norte frente a los productos del Sur. El reciente fracaso de la Cumbre de Cancún pone de relieve una vez más que la apertura de mercados sólo se ha producido para el capital y para los productos de los países del Norte; no para los productos de los países del Sur, ni mucho menos para la mano de obra. 

  

Bajo la apariencia de que las políticas aplicadas en nombre del "pensamiento único" neoliberal fomentan el bienestar y la riqueza y son la única esperanza para los países menos desarrollados, las estadísticas elaboradas por organismos poco sospechosos del sistema de las Naciones Unidas nos dicen que su resultado real es hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, que las desigualdades a nivel mundial se están profundizando y que además no se está poniendo coto a la degradación ambiental. La economía de subsistencia ha resurgido ante la crisis estructural del sistema globalizador,  neo liberal y capitalista. En este contexto, la discriminación de género, existe de manera más o menos formal y directa, en todos los lugares del mundo. Tal discriminación se extiende desde la más cruenta exclusión social hasta la violencia sistemática y se traduce en un desigual reparto de recursos, ya de por sí acumulados en pocas manos. 

  

Mientras el capitalismo no sea abolido este proceso económico pervivirá, pues tiene su fundamento en el intercambio desigual de productos con más valor añadido agregado (producidos en los países desarrollados) por materias primas o productos sin elaborar a cuya producción son condenados en la división internacional del trabajo los países del despectivamente llamado Tercer Mundo. La espiral sin salida se agrava cuando se le añaden los enormes costes de la deuda externa que sangra las economías de los más débiles. En los propios países desarrollados, además, se lucran de esta situación exclusivamente los poderes económicos, pues también en el llamado “primer mundo” las diferencias entre ricos y pobres no dejan de crecer, y nada indica que tal fenómeno vaya a contenerse.   

  

La ideología neoliberal que acompaña a la globalización capitalista tiene una incidencia directa también en las políticas que se vienen aplicando en el ámbito interno de los países desarrollados. El mito de la suficiencia del libre mercado para regular la economía y del “Estado mínimo” lleva a la bajada de la presión fiscal y a unos sistemas impositivos crecientemente regresivos, con sucesivas reformas fiscales que favorecen a las rentas de capital frente a las de trabajo, a las rentas más altas frente a las más modestas, y que hacen gravitar el sistema impositivo en los impuestos indirectos frente a los directos. Consecuentemente, han de congelarse o reducirse los gastos públicos, principalmente el gasto social y las inversiones públicas, sobre todo cuando se pretende como objetivo el “déficit cero”, una técnica opuesta frontalmente a la capacidad inversora de los poderes públicos. El Estado de Bienestar construido en la segunda mitad del siglo XX corre peligro de ser desmantelado a través de las continuas limitaciones de las prestaciones sociales y de la degradación de los servicios públicos. El recorte de gasto social incide directamente en mayores desigualdades sociales también en el seno de los países más desarrollados.  Así pues, para el sistema neoliberal el Estado aspira a componerse de unos pocos núcleos importantes (hacienda, policía, ejercito, justicia...) convirtiendo todo lo demás (servicios sociales, educación....) en objeto de mercado con la privatización de servicios públicos favoreciendo a las empresas privadas, que buscan el lucro como finalidad y dejando la calidad en un segundo plano.

  

Las políticas de recorte del gasto público de los gobiernos neoliberales hacen una importante excepción. Especialmente en el caso del Gobierno de George W. Bush, la escalada militar a que lleva su ideología imperialista (con incidencia directa en la guerra de ocupación en Afganistán e Iraq) conlleva un incremento desmesurado del gasto de defensa, gasto que además de generar en el caso de los Estados Unidos un creciente déficit público por acompañar a rebajas de impuestos, incide también negativamente en el gasto social y en la extensión de la pobreza y la desigualdad (cuarenta millones de norteamericanos carecen de seguro médico). 

  

Efecto directo de esta tendencia mundial a la globalización es el creciente traspaso de poder desde las instituciones públicas, incluidos parlamentos y gobiernos, a instituciones privadas, y principalmente al mundo empresarial. En nuestro espacio podemos contemplar de cerca el papel determinante desde el punto de vista económico de las empresas transnacionales: el presupuesto de Volkswagen Navarra es similar a los Presupuestos Generales de Navarra. Mantener en Navarra políticas económicas como las que patrocinan el PP y UPN, perfectamente acordes con los moldes de la globalización neoliberal, reduciendo el peso del sector público, reduciendo el gasto público y transfiriendo responsabilidades al sector privado, no conduce sino a menguar las posibilidades de autogobierno, ya que éste se ejerce a través de los poderes públicos o simplemente no existe. 

 

  

2.2. POR UNA GLOBALIZACIÓN SOCIAL Y ALTERNATIVA: OTRO MUNDO ES POSIBLE. 

  

Frente a la autoproclamada irreversibilidad de la globalización neoliberal que proclaman sus promotores, aparece el ámbito de las resistencias que resulta de la suma de afecciones colaterales: nuevos explotados, agricultores, mujeres, países subdesarrollados, etc., que apuntan la identificación de un nuevo sujeto histórico, que es de naturaleza más compleja y heterogénea. El mal llamado movimiento “antiglobalización” o movimiento por una globalización alternativa más social ha mostrado hasta ahora (tras las sucesivas y multitudinarias citas de Seattle, Praga, Niza, Génova, Barcelona, Florencia...) una singular capacidad movilizadora que proviene de adoptar y practicar una contra-lógica del neoliberalismo, que es un renovado internacionalismo que confronta con la globalización deshumanizada, que es de sentido contrario y que se construye en orden inverso a aquel: de abajo a  arriba, con criterios y praxis horizontales frente a las estructuras jerárquicas. Su poder de erosión radica en su potencial deslegitimador de los poderosos y de la sumisión de los Estados a sus intereses. Contiene una potencia transformadora que la izquierda alternativa ha de saber convertir en  protesta-propuesta y cambio social. 

  

La construcción de una plataforma común internacional de la izquierda es uno de los retos que plantea el movimiento por una globalización alternativa. Izquierda Unida ha de participar en un nuevo internacionalismo capaz de organizar un sujeto político internacional alternativo al desorden neoliberal dominante en el mundo. Las fórmulas concretas, de organización e intervención, es algo que se debe y puede hacer desde el interior del movimiento, acompasándose a los ritmos, a las dinámicas y a las demandas de un sujeto político-social que está cambiando el mundo. Para IU es prioritario defender el carácter unitario del movimiento, su democracia interna y su pluralidad, desde una autonomía fuerte de los poderes establecidos. 

  

IUN-NEB se ha incorporado al Foro Social de Navarra, constituido por diversas organizaciones políticas, sindicales y sociales y por personas que vienen trabajando en el movimiento pacifista, por los derechos humanos, en el ecologismo o en la solidaridad internacional. En su manifiesto constituyente de 2001 se enuncian como campos de actuación la defensa de la paz, la solidaridad, los derechos humanos y las libertades democráticas. El trabajo en común con las organizaciones y personas que integran el Foro Social de Navarra, y con otras que persigan las mismas metas, ha de ser una de las líneas fundamentales de actuación en los próximos años. 

  

El impulso de propuestas para una globalización de derechos sociales, culturales, cívicos y democráticos debe centrar nuestra labor de propuesta y en particular afirmando que: 

  

1. La soberanía de los Estados no es un límite para los derechos humanos. Hemos de exigir la persecución internacional de los delitos contra la humanidad. 

  

2. El ejercicio de los derechos humanos no puede depender del origen nacional. Tratamiento igual de todas las personas al margen de su nacionalidad, situación jurídica y del país en que se hallen. 

  

3. Los derechos económicos y sociales forman parte de los derechos humanos, y su respeto exige un marco económico justo para todos los países, el impulso de la cooperación al desarrollo, la condonación de la deuda externa de los países cuyo desarrollo está impedido por esa deuda, y un régimen de comercio mundial equitativo. 

  

Para Izquierda Unida, organización política anticapitalista, los sistemas de producción y de distribución del capitalismo van íntimamente unidos hasta el punto de que, sin alterar las relaciones de producción en que se basan (propiedad privada de los principales medios de producción), los actuales desequilibrios se perpetuarán y crecerán. Por eso, la lucha contra la “globalización”, para no terminar en un callejón sin salida, es una lucha contra el capitalismo que, por su propia naturaleza, ha de tener un carácter internacional. En el mundo hay suficientes recursos económicos y técnicos para que, planificándose democráticamente en aras a la satisfacción de las necesidades sociales y no del beneficio de unos pocos, el hambre, la miseria y multitud de enfermedades a ellas asociadas pasaran a ser un mal recuerdo. Para ello hay que quebrar el poder de las multinacionales y el gran capital industrial, económico y financiero, es decir, avanzar hacia el socialismo. 

   

 

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