Opinión

El debate entre la izquierda y la derecha

escrito por Isabel Arboniés – Ex parlamentaria de IUN/NEB miércoles, 09 de enero de 2008

La anulación del ciudadano como sujeto y la búsqueda de un marco social y político restringido más fácil de gobernar que la pluralidad, tiene mucho que ver con la pretensión de los sectores conservadores en hacer creer que el debate entre la izquierda y la derecha está superado como manifestaba hace unos días el ex ministro socialista y actual Presidente del Consejo Superior de Cámaras, Javier Gómez-Navarro defendiendo la bajada de impuestos directos y de las cuotas a la Seguridad Social. Hay verdadero interés en impedir cualquier posibilidad de confrontación sana de ideas y alternativas. Los que manejan los hilos del poder tienen miedo a un cara a cara entre la izquierda y la derecha porque impediría la pretendida simplificación. Este debate es imprescindible para la ciudadanía y para nuestro plural escenario donde la izquierda es necesaria para evitar la descomposición del espacio público y del Estado democrático como expresión soberana de la voluntad popular. Los complejos desequilibrios que soportamos requieren un debate profundo que aporte elementos de juicio para la toma de decisiones por el electorado que permitan la conformación de un Gobierno de confianza para la sociedad civil, con políticas coherentes para evitar un Estado confrontado y en acelerada subasta de sus funciones más delicadas.

 

Ante esta situación el propio PSOE, como partido que ha ejercido el gobierno del Estado, debiera promover las condiciones favorables para debatir cuestiones que están en la agenda ciudadana. Mucho más después de defraudar con una legislatura de bandazos en temas de Estado y continuismo en las políticas de la  derecha.  Francamente, después del 11M y del 27M, no se puede admitir que nos vuelvan a tomar el pelo con medias verdades, miedos utilitarios y escenificaciones chapuceras. Hace falta más que un debate de matices entre el PSOE y el PP.  El tan endiosado crecimiento económico de la última década no se ha redistribuido con equidad porque ninguno de los dos partidos han utilizado la herramienta presupuestaria para la cohesión social. Han practicado la misma política de concentración de la riqueza con rebajas de impuestos directos. Se han cargado el principio constitucional de progresividad y además prometen nuevas rebajas de impuestos porque según el ex ministro socialista “los impuestos directos estarían bien si los ricos los pagaran. Pero son cada vez más difíciles de cobrar porque quienes tienen más medios tienen armas para eludir el pago.” Bajar los impuestos a los ricos es posible como él mismo afirmaba subiendo “unos dos puntos el IVA.” Un ejemplo de injusticia y engaño. Los impuestos indirectos como el IVA los paga obligatoriamente hasta el ciudadano más desfavorecido en todos los servicios y consumos.

 

Estas cuestiones se han convertido en caramelos electorales y cheques de parcheo que no van encaminadas a solucionar las necesidades reales sino a liquidar la responsabilidad del Estado. Aquí es donde se da el desencuentro entre la agenda política y la ciudadana. Las tres mayores preocupaciones de los españoles hoy son el desempleo, las dificultades económicas para llegar a final de mes y la vivienda. Esto es política social. La solución no es un cheque temporal de 210€, sino que los salarios mantengan poder adquisitivo y la vivienda sea objeto de medidas políticas y no de mercadeo. Son las consecuencias de no haber socializado el  crecimiento económico de la última década sino todo lo contrario: grandes desigualdades, exclusión social y desmantelamiento de las estructuras de servicios públicos. Sería oportuno debatir con el PP y PSOE que se alternaron en el gobierno sobre los beneficios de los grandes grupos empresariales que en España crecieron el triple que en el conjunto de la UE pero no así la inversión productiva. La flexibilidad no ha sido más que discrecionalidad empresarial tolerada y se ha convertido en un factor de estrés para la población que soporta un alto grado de precariedad laboral. Ahora las pérdidas nos van a golpear socialmente. Para los de abajo la inflación será punzante. Es la progresividad al revés. En el 2008 los mayores sin posibilidad de retorno al mercado laboral tendrán que subsistir con 413,50€ euros al mes, aunque peor lo tendrán los pensionistas con pensiones no contributivas de 334,82€. Con una  subida del 3,5% y del 5% respectivamente, preguntémonos cómo van a encajar la espectacular subida de alimentos de primera necesidad como la leche que ha subido un 29%, el pan 14,1%, la carne de ave 11%, los huevos 10%, el cordero 7,5% y hasta el conejo, después del consejo del Ministro Solbes, un 10%.

 

El debate entre la izquierda y la derecha no es una cuestión de más o de menos, sino de reparto. Izquierda Unida como referente político en el Estado de la izquierda social debe buscar por todos los medios un debate público abierto sobre las cuestiones básicas que preocupan a la ciudadanía. Hay que ir  a por el debate que la derecha rehuye y la trastienda del poder quiere evitar. La alternancia en el poder históricamente ha limitado el impulso político en este país. El ejemplo vivo lo tenemos en Navarra donde ese mal empeorado ha propiciado la asociación del PSOE con PP para anular, una y otra vez, la voluntad de cambio político y la posibilidad de transformaciones sociales en este Reyno donde el PSN, no el socialismo navarro, entregó en bandeja el gobierno a UPN. Es necesario abrir espacios públicos de debate para evidenciar el abanico de posibilidades y  propuestas. Esto sería sano para la democracia y útil para la gente que tiene que sentirse reconocida como sujeto de la política y ver en las elecciones la oportunidad de avanzar en los intereses colectivos.

 

Con independencia de las facilidades, impedimentos o zancadillas, IU debe intentar dignificar la política y darle sentido social. El próximo gobierno debe poner la economía al servicio de la ciudadanía y no al revés. Hay que poner encima de la mesa muchos más temas como la defensa de los derechos civiles y de nuestro Estado reducido a su mínima expresión. Qué se esconde tras el adelgazamiento del sector público, la liquidación de la sociedad democrática y la privatización de la educación, la sanidad, la vivienda y la atención de las personas con vulnerabilidad. Es ineludible crear espacios comunes de convivencia  y hacer posible el consenso sobre un nuevo modelo de organización política que compatibilice el autogobierno de lo propio con el gobierno de lo común. Evidentemente aquí tendremos que hablar de ese Estado laico, aconfesional que respete las convicciones religiosas desde la libertad, el pluralismo y sin privilegios. Habrá que profundizar en el marco constitucional que no es un tótem y debe evolucionar para adecuarse a la sociedad plural del siglo XXI. Estas son algunas pinceladas para ese debate abierto que además de evidenciar esquemas fallidos, debe apuntar propuestas de otros modelos de equilibrio que den a nuestra historia un nuevo rumbo en términos de colaboración y de emancipación solidaria.

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