Opinión

La Izquierda necesaria

escrito por Isabel Arboniés – Ex parlamentaria de IUN/NEB lunes, 10 de diciembre de 2007

Después del fracaso de proyectos conservadores y políticas tibias plegadas a los grupos de presión, hay un debate abierto en Europa sobre la izquierda que ha llegado también a esta Tribuna. La necesidad de modernizar la izquierda va ligada a la necesidad de profundizar en la democracia.  Urge recuperar la política a servicio de los intereses ciudadanos, aunque es cierto que el concepto de ciudadanía y el espacio público autónomo donde se refleja,  se los ha tragado el interés económico. No hay apenas resistencia en las llamadas sociedades complejas, desideologizadas y con democracias restringidas a ritos formales. Las prisas y las muchas hipotecas que arrastramos no dejan espacio al pensamiento crítico ni a la defensa de lo colectivo. Se entiende lo fácil que ha sido el desmantelamiento el Estado de bienestar y del Estado de derecho. El poder económico ha corrompido y reducido al poder político, convirtiéndolo en chivo expiatorio de todos los males del sistema. Mientras todos cargan contra los corrompidos, los que corrompen siguen sujetando las riendas del poder, convencidos de que la sociedad civil está muy muerta.

 

Mucho se ha hablado sobre la crisis de la izquierda. Pero la crisis de la izquierda como la banalización de la democracia es un intento de desactivar las utopías como horizonte de transformaciones. Existe una crisis de mucha mayor envergadura y la arrastramos desde finales del siglo pasado, afectando de manera notoria al mundo occidental. Cada día son más los movimientos y las voces que abiertamente reclaman una revisión del sistema de valores y repensar la sostenibilidad del planeta en su conjunto. Los corderos empiezan a reaccionar pidiendo cambios y  preocupando a los poderes que pensaban que lo tenían todo controlado. La historia es testigo de largos periodos de crisis, guerras e ignorancia que han dado paso a tiempos posteriores de renovación y creatividad.  La izquierda, como actitud y como acción, está acostumbrada a buscar salidas en tiempos de declive. América Latina  es un ejemplo actual de la izquierda moderna, de su capacidad para asumir responsabilidades de gobierno con éxitos sociales y económicos en países de la envergadura de Brasil, donde ha logrado superar décadas de hegemonía de la derecha, de permanente abandono de las capas sociales desfavorecidas y no pocos desastres económicos y ecológicos.

 

El debate sobre la izquierda es un llamamiento que se repite en tiempos difíciles porque es sensible al sufrimiento humano y ha demostrado una permanente actitud de defensa de la fortaleza del Estado de derecho y sobre todo de defensa y protección pública de los más vulnerables. Estas han sido las señas de identidad de la izquierda democrática que vuelven a ser indiscutiblemente necesarias activar ante la complejidad de los retos a los que nos enfrentamos. Los proyectos políticos conservadores han sido incapaces de equilibrar el juego. Después de la caída del muro de Berlín se han levantado demasiados muros físicos, económicos y sociales. En este escenario, donde sólo se reconoce al que produce y consume, la izquierda es una apuesta necesaria como actitud personal, como ejercicio político y como revulsivo social para garantizar  los principios de igualdad y sostenibilidad.

 

Preguntaba Paco Roda ¿Por qué es tan difícil ser de izquierdas?  Es una posición sufrida. Le pasa lo mismo que a la verdad: es incomoda y mal recibida. En una sociedad como la nuestra, donde se da el fenómeno del quietismo que hablaba Paco, es más fácil convivir con las versiones edulcoradas y mentiras funcionales para ir parcheando sus averías. Afortunadamente parece que hemos tocado fondo y empezamos a coger impulso. Históricamente la izquierda ha sido una posición de lucha tenaz en las trincheras en las que nos jugábamos valores fundamentales como la libertad, la paz y la defensa de los más débiles. No dudó en poner en tela de juicio paradigmas como la raza, el sexo y el status social para lograr conquistas sociales y avanzar en los derechos civiles. Mucho habría que hablar de su papel en los movimientos de resistencia contra la tiranía y la imposición. En estas luchas ¿a quien ha tenido siempre obstaculizando el avance? A la derecha y a los poderes fácticos.

 

La izquierda vuelve a ser necesaria para desbloquear a sociedades complejas y apáticas como la nuestra. El rearme de la izquierda implica lucidez, capacidad de valoración de las posibilidades de los actuales escenarios y disposición a tender la mano para buscar nuevas fórmulas de equilibrio económico, político y social. En lo económico habrá que resolver el reto de la equidad en el reparto de beneficios, la deslocalización de la producción y la precariedad laboral. Para ello es clave recuperar y mantener la independencia del ejercicio político como instrumento de consenso, reactivar las instituciones como mecanismos de equilibrio y llamar al servicio de la política a personas íntegras para esta misión. En el escenario social la izquierda tiene que impulsar una transformación de fondo. Hay que recuperar la agenda ciudadana, la comunicación viva que genera confianza, recoger las expectativas a pie de calle, abrir espacios de convivencia, crear oportunidades de incorporación, incentivar la iniciativa social solidaria y reactivar la educación pública como palanca de cambio que prepare a futuros ciudadanos para la responsabilidad, la colaboración y la recomposición de vínculos y valores.

 

Hablamos evidentemente de una izquierda lúcida que puede y debe concretar propuestas de cambio con contenidos para Navarra y para el Estado desde el esfuerzo compartido. El PSOE en solitario ha descafeinado el socialismo con políticas económicas continuistas e iniciativas sociales de superficie y efecto mediático. Se ha encogido a la hora de cumplir promesas como la modificación de los acuerdos con el Vaticano, la regulación de la eutanasia y la despenalización del aborto. Ha demostrado escasa visión de Estado obstaculizando la formación de un gobierno de progreso en Navarra que era y es decisiva en la evolución hacia un Estado pluralista. Hace falta el apoyo a la izquierda para implicar al escenario político como impulso de otras transformaciones. Del peso específico de los votos a la izquierda nítida y lúcida dependerá que haya un cambio amplio con efecto regenerador en Navarra para desbancar al gobierno inconsistente pactado en la trastienda.

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