Opinión

Del estado del bienestar a las oportunidades de negocio

escrito por Isabel Arboniés, Ex-presidenta de ANASAPS y Ex-parlamentaria Foral de IUN-NEB viernes, 09 de noviembre de 2007

La transformación del concepto de bienestar social tiene sus raíces en la actitud antipúblico que ha generado el desmantelamiento institucional progresivo y la erosión  en los derechos sociales con  total sometimiento del poder político al poder económico. Navarra es un ejemplo clarísimo de esa actitud que lleva a la pérdida del espacio público autónomo y del poder ciudadano. Los servicios sociales actuales son el prototipo del desmantelamiento del sector público en Navarra con el traspaso al mercado de decenas de miles de ciudadanos con diferentes tipos de dependencia y vulnerabilidad. La  Asociación de la Industria Navarra (AIN) en las Jornadas denominadas: Ley de Dependencia y Ley Foral de Servicios Sociales. Oportunidades de Negocio, definía a estos sectores como  un “gran nicho de mercado, no suficientemente atendido que presenta oportunidades interesantes.. Son sectores propicios para lo que denominaba “proyectos/negocio con menor riesgo que se verán favorecidos por las políticas industriales, de bienestar social, salud, educación...”. Las garantías para las personas dependientes han quedado difusas en el entramado de razonamientos teóricos / técnicos y diluidas las responsabilidades exigibles. El papel de la Administración es intermediario, económico, para cubrir el expediente de cara a la ciudadanía que cada cuatro años participa en unas elecciones cuya utilidad en Navarra está en suspenso.

 

Navarra ha contado con una situación privilegiada en relación a otras CCAA en cuanto a recursos propios públicos y de iniciativa social, además de un contexto socioeconómico y territorial propicio para haber modernizado, adecuado y ampliado una red integrada de servicios sociales y sanitarios con suficientes garantías de protección para las personas vulnerables. A pesar de ello, en los últimos quince años se ha articulado el declive político, organizativo y económico del Departamento de Bienestar Social. Existen diferentes testimonios y acalorados debates. Los testimonios más fríos están en los sucesivos Informes de la Cámara de Comptos a petición del Parlamento de Navarra. El último sobre la gestión del Departamento entre los años 2002 y 2005 sentó muy mal a UPN y derivó en un ataque sin precedentes a nuestra antiquísima Institución. Este Informe contiene  cifras y aspectos que desmienten su publicidad: el porcentaje de gasto corriente destinado a personas dependientes en el 2005 alcanzó el 0,48%, muy lejos del 3% europeo; el aumento del  PIB navarro no se ha traspasado a la protección social de la dependencia, sino todo lo contrario, existe una reducción del 14% entre el 2002 y el 2005 y un desfase porcentual con relación a los Presupuestos Generales de Navarra de 5% menos en el aumento del gasto corriente en Bienestar Social.  Hablando claramente: a mayor bonanza económica se constata una notoria regresión en el gasto social.

 

Al mismo tiempo que el Departamento de Bienestar Social decrecía en términos económicos se le utilizaba como cajón de sastre para colectivos desplazados desde Salud y Educación: personas con trastornos mentales graves, daño cerebral y otras enfermedades crónicas o el tramo educativo de 0-3 años. Un traspaso provisional destinado a empresas mercantiles convertidas hoy en multinacionales que gestionan a la vez diversos sectores como: discapacidades, enfermedades mentales, mediación familiar, guarderías y atención a la mujer. Parte de la banca ha convertido a estos colectivos en su mejor reclamo publicitario y de captación de clientes. Hemos retrocedido hacia el perfil asistencial del siglo XIX, sustituyendo la caridad por el co-pago que ha logrado el milagro de acabar con la contención de recursos por sucesivos Gobiernos de Navarra y sacar plazas en Escuelas Infantiles y  Centros de Día para personas con trastornos mentales graves, cuya situación fue calificada por la Defensora del Pueblo como de alarma social.

 

El mercado de servicios sociales empezó a expandirse con las residencias privadas para la tercera edad que fueron construidas con fondos de Bienestar Social. El resultado ha sido el encarecimiento de las plazas en las privadas con ánimo de lucro sobre las que no lo son, la exigencia de mayor aportación del residente, plantillas de trabajadores más reducidas que cobran en media un 44% menos que en los centros de gestión pública, trabajando más horas y en peores condiciones, cuestiones que tienen necesariamente una traslación en el cuidado directo de los dependientes. De las posibilidades de golosos negocios con dinero público a las señales y sospechas de corruptelas fue un paso que alcanzó a diferentes programas y entidades. Los rotos y descosidos de los modernizadores de la derecha reventaron en cascada en la última Legislatura con sucesivos escándalos políticos centrados en el Departamento de Bienestar Social que ha conocido en cuatro años tres Consejeros y tres cambios de Dirección General. Qué decir del pobre Instituto Navarro de Bienestar Social cuya muerte era una crónica anunciada con tres Directores Gerentes,  tres Subdirectores de Atención a la Dependencia y que para mayor bochorno llegó incluso a  ser asaltado. No es de extrañar que el INBS haya sido sustituido por una agencia, que el tramo 0-3 años lo gestione un consorcio, que la Dirección de Familia e Infancia se una al Consumo y se entiende que el Consejero Álvarez de Miranda se sincere con Diario de Noticias y afirme que en Navarra “la sociedad civil está muy muerta”.

 

Vivimos tiempos de decadencia política y social. En Navarra se ha acumulado el moho de años de oscurantismo y clientelismo en manos de una derecha apoyada por las cúpulas socialistas, aún  en contra de la voluntad de cambio de sus militantes y de la mayoría del electorado. Nuestros sillones institucionales se han convertido en cobijo de garrapatas y murciélagos. Este escenario hay que sanearlo. Es imprescindible cambiarlo, que la ciudadanía recupere su representación política que le da derecho a un gobierno de consenso, al equilibrio democrático y a la rigurosa administración de sus intereses. Hay que retomar la agenda ciudadana y transformar Leyes como la de Atención a la Dependencia o la Ley Foral de Servicios Sociales, en verdaderas oportunidades para el bienestar social de la población, redistribuir la renta, incorporar a los colectivos fuera del sistema, potenciar la solidaridad social y el papel de nuestras entidades sin ánimo de lucro. El verdadero bienestar social en Navarra será posible si se libera al ciudadano y ciudadana de la hipoteca del mercado, si  existe un espacio público autónomo y  reconvertimos los vínculos utilitaristas en vínculos humanos y sociales. Para ello se necesita el coraje de asumir  responsabilidades políticas.

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