Opinión

La ciudad que queremos

escrito por Idoia Saralegui miércoles, 31 de octubre de 2007

Somos muchas las personas que estamos cansados de vivir en Barcinópolis; que pensamos que otra Pamplona es posible.

 

Las elecciones municipales del 27 de mayo fueron complejas. La izquierda bajó hasta tal punto que la izquierda alternativa no tiene hoy voz en el Ayuntamiento de Pamplona. El nacionalismo subió de forma importante. Barcina perdió a su fiel escudero y despertó de su mayoría absoluta. A pesar de eso, aun continúa gobernando en Pamplona. Y somos muchos los que estamos convencidos de que esto demuestra que se perdió una gran oportunidad; que no se ha respondido a lo que la gente de Pamplona, mayoritariamente, expresó con su voto. Los deseos de cambio quedaron sepultados bajo otros intereses que la inmensa mayoría no hemos podido entender ni compartir. Si hoy se celebraran de nuevo elecciones, se produciría una composición muy diferente del actual Ayuntamiento.

 

Porque no se trata de cambiar a las personas, que en este caso también, sino de cambiar las formas de hacer política. De mejorar la calidad de vida de todos los vecinos y vecinas de Pamplona; los hombres y las mujeres, los de derechas, los de izquierdas, los nacionalistas vascos, los navarristas, los internacionalistas, los creyentes de cualquier religión y los que no lo son, los homosexuales, los heterosexuales, los jóvenes, los niños, los trabajadores, los empresarios y quienes cobran la renta básica. De todos, sin exclusiones. Porque de diferenciar a la ciudadanía, la derecha sabe mucho. Todo el tiempo clasificándonos en buenos y malos navarros, en amigos y enemigos, en los nuestros y los otros... Eso crea unas fracturas en nuestra sociedad que luego son muy difíciles de volver a enmasetar. Porque no es lo mismo provocar crispación y divisiones que favorecer la convivencia y la pluralidad, como hubiera simbolizado el frustrado Monumento a la Reconciliación si un gobierno municipal de cambio hubiera podido utilizar ese nombre en vez del Monumento a los Caídos de UPN.

 

Por eso, somos muchas y muchos los que apostábamos porque el cambio era posible. Un cambio que nos llevara a tener menos fotos oficiales de la alcaldesa y de su equipo y más atención a cada barrio, a cada calle, a cada acera y cada vecino y vecina de Pamplona. Hubiéramos podido tener una ciudad con futuro y con oportunidades para todas y todos.

 

Porque la ciudad con que muchas y muchos soñamos y que UPN no ha sabido crear, presumiría de participación ciudadana. Mientras UPN cree en el despotismo ilustrado -aquello de todo para el pueblo, pero sin el pueblo-, esa otra Pamplona posible hubiera utilizado las Iniciativas Legislativas Populares, Consejos de barrio y total transparencia municipal. Hubiera apoyado a las asociaciones vecinales, culturales y sociales que dan vida a la ciudad, que generan actividad, espacios festivos e incluso apoyo a la integración de las personas. No hubiera habido un debate sobre la subvención municipal a San Fermín Chiquito, porque se habría trabajado con los organizadores desde el primer día; los Presupuestos Participativos serían una realidad en nuestra ciudad desde hace tiempo.

 

El cambio hubiera apostado por las viviendas de protección oficial, por sacar al mercado las viviendas vacías. Habría dinero para hacer del acceso a la vivienda un derecho ciudadano y no una oportunidad para la especulación.

 

Se hubiera comprometido firmemente con la apertura de plazas para las niñas y niños de 0 a 3 años de nuestra ciudad en una escuela infantil municipal, porque a día de hoy, más del sesenta y cinco por ciento de ellos no pueden acceder a una plaza pública, lo cual no solo dificulta su desarrollo educativo, sino también la conciliación de la vida familiar y laboral de sus padres y madres, especialmente los de las rentas más bajas.

 

Tenemos que feminizar la ciudad, que es algo más que tener a mujeres en primera fila (que también). Con tolerancia cero frente a la violencia de género, regulando los horarios de la vida cotidiana y apoyando la consecución de la igualdad en todas las esferas. Y eso es evidente que UPN no lo está consiguiendo; ha tenido ocho años para hacerlo, y no lo ha hecho.

 

La ciudad con la que muchos soñamos debe tener un claro compromiso con el medioambiente y, por supuesto, apostar por los traslados no contaminantes (a pie, en bicicleta o en transporte público incentivado). El tamaño de Pamplona nos permite priorizar al peatón y dotar de herramientas y contenido el Museo de Medioambiente de nuestra ciudad. Lo que no hubiera hecho nunca es talar cientos de árboles, como ha hecho el equipo Barcina, ni llenar el subsuelo de la ciudad de aparcamientos subterráneos sin planificar la demanda existente.

 

En definitiva, todos sabemos que la ciudad que queremos está todavía lejos de ser una realidad. Pero, a pesar de eso, muchas y muchos de nosotros votamos cambio el pasado 27 de mayo. Y por eso también seguimos siendo muchos los que continuaremos creyendo en ese cambio que ahora, además de posible, resulta más necesario que nunca. Porque el cambio es imparable, por más que lo nieguen tácticas electoralistas de algunos partidos. Y ese cambio solo será posible si es de izquierdas y es plural.

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