Opinión

Cuestión de Oportunidad

escrito por Miguel Izu jueves, 25 de octubre de 2007

No me gusta la propuesta formulada por Ibarretxe, en particular el anuncio a fecha fija de una consulta popular, aunque no por los mismos motivos que se están esgrimiendo en abundancia estos días. El mayor problema no es el de legalidad. Por supuesto que Ibarretxe carece de competencias para convocar las consultas que anuncia; que tampoco el Parlamento vasco puede autorizarlas; y ni siquiera Rodríguez Zapatero es competente para concluir el pacto político que le ofrece (o le exige) el lehendakari. La crítica que se le hace en este sentido es fundamentada. Ahora bien, es cierta igualmente la réplica: si hubiera voluntad de abordar el fondo de la propuesta, los obstáculos legales se podrían resolver cambiando las leyes. Cuántas iniciativas políticas no requieren antes o después un cambio legal o incluso constitucional.

 

Tampoco creo que el problema sea la persistencia o no de la violencia de ETA. La organización terrorista no debe condicionar el calendario político, y con ETA presente en el País Vasco desde 1976 se ha ido a votar en cinco referendos y en veintiocho elecciones (generales, autonómicas, locales, europeas). Decir ahora que no hay libertad entre los electores vascos como para que acudan a votar es poco serio.

 

La cuestión es que esta segunda parte del Plan Ibarretxe es inoportuna y sobre todo es irrealizable. Es inoportuno lanzar públicamente una propuesta de negociación y pacto poniendo unos plazos sin contar con la otra parte; es inoportuno poner fecha a la consulta cuando ni el contenido ni la convocatoria de la consulta está en la propia mano; es inoportuno querer empezar a negociar y anunciar ya las iniciativas que se van a tomar si la negociación fracasa (y más si, como han hecho algunos de los socios de gobierno de Ibarretxe, se empieza a llamar ya a la desobediencia civil). Todo ello no es formular una propuesta amigable de acuerdo sino lanzar un órdago, y en este caso además sin cartas. Cualquiera sabe que la vía del pacto se hace de otro modo. Se repite el error del fracasado nuevo Estatuto de Autonomía del País Vasco: se envía el proyecto a Madrid sin haber negociado antes entre bastidores, sin haber obtenido los apoyos suficientes para garantizar un proceso con éxito. Se reincide en lanzar un envite en tales condiciones que obliga al oponente a rechazarlo, para a continuación poder explotar el victimismo.

 

Un pacto político que asegure un nuevo estatus del País Vasco dentro de España que resulte confortable para todos, o al menos para la mayoría, exige primero un pacto dentro del País Vasco, un pacto transversal en el que sean protagonistas el PNV y el PSE y asegure su aprobación posterior en Madrid. En estos momentos en que parecía superado el frentismo nacionalistas/constitucionalistas la iniciativa de Ibarretxe no hace sino arrojar gasolina a las brasas.

 

Y viéndolo desde Navarra, la propuesta de Ibarretexe también resulta de lo más inapropiada. Pese a que este verano se ha perdido una oportunidad de oro en algún momento habrá que hacer posible que la política navarra deje de pivotar sobre el enfrentamiento de identidades, a menudo tan artificioso y tan interesado. Habrá que hacer no sólo posible sino normal un gobierno donde quepan fuerzas políticas que representen identidades y sensibilidades distintas, incluso proyectos institucionales distintos. Porque una democracia donde no quepa la alternativa y la alternancia es una democracia de dudosa calidad; una democracia donde siempre mandan los mismos en nombre de sagrados principios que no se pueden poner en discusión no es tal. Y una sociedad fracturada donde no se haga posible la convivencia y participación de los diversos grupos sociales no puede aspirar tampoco a cultivar una democracia aceptable.

 

La coalición que ha reunido a la mayoría del nacionalismo vasco en Navarra, Nafarroa Bai, ha anunciado que quiere trabajar en esa dirección, apostando por trascender sus orígenes como formación nacionalista y avanzando hacia la transversalidad y la pluralidad identitaria. Muy malamente va a conseguir credibilidad si desde algunos partidos que la integran se hacen proclamas a favor del soberanismo y en contra de la transversalidad, si la práctica real no es de diálogo sino de confrontación. El nacionalismo vasco debería superar el vicio de proclamar una cosa en el País Vasco y la contraria en Navarra. Aquí, respeto por la minoría; allí, imposición de la mayoría. Aquí, transversalidad, allí, no se sabe qué. Vicio en el que también incurre el autodenominado “constitucionalismo” en el que se ubican UPN y PP, que tanto han predicado respeto a la minoría no nacionalista en el País Vasco y hegemonía de la mayoría no nacionalista en Navarra, incluyendo la marginación política de los nacionalistas vascos.

 

Me temo que propuestas como las de Ibarretxe no aportan ni soluciones ni claridad en el debate, sólo argumentos para la estéril guerra de identidades, de banderas y de vísceras a la que tanto estamos acostumbrados.

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