Opinión |
Tiempo de esperanza, también en política
Antonio Machado, "Juan de Mairena"
Durante los próximos meses, la vida política en Navarra va a venir marcada por dos ejes de especial trascendencia: la evolución del llamado proceso de paz y la conclusión de la actual legislatura. No obstante ambos asuntos no deben mezclarse entre si. Juntos pero no revueltos.
Un proceso de paz, con la necesaria convivencia y reconciliación, debe abordarse con prudencia, con cautela, sin prisas y sin pausas. Tan malo es correr como quedarse parado. Por ello, el próximo periodo electoral no debe ser utilizado como coartada para dilatar o demorar el proceso.
La tarea de las fuerzas políticas debe ser la discreción e intentar gestionar de la mejor manera posible los “altibajos” que se avecinan, siendo conscientes de que existen muchas situaciones de riesgo o estancamiento. Lo importante, sin embargo, es constatar que el anuncio de alto el fuego de ETA no tiene marcha atrás.
Por otro lado, también opino que la sociedad navarra tiene los suficientes recursos para lograr una convivencia normalizada, tender puentes en su seno, buscar entendimientos y superar las dificultades que intentan imponer los extremos. Así pues, la constitución de un foro de dialogo en Navarra, con la participación de todas las expresiones políticas, es un buen cauce para dar una oportunidad a la palabra y lograr unos mínimos fundamentos comunes.
Se pueden defender todos los modelos posibles, eso sí, sobre la premisa de razonar, oír, pensar. Recordemos junto con Maria Zambrano que “la democracia es la unidad de la multiplicidad, del reconocimiento, por tanto, de todas las diversidades, de todas las diferencias de situación”.
Así pues, la esperanza puede estar en el modelo de sociedad que propone Izquierda Unida, que lleva años manifestando su más absoluto rechazo a la violencia terrorista y exigiendo la desaparición de ETA, pero que también se opone políticamente a los signos de involución democrática y perdida de libertades.
En cuanto a la situación de las victimas del terrorismo, el arrope y el reconocimiento social cobra ahora mas sentido que nunca. Esto constituye una actitud de justicia elemental hacia ellas, evitando el olvido de aquellas personas que representan el testimonio de sus irreparables consecuencias.
En este punto, también es preciso recordar que las victimas, en su mayoría, continúan siendo anónimas. Unas porque así lo han decidido, y otras porque no se sienten representadas por las asociaciones actualmente existentes.
Pero mas allá de que la paz y la reconciliación puedan ser una realidad en nuestra sociedad, desde Izquierda Unida tenemos una tercera razón para la esperanza, que seguramente otras fuerzas políticas han dejado aparcado: esperamos que se abra una nueva etapa para la justicia social.
Es necesario trabajar para que el eje izquierda-derecha recupere protagonismo. Lo nacional o identitario, desde el punto de vista de la izquierda, no puede eliminar lo político e ideológico. En Navarra hay reivindicaciones políticas sin resolver; es verdad, pero también hay reivindicaciones sociales, que han quedado solapadas por las anteriores durante mucho tiempo.
Por todo ello, a escasos meses de la disolución del Parlamento de Navarra y posterior convocatoria de elecciones, la izquierda no puede permitir que estos temas queden relegados a un segundo plano. Es urgente sacar a la luz las contradicciones sociales existentes en Navarra.
Es necesario un cambio en el modelo presupuestario, para poner los recursos públicos al servicio de la convergencia social. Un cambio en el régimen fiscal, para subir los impuestos a los que mas ganan y bajárselos a la mayoría. Un cambio respecto a la política industrial, para situar a Navarra en una posición sólida frente a amenazas deslocalizadoras. También hace falta un cambio en la política económica, para no vender barato y mal empresas punteras y estratégicas.
Navarra tiene un Gobierno que ya dura demasiado y un presidente que ya no es líder de nada, sino un símbolo decadente de un tiempo pasado y cuyas circunstancias políticas le incapacitan para cumplir otra función que no sea la de ser un doble tapón, tapón del cambio político y del desmembramiento interno de su partido.
Afortunadamente, hoy en Navarra existe una autentica pulsión de cambio, hay un deseo intenso. Estamos en un clima de opinión que atraviesa fronteras partidarias, la idea de que Navarra precisa un cambio es prácticamente un axioma social, un valor aceptado comúnmente por la inmensa mayoría de la gente.
Y lo que se espera es mucho, porque los momentos de cambio soy también momentos de esperanza y de ilusión colectiva. La sociedad navarra exige cada vez con mas rotundidad la superación de esta crispada etapa. Por eso, ahora se hace imprescindible que los diferentes agentes políticos estemos a la altura de dicha exigencia.
Desde Izquierda Unida hablamos claro y no ocultamos a nadie nuestras intenciones: somos la fuerza necesaria para hacer posible un gobierno de izquierdas, la fuerza imprescindible para que en Navarra se hagan políticas de izquierdas. Y esto pasa, inexorablemente, por mandar a UPN a la oposición.
Los votantes tienen derecho a saber que es lo que se va a hacer con su voto. La indefinición en las alianzas es pedir un cheque en blanco al electorado para poder decidir el reparto de poder en función de intereses partidarios, y no de los compromisos programáticos.
Por eso, es preocupante que otros sectores, como la dirección del PSN, todavía se mantenga en la ambigüedad política. Desafortunadamente, la consecuencia de esta estrategia se esta dejando notar; ya no es que pierda votos por la izquierda sino que no los gana por el centro.
Sin animo de dar lecciones, parece que la mejor formula para atraer al electorado moderado y desengañado con UPN, no es precisamente haciendo guiños a un posible gobierno con dicho partido. Este electorado puede pensar que para que nada cambie mejor nos quedamos como estamos.
En la situación actual el PSN está obligado a responder a esta necesidad social y política de cara a fortalecer la presencia de la izquierda, el cambio político y la posición del dialogo. Mientras tanto, Izquierda Unida seguirá caminando y mostrando su apuesta por implicarse en este proceso. No somos los únicos; cada vez surgen mas voces que hacen esta misma apuesta, que comparten la necesidad de fortalecer el dialogo, el cambio político y la suma desde la izquierda.
Para finalizar, unas líneas respecto a las dos vertientes del nacionalismo vasco. A la llamada izquierda abertzale le corresponde mostrar su apuesta sincera por las vías exclusivamente democráticas y convencer a sus militantes y simpatizantes de la necesidad de avanzar hacia dicha etapa. Asimismo, es momento que apelen a la política, no a los sentimientos, por íntimos y respetables que éstos sean.
A la nueva coalición electoral, le toca intentar superar el déficit político que acarrea ser una suma de partidos tan diferentes dentro de la lógica izquierda-derecha. Ojalá que las posiciones progresistas adquieran protagonismo ante los sectores conservadores y democristianos.
Efectivamente, este curso político va a ser apasionante. Con retos complicados pero con una gran dosis de esperanza, ya que se vislumbra una oportunidad para, por un lado, zanjar definitivamente el problema de la violencia y, por otro, trabajar para hacer realidad un cambio político. En estas luchas y en muchas otras, IUN-NEB actuará con humildad, pero sabedora de que representa una parte muy amplia de la izquierda navarra.
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