Opinión |
La alternativa a la derecha es la izquierda
Uno de los aspectos que más me preocupan estos días es el desinterés que muestra la izquierda social sobre la actualidad política. A los datos me remito. En el referéndum sobre el Estatuto de Cataluña, los barrios y ciudades obreras de mayor tradición de izquierda han mostrado las más altas cifras de abstención. La participación ha sido mayor en zonas tradicionalmente nacionalistas y en barrios barceloneses de la derecha. Asimismo, en el último estudio encargado por el Parlamento de Navarra, el electorado de IU, junto con el del PSOE, era el menos interesado por la política. Hace cinco años, los más interesados por la política eran los votantes de IU. Eran otros tiempos, los tiempos de las movilizaciones en Contra de la Guerra de Irak; hoy son los tiempos de la Disposición Transitoria, y de la territorialización de los conflictos o de los conflictos territoriales.
Las razones que explican esta inhibición en la actual coyuntura política por parte de la izquierda social cabe explicarlas en que su interés es otro. No les mueve prioritariamente los asuntos idenditarios, los asuntos territoriales. No les pone Navarra o Euskadi.
Su norte no es la defensa de la cualquiera que ésta sea; su norte es la defensa de las personas. Lo importante, para ellos, no es territorializar derechos sino universalizarlos. Unos derechos que son algo más que condiciones de vida, van más allá de lo propiamente material o sindical. Cometeríamos un error si sólo nos blindáramos en lo más tradicional de la izquierda. Surgen nuevos intereses desde una nueva izquierda: pacificación, medio ambiente, derechos civiles, globalización...
Que la Agenda de Estado (Estatutos, Identidad...) no parece ser la principal ruta para una parte de la izquierda es algo que asumo. Sin embargo, Agustín de Hippona decía que nada de lo que me es humano me es ajeno. Por lo tanto, no nos podemos desentender de la Agenda de Estado que está marcando con fuerza la actualidad política. Pero, situando en el centro de las propuestas al ciudadano. Hay que ser capaz de dar repuesta a la siguiente pregunta: ¿ Cómo queremos que el ciudadano/a se organice políticamente? Nuestra respuesta debe ser que el ciudadano se organice de forma republicana, federal y laicamente.
Esta inhibición política debe tenerse en cuenta en las próximas elecciones forales y municipales. No podemos permanecer impasible ante la bipolaridad del eje nacionalista navarro, por un lado y del eje nacionalista vasco, por otro. Una polarización que nos pinza. Ambos espacios se retro-alimentan. Unos, se acuerdan del tradicional cuento y gritan que viene el lobo, intentando meter a todas las gallinas en su corral. Los otros, siguiendo el cuento de la lechera hacen sus cuentas soñando con prosperar y prosperar hasta límites desconocidos. Ante esto, no podemos permanecer viéndolas venir.
Por todo ello, los agentes que representan a la izquierda social deben percatarse de ese pasotismo y deben darse cuenta que la agenda que los otros le ponen no es la suya, ni la que les conviene. Deben intentar jugar en su terreno e intentar movilizar a su electorado, que lo tiene y abundante. En las elecciones del 96, los votos del PSOE y de IU supusieron más de 140.000. Soy consciente de que el comportamiento electoral es diferente según los comicios, pero esos navarros y navarras siguen estando ahí.
Existe otro dato revelador en el estudio encargado por el legislativo. Por vez primera, los navarros y navarras empiezan a mostrarse preocupados por su sistema sanitario, educativo y de bienestar social. Se acabó el orgullo de los navarros sobre su sistema público de provisión de servicios. Empieza a haber déficits sociales y empiezan a ser percibidos. He aquí todo un eje de propuestas políticas a desarrollar.
Termino, si una parte de la izquierda social de Navarra percibe que la alternativa a la derecha navarrista es el nacionalismo vasco, por muy progresista que éste sea, se abstendrá de acudir a votar y de participar en el cambio. Muchos ciudadanos y ciudadanas de izquierdas aspiramos a un gobierno de izquierdas desde una concepción plural. Pero también debemos aprender de los errores ajenos, de las elecciones anticipadas que el tripartito catalán ha tenido que convocar, entre otras cosas.
Debemos dar garantías a esos ciudadanos y ciudadanos que lo que nos mueve y lo que nos moverá en un próximo gobierno son las cuestiones sociales dentro de un marco abierto y globalizado. Nuestra alternativa a la derecha debe ser la izquierda, no el nacionalismo. Ésta debe ser la principal propuesta, después el gobierno que resulte lo será fruto de la voluntad de los ciudadanos y de la necesaria política de alianzas sobre lo común y de la responsabilidad que cada uno asuma. Sin apriorismos.
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