Opinión |
La huella de VW
viernes, 02 de junio de 2006
El conflicto laboral de Volkswagen (VW), de momento, ha quedado en tablas. Pero no es mi intención entrar en lecturas sindicales, doctores tiene la iglesia. Me interesa enfocar el asunto en clave política. La primera de ellas, quizás la más pintoresca, es el papelón del Gobierno de Navarra. Ha metido la pata. Con gran complicidad, incluso simpatía política, Sanz y Erro (el director de la fábrica, no mi jefe) han actuado codo con codo. Las declaraciones de Sanz durante todo el conflicto buscaban hacer sucumbir las posiciones sindicales hasta que llegó un momento en que tuvo que callarse. Y se calló porque se dio cuenta, tarde, de que se le veía el plumero. El Gobierno, ante el conflicto laboral, ha preferido ponerse del lado de la dirección de la fábrica, dejando al descubierto a los trabajadores. En los momentos conflictivos, es cuando las posiciones se decantan y en este caso, UPN, una vez más, no se ha decantado por los trabajadores. Por partidismo, llegó incluso a rechazar la ayuda del Gobierno de España para coadyuvar a solucionar el conflicto.
Pero la lectura política más profunda es que el conflicto VW ha puesto en evidencia nuestra debilidad industrial. Navarra es un país con unas altas cotas de empleo industrial, con niveles semejantes al pleno empleo, que necesita de mano de obra importada para la creación de riqueza. Sin embargo, en gran medida, se concentra en el sector del automóvil y a su vez, en un solo centro de producción (VW) cuyo capital es alemán. Como se suele decir, cuando VW estornuda todo el mundo se constipa. Y esto es lo que ha pasado, que nos hemos constipado. Hemos dejado al descubierto nuestras vergüenzas, hemos visto cuánto de debilidad tenemos.
Una decisión, por parte de la multinacional, sobre nuestra planta supone una grave crisis industrial en nuestra economía. Navarra no es que no esté en venta, es que está vendida hace tiempo. Por muchas Medallas de Oro que les concedamos a las multinacionales, éstas no nos lo agradecerán. Dejarán la medalla en la vitrina de su Salón Institucional y seguirán haciendo cuentas sobre el sitio más barato para producir. Son los tiempos de una globalización desigual en derechos sociales. Otras veces, las medallas en vez de darlas se las pone el Gobierno. Cada vez que se anuncia una nueva inversión por parte de alguna empresa, el Gobierno corre raudo y veloz a sumarse a la victoria, como si la decisión hubiese sido por ellos.
La debilidad de nuestro tejido industrial basado en el monocultivo del automóvil sólo puede ser salvada a medio y largo plazo construyendo una estrategia de diversificación industrial, no poniendo todos los huevos en la misma cesta del automóvil. Por eso, la decisión de privatizar nuestra joya de la corona pública industrial, EHN ha sido una auténtica aberración. Desinvertir en el sector energético cuando este está en pleno auge dada la carestía del petróleo es uno de los grandes errores de este gobierno. Este sector con futuro hubiese sido una alternativa estratégica y diversificada al automóvil y además desde el control y participación pública.
En definitiva, el conflicto de VW más allá de haber abierto una herida nos ha dejado una huella. Una huella profunda en nuestro imaginario colectivo. Nos ha dejado la huella de que no somos tan fuertes como algunos patriotas nos quieren hacer ver. Que tenemos debilidades e inseguridades que debemos reconocer, para superarlas. Algunos consideran que los navarros y navarras tenemos muchas incertidumbres sobre nuestro el futuro como pueblo dado el contexto de alto el fuego. Sin embargo, las certeras incertidumbres sobre Navarra no están en lo que nosotros decidamos sino en lo que otros, las multinacionales, decidan por nosotros. La globalizada economía sólo puede ser compensada con la globalización federal de la política y del sindicalismo, mientras apostemos, desde Navarra, por un papel público activo.
Finalizo, el conflicto vivido durante año y medio en VW nos debe servir para enfocar la prioridad política de Navarra. Una prioridad que no está en viejas leyendas, mitos o historias, sino en la creación de riqueza sostenible ecológicamente y socialmente repartida.
Los trabajadores navarros y la izquierda debemos asumir nuestra responsabilidad de clase. Debemos asumir nuestro compromiso propio y solidario con aquellos que sólo poseemos nuestra fuerza de trabajo para acceder a unas condiciones dignas de vida. Ese es el papel de la izquierda, papel que debemos potenciar.
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